Cuando desperté otra vez de un sueño pesado y profundo, lo hice desorientada porque imágenes inconexas saltaban todavía por mi mente, recordando aquellos eventos que viví de los cuales intentaba no pensar mucho para no agobiarme. Sentí el deslizamiento de una lágrima por mi sien hasta perderse en la raíz de mi cabello.
A medida que me hacía consciente de mi entorno, percibí que mi cuerpo se sentía frío al estar bañado en sudor, era una sensación desagradable porque mi piel se volvía pegajosa. Como pude, levanté mi cuerpo a pesar de mis músculos entumecidos, apoyé las palmas en el colchón y me senté con cuidado, arrugué el entrecejo de inmediato porque la cabeza comenzó a darme vueltas ligeramente.
Pero eso pasó a segundo plano cuando me percaté que no vestía mi camiseta desteñida que solía usar en casa y que las sábanas eran las más sedosas que tendría nunca en mi posesión.
Entonces el recuerdo más reciente me golpeó como un tren bala, expandí mis ojos por la impresión y verifiqué a mi alrededor asustada, recibiendo en mis retinas la misma imagen que vi antes de desmayarme, una habitación estilo victoriano que solía ver en las series históricas para inspiración de descripciones.
—¿Qué...? —murmuré involuntariamente y llevé mi mano a mi garganta. Era una voz muy diferente a la acostumbrada. A mi mente nuevamente apareció la apariencia que vi en el espejo antes de desmayarme.
«A ver, Mía, no entremos en pánico. Debe haber una explicación razonable. Seguramente debe ser un sueño».
Pero por más que repetía esas palabras en mi mente, al sentir el dolor en mi brazo por estar pellizcando la piel, cada vez parecía más real aquella situación surreal.
Aparté las sábanas y me senté en la orilla, colocando mis pies descalzos sobre una alfombra que cubría la mayor parte debajo de la cama. Apoyé mis palmas en el borde y me mantuve cabizbaja, haciendo ejercicios de respiración para que el temor no me nublara.
«Tranquila, Mía, respira profundamente, contén la respiración y cuenta; uno, dos, tres, cuatro, cinco, exhala lentamente, repite el proceso sin distraerte...»
Eso pareció funcionar porque mi corazón comenzó a latir de forma normal, las manos ya no me sudaban y el miedo no gobernaba mi sistema. Aún así, la tensión prevalecía. Mis ojos captaron el azul oscuro del edredón, luego levanté la vista pausadamente, recorriendo el mármol hasta llegar donde había visto el espejo de cuerpo completo.
«Según recuerdo, caí frente al espejo, así que no sé cómo terminé en la cama... No, eso no es lo importante».
—¿Tal vez exageré en la inspiración..? —susurré casi inaudible.
Probablemente mi mente todavía no se bajaba de la historia y por eso me estaba creando escenarios de la época. Sólo que esta vez se lució hasta lograr uno lúcido otra vez.
«Además, no es como si de pronto viviera una transmigración como esas novelas que se volvieron famosas en el último tiempo... ¿verdad?»
Casi quise reírme por ese pensamiento tonto, incluso debía descartalo de solo imaginar esa posibilidad, pero mientras más observaba lo que me rodeaba; los muebles tallados que parecían tan detallados a la vista, el tapiz de las paredes y los colores vivos que incluso en mis anteriores sueños era dificil replicar.
Se me hacía complicado siquiera convencerme de lo contrario. Mi mente se dividía en dos opiniones ante la descabellada situación que estaba viviendo, porque podía contar con mis dedos las veces que obtuve uno de esos sueños tan comentados en las redes.
Pero la balanza se inclinaba a que tal vez mi entorno era real, porque el malestar que persistía en mi cuerpo también parecía querer colaborar con el hecho de que no era una mentira lo que estaba viviendo.
El sonido de una puerta abriéndose me distrajo, y llevé la vista rápidamente a ese lugar. Viendo entonces a una mujer que parecía joven y que vestía con ropa de criada, empujaba un carrito plateado en lo que entraba, pero cuando sus ojos se toparon con mi mirada, se detuvo completamente.
—¡Señorita! —vociferó impresionada, congelándose a unos pasos de la puerta, todavía no le había dado tiempo de cerrarla. Pero pronto reaccionó y una sonrisa iluminó su rostro—. ¡Ha despertado! Debo informar rápidamente a los señores.
—Espera... —intenté pronunciar, pero ya había salido de la habitación con paso apresurado, dejando atrás el carrito.
La tranquilidad que había conseguido se esfumó, siendo reemplazada por el pánico.
«¡No! No llames a nadie, estoy asustada, no quiero ver a nadie, ¡no sé qué es lo que está sucediendo!»
Mis brazos se volvieron temblorosos, mitad por mi creciente miedo y mitad por el malestar que ahora era consciente. Presioné en una línea mis labios para evitar que también temblaran, pero por el llanto que quería surgir en mí.
De algún modo comenzaba a sobrepasar mis límites todas las emociones que sentía.
«¡No pedí nada de esto! Por favor, quiero regresar a mi casa, ¡no he leído ninguna novela, ni me he quejado de algún personaje o de la trama, tampoco me morí y no tengo una vida desafortunada!»
Rogué a quién sea que escuchara, mientras lágrimas se deslizaban por mis mejillas. No entendía porqué me encontraba allí ni cómo sucedió, pero no me interesaba, solo quería regresar.
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Editado: 01.03.2026