—No necesitas ir, será un juicio rápido —murmuró en lo que llevaba un mechón de mi cabello detrás de mí oreja.
Su toque provocaba que mi corazón se acelerara a pesar de que no era un momento apropiado para esos sentimientos. Podía sentir su tacto en mi piel cuando deslizaba sus dedos a propósito.
Ladeé el rostro, dejándome llevar por esa caricia sutil, pero tierna. Sonreí suavemente y un sentimiento dulce me llenó.
—No te preocupes, Kyros. —Elevé la mano y la posé sobre su dorso al instante en que percibí que demoró en alejar su mano de mi oreja—. Estaré bien... Yo, quiero estar presente. Al final, soy parte también del porqué ella está allí.
Intenté no embriagarme por las sensaciones que comenzaban a aparecer por la cercanía de Kyros. Últimamente se hacía difícil controlarlos desde que ambos confesamos nuestros sentimientos mutuos. Alcé la mirada para detenerla en esos ojos rojos.
Su pupila estaba grande como si estuviera viendo algo que le gustaba mucho.
—Espero que no creas que es tu culpa —susurró en lo que acortó otro paso y su mano bajó lentamente hasta sujetar mi barbilla con sus dedos. Su pulgar presionó mis labios levemente.
—En absoluto. Esas son las consecuencias de sus acciones —dije firme—. Simplemente es una lástima que termináramos así. Selene... no parecía ser alguien así cuando la conocí por primera vez.
Parpadeé teniendo mis pensamientos concentrados en dos cosas, en lo que decía y en el tacto que mis labios rozaban con cada palabra. Realmente provocaba que la temperatura se elevara debido a la atmósfera, agregando que ambos estábamos en un espacio pequeño que encontramos en un lugar del tribunal para conversar sin oídos y ojos chismosos.
La habitación privada improvisada parecía que nos estaba cobrando factura.
Dio otro paso y ahora nuestros pechos se tocaron mínimamente.
—Selene fue corrompida por sus malos deseos, por eso terminó así.
Fruncí el ceño ante el recordatorio de aquello.
—Todavía sigo sin entender eso, ¿cómo es que ella fue corrompida? ¿Cómo obtuvo con...? —Pero la presión en mis labios se intensificó, interrumpiendo mis palabras.
—Solange. Eso no es lo importante. Para mí, lo principal ahora es saber que estés bien. Casi se sale con la suya si no hubiera llegado a tiempo.
Agrandé los ojos cuando Kyros juntó nuestras frentes y las narices se rozaron, lo vi cerrar los ojos, suspirando como si estuviera cansado. Alejó su pulgar para ahora darme caricias en la mejilla.
—Sé que te asusté, pero aún sigo creyendo que es importante saber aquello. Puede suceder lo mismo con otros clan y eso debemos evitarlo a toda costa.
Soltó una risita y tomó distancia un poco, mi corazón se disparó cuando se volvió a inclinar para depositar un suave y tímido beso muy cerca de la comisura del labio.
—Por eso lo vamos a cortar de raíz.
Mis cejas se alzaron por la impresión, entendí de inmediato a qué se refería.
—¿Ya sabes el veredicto?
Suspiró lánguidamente y se irguió, tomando ahora una distancia apropiada porque de lo contrario, ambos sabíamos que la provocación ganaría.
—Te lo diré de antemano para que no te tome de sorpresa. El Emperador decidió la ejecución.
Mordí mi labio inferior al escuchar la confirmación de mi sospecha. Pero fruncí el ceño cuando otra duda me asaltó.
—¿Qué pasará con su familia? ¿Serán exiliados?
Kyros negó suavemente.
—La familia Daft también será ejecutada. Tú lo sabes bien, Solange, cometieron traición al Imperio y se involucraron en...
Un sonido del exterior cortó lo que estaba diciendo. Ambos guardamos silencio de inmediato. Se escuchaban murmullos indescifrables, tuve la tentación de observar quiénes habían ingresado, pero sería muy arriesgado, además de que me verían con el Príncipe Heredero.
Kyros y yo nos miramos, no faltó decir algo para que tácitamente decidiéramos aguardar hasta que fuera seguro. En realidad eso me recordó dónde estábamos y cuánto tiempo llevábamos encerrados en ese espacio. Ya era hora de que nos fuéramos.
Fue entonces que sentí un toque en mi cintura, y luego la atracción hacia un pecho firme, lo observé sorprendida por sus acciones y tuvo el descaro de señalarme con su dedo índice sobre sus labios que guardara silencio.
¡Estaba jugando con fuego!
Pero lo peor era que no me desagradaba, había una sensación excitante de hacer esas cosas a escondidas.
Sonrió de una manera diferente, sus labios mostraban una ladina, como si supiera precisamente lo que estaba sintiendo. Lentamente bajó la cabeza cuando rodeó mi cintura con sus brazos. Comprendí lo que pasaría si lo dejaba continuar. Sus ojos pedían permiso, el cual concedí al momento en que cerré los ojos y esperé.
Esperé. Pero nunca llegó nada. Más bien, poco a poco las sensaciones que anteriormente sentía, empezaron a dispersarse hasta desaparecer. Abrí de nuevo los ojos y entonces vi un infinito espacio en blanco.
Estaba sola.
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Editado: 01.03.2026