—No vengas a hacerte la ingenua conmigo—exclamó señalándome con el dedo.
—Mejor hablemos en privado—propuse para no discutir frente a los niños, después de todo ellos tenían a Margaret como su figura materna y estaba aegura que su opinión desequilibrada de una u otra forma podría influir en los pequeños.
—Viniste aquí para meterte en mi matrimonio ¿Crees que mi marido va a fijarse en ti? Renuncia o te juró que te haré ir de aquí avergonzada de la peor manera.
—Está equivocada, solo vine a trabajar porque necesito ganar dinero, mi padre está enfermo... —intenté convencerla pero esa mujer estaba loca.
—Hay no, no quiero escucharte, esas historias de gente pobre y dolida las detesto—dijo caminando para salir de allí.
—Mamà a dónde vas—preguntó Santiago caminando tras ella.
—¡Te quedas allí! —exclamó enojada señalándome—tu padre le contrató una niñera ,ahora te quedas con ella, estoy estresada y no quiero enojarme contigo—agregó y el pequeño se quedó parado triste mirando a Margaret alejarse.
—Esta enojada pero ya se le pasará—dije acariciando su cabello, sus ojitos tiernos estaban a punto de llorar. Su hermanita se acercó y lo abrazó por la espalda con cariño, amaba ver como mis hijos se llevaban bien y se cuidaban entre sí.
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Margaret caminaba enojada por el jardín.
—¡Maldita! —gritó apretando su puño, ella no imaginaba que había alguien siguiéndola.
—Puedo ayudarte a aliviar esa ira—escucho una voz conocida que la hizo voltearse con rapidez.
—¿Qué mierda haces aquí? —preguntó entre dientes.
—Trabajo aquí señora, soy el chofer, aunque también puedo prestar otros servicios—respondió sonriendo, el chofer era joven, unos treinta años, apuesto, fuerte, llevaba un pulovert negro que marcaba sus músculos.
—No estoy jugando, sal de mi vista—continuó dando unos pasos.
—¿Y mi hijo? ¿Está durmiendo? —ella se volteó para pegarle una bofetada y él le sostuvo la mano.
—Cuidado, no soy César. Parece que quieres que vaya y hable con tu esposo...
—Vé y hazlo, te matará.
—No juegues conmigo Margaret.
— Fue solo una noche, una maldita noche de se, xo por qué demonios no lo olvidas y ya—exclamó entre dientes mirando hacia todos lados que nadie la escuchara.
—Porque tenemos un hijo. Pero claro como siempre estás con el bebé. Y además te extraño, quiero que nos volvamos a ver, sé que también me extrañas y que ese estúpido ni siquiera sabe complacerte bien o no te hubieras acostado conmigo.
—A ver, cómo te explico—dijo ella enojada—no le llegas a los talones a César y nunca lo harás. Fuiste solo una noche de borrachera, supéralo ya.
—Margaret, quiero que mañana nos volvamos a ver, solo tú y yo.
—¡No!
—Está bien, ahora mismo iré a decirle a César quien es el padre de ese bebé. —dijo volteándose y caminando—puede que piense que miento pero sembraré la duda en su cabeza y ya veremos que pasa cuando le haga una prueba de ADN a ese niño.
—August espera—exclamó ella sujetando su brazo.
—Mañana a las tres de la tarde te recojeré, dile a tu esposo que tienes un turno en la clínica o que vas a cenar con tus amigas o de compras—propuso.
—Tengo una reunión en la escuela de los niños, justo a esa hora, podemos vernos en otro momento.
—No linda lo siento, a partir de ahora las cosas se harán como yo diga. —afirmó August saliendo de allí mientras ella suspiró .