Rhea
Salgo para ver mejor eso que está llamándome tanto. Y solo de sentir el olor a humo sé a qué me enfrento.
El fuego consume poco a poco los árboles cerca de mi casa y pronto se hace con la hierba también.
No sé muy bien cómo, pero decido despojarme del miedo irracional a la oscuridad solo para correr unos cuantos metros y tropezarme y nada más y nada menos que caerme en la laguna que había estado contemplando durante toda la tarde con más fascinación que el miedo que siento ahora.
Sólo hay algo en mi mente.
¿En dónde está mi hermana? ¿En dónde?
Salgo del agua con el vestido empapado igual que el cabello que me cae sobre los hombros en desorden, pero no me detengo hasta que escucho un ruido de lo más espantoso: madera cayéndose.
No tengo idea de cómo, pero el fuego ha comenzado a alcanzar los árboles cercanos a mi hogar y en poco tiempo uno de ellos no tarda en desplomarse encima.
Pero por alguna razón, no me importa. Quiero saber dónde está Lyrielle. Quiero saber que no me voy a quedar sola.
Corro entre los robles sin mirar dónde piso, y doy gracias a que me puse las botas primero antes de dejar la comodidad de mi casa. Mi casa. En la que ya nunca más voy a dormir. Me deshago de esa idea, tengo que correr.
Corro, tanto que me duelen las piernas. Veo todos los árboles como réplicas, no tengo idea de a dónde voy. Pero sin importar cuánto grite, mi hermana no me responde.
Y reconozco ese escalofrío que me recorre, porque sólo una vez lo he sentido. Estoy sola. Completamente sola.
No porque haya decidido huir de la ciudad, esta vez no puedo volver a ningún lugar.
Luego de tantas vueltas quizá alrededor de mis mismos pasos en el bosque oscuro, finalmente doy con un lugar que no ha alcanzado el fuego. Un árbol enorme me ofrece sus raíces y es ahí donde pasaré la noche. Miro la luna, que sólo me observa y estoy segura de que con lástima. Me duele el corazón. Sólo quiero pensar que Lyrie me encontrará.
...
Apenas abro los ojos, siento deseos de dormirme otra vez. No quiero levantarme, no para perderme más. Nunca se me dio bien ubicarme en este lugar, siempre recolectaba hierbas cerca de mi casa porque temía perderme entre tantos árboles.
Ahora una de mis pesadillas se ha hecho realidad. Bueno, dos.
Me apoyo en una raíz para ponerme en pie, sólo para sentir el sol de la mañana en la cara, que me invita a seguir vagando a través del bosque más grande de Poregrath, del que hay tantas leyendas.
No voy a poder.
Debería dejar de caminar por aquí, si al final me voy a perder.
No veo a nadie por ningún sitio, pero eso no es algo nuevo. En estas tierras es muy difícil encontrarse con personas, está de lo más alejada porque así lo quise yo.
Mis padres insistieron tanto en enviarme a otra ciudad que todo lo que pude añorar era el bosque, que me brindaba materiales para hacer lo que más amo. Sólo quería asegurarme de eso, de que no me lo quitaran. Cuando escapé, nunca imaginé que desearía estar presente ese día en mi habitación, a la espera de la indicación de mi madre para que emprendiéramos el viaje hacia mi futuro, a uno que no quería.
Sigo caminando, tanto tiempo como puedo contar en voz alta. No sé si cuento minutos o segundos, estoy tan cansada que ahora no recuerdo cómo se contaba cada cosa.
Y cuando estoy lo suficientemente convencida de que no lo lograré, apoyo la espalda en un árbol otra vez para mirarlo todo. El bosque se burla de mí.
No hay ningún cambio en este lugar. Todo es igual.
Me escuecen los ojos, pero me resisto y sigo caminando.
¿Así terminará mi vida? ¿Lamentándome por todo?
Si un lobo saliera del bosque no me sorprendería más que por mi temor horriblemente enorme. Antes yo no le temía a nada. Y presiento que antes que cualquier otro peligro en este lugar, mi perdición será mi angustia.
Se me acelera el corazón de repente. Hay un ruido entre los arbustos que me bloquean la vista, y no hace falta más para que saque la única arma que llevo conmigo: un pequeño cuchillo con el que corto hierbas y raíces. Igual que una flor de caléndula, está en el bolsillo atado a mi falda.
Tengo miedo. Pero no quiero morir.