El secreto de Poregrath

6

Cassander

Está completamente loca.

Si fuera una espía, sabría que no hay que correr en una situación así. Es claro que nos tendieron una emboscada, pero igual nos habríamos dado cuenta si no se hubiera alejado tanto del campamento.

No tengo idea de qué le pasa, pero todavía menos de quién pudo lanzarle esa flecha.

¿Sería posible que El grupo mercantil estuviera cerca? No lo creo del todo, pero me da la sensación por algún motivo. Aprieto las riendas del caballo con fuerza, molesto por haberme perdido de algo probablemente obvio. Nos habían estado vigilando.

Pero ahora saben por completo dónde estamos gracias a Rhea, que corre como histérica por un poco de sangre en el brazo. Quiere matarme, eso está claro.

Todo está tan callado sin contar sus pasos que da verdadera inseguridad, pero uno aprende a lidiar con ello.

Me quedo tan quieto como puedo, como el resto del grupo. Quizá si piensan que Rhea estaba sola no sea un problema grande.

O eso pensaba hasta que Declan tiene una flecha incrustada en el hombro. Todos sabemos qué hacer y todos cabalgamos ahora lejos de ahí, casi a la misma velocidad que una flecha. No debemos ir al campamento, no pueden saber en dónde está.

Nos están siguiendo, y me maldigo por odiar usar arco y flecha. Ahora sería terriblemente útil. Aunque el cuchillo causaría daño más rápido, ahora me sería casi imposible usarlo. Casi. Porque he aprendido un par de cosas.

Dejo de mirar hacia el bosque sin soltar las riendas, sacándome una hoja afilada de las bolsas junto a la montura. La arrojo con tanta fuerza al líder del grupo contrario que logro darle justo donde hirieron a mi amigo antes. Ni siquiera me molesto en comprobar el daño. Tenemos cosas más importantes de las que preocuparnos.

Así que de nuevo agito las riendas con fuerza y nos alejamos todavía más. Quiero saber qué quieren esta vez, pero no cuando todos estamos aquí y el campamento está solo.

No puedo avisarle a Koren y la única persona que podría quizá nunca regrese.

Ella no les llamó la atención, era la ropa que tenía puesta. Quizá pensaron que era parte del grupo.

Dudo de esto, pero no me detengo a negociar ni a entenderme con nadie. Me di cuenta con un escalofrío de que son probablemente el doble de nosotros. El relinchar del caballo les indica a quienes van a mi espalda que debemos seguir, y no es hasta un par de pinos más que logramos perderlos por completo.

—¿Todos bien? —pregunto, sabiendo la respuesta.

Al menos cinco personas de las quince están heridas. Nevyan, el chico más joven de nuestro grupo tiene una herida en el costado que probablemente mantendrá ocupada a Darcie más tiempo del que puede permitirse con todas sus demás tareas.

Me paso una mano por la cara, frustrado. Ni siquiera vi que nos seguían el rastro y no entiendo cómo.

Luego de hacer el conteo protocolario, volvemos al campamento por la otra ruta que nos acerca ahí por la entrada, pero lo que más me sorprende no es que nos estén esperando. Rhea está al lado de Koren, que nos mira desde el centro, cerca de los leños que sirven para la fogata.

¿Rhea volvió? ¿Avisó a todos? ¿Esa cobarde?

Ya no lo parece tanto, porque observa al grupo casi con decisión.

Horas después, estamos en la tienda de Koren. Yo, Declan, y también Darcie. Como siempre que hay cualquier tipo de discusión. La diferencia es que hoy no estoy con todo el humor del mundo para escuchar opiniones distintas a la mía. Casi nunca lo estoy, pero no es un secreto.

—El plan era patrullar hoy —murmura el primero, desconcertado—. Hace meses que no visitamos la frontera con El grupo mercantil, no puede ser posible que supieran lo que haríamos.

—Lo es —replico, pero es tan inútil que suelto un par de insultos.

—Es como si quisieran que estuviéramos ahí —Declan me interrumpe, abriendo el pliego del mapa sobre la mesa de madera. Enciende otra vela además de las cuatro que ya lo están—. Aquí estaban la última vez. Como a demasiado de su lugar normal y del que hoy nos vieron. Parece... que viajaron a propósito.

—Sí, porque alguien les avisó.

Darcie quizá ya consideraba eso, porque se limita a asentir. Koren me mira con intriga y yo continúo.

—Hay alguien en el campamento que está de acuerdo con ellos y curiosamente...

—Rhea llegó ayer —Darcie no puede dejarme terminar, irritada—. Y tampoco tendría sentido que ella fuera su infiltrada aquí si vino a avisarnos.

¿Por qué siempre debo ser la voz de la razón?

—Escucha, Darcie, no la conocemos de nada.

—Tú sí que la conoces —Koren defiende a su novia, como otras miles de veces. Es una tontería, pero, aunque ambos tienen como la misma edad se toman la molestia de hacerme enojar en pareja como si no me llevaran más de diez años. Sorprendentemente, tienen más paciencia que yo—. ¿Qué fue tu espectáculo por la mañana?

—Por centésima vez, no tuve nada que ver con eso.

—¿Y entonces? ¿Por qué la chica escapó?

—Porque Rhea es una cobarde —replico, harto del tema—. Se vio un poco de sangre en el brazo y salió corriendo, ni siquiera esperó indicaciones.

—Ella no es parte de tu grupo, Cassander. No le mandas. Además, es más joven que tú. Te recuerdo quién solía tener aversión a la sangre.

Me muerdo la lengua, porque tiene razón. Como siempre, el imbécil de mi líder tiene razón.

—Es como un año menor que yo —es todo lo que digo para no quedarme callado.

—De hecho, no —Darcie suspira, cortando de raíz el conflicto de una vez—. Ese vestido que usaba es el mismo que llevan las chicas en el pueblo que está en el centro de Poregrath, debe tener como dieciséis.

—Ahora resulta que por un vestido sabemos cuántos años tiene...

Pero, alto. ¿Le llevo cuatro años?

¿Acabará de cumplir o está pronta a cumplir diecisiete?

Eso no importa mucho cuando reparo en que de repente todos me observan. Sólo espero no haberlo dicho en voz alta porque sería fatal.




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