Cassander
Se trata de poner en pie dos veces, pero algo parece dolerle mucho. Lo normal en este caso, he de deducir.
Estoy entretenido con su necedad. Se niega a mostrarse débil, pero acaba de caerse de un árbol. Si fuera más terca sería irreal.
Me agacho junto a ella en el follaje verde, observándola con curiosidad.
—¿No deberías estar con el grupo? —me pregunta una vez que logra sentarse. Con rapidez, se rasga un pedazo de tela de la falda y trata de atarla a su brazo derecho.
A juzgar por todo, no va pasar mucho tiempo antes de que comience a sangrar de verdad, pero Rhea se trata de atar una y otra vez con el brazo izquierdo, en intentos que se me hacen demasiado patéticos.
—No, esto es mucho más interesante, te lo puedo asegurar.
Suspira con frustración y yo me muerdo el labio para no sonreír.
—Mira, si no vas a ayudarme, mejor vete —replica, molesta. Se aparta las ondas de cabello de cerca de la herida, hastiada después de tantos intentos.
Una pequeña hilera de sangre le corre por el brazo y creo que ni siquiera lo ha notado. No sé muy bien por qué, pero me acerco a ella para atarle el nudo yo mismo.
Quizá se deba a que probó oficialmente toda mi paciencia.
—¿Te puedes levantar? —pregunto con voz queda al tiempo que ella me mira con sorpresa—. ¿Sí o no?
—No lo sé... —fue lo último que dijo antes de soltar un respingo de dolor. Y puedo ver perfectamente la razón.
Levanta un pie y en la planta veo todos los rasguños. Debe tener ambos iguales, y ni hablar de sus brazos.
Reprimo un suspiro antes de volverme hacia donde estaba mi grupo hasta hace unos momentos. Ellos no reparan todavía en mi ausencia, y no tienen por qué.
Con esa idea en mente, no lo pienso tanto antes de acercar mi caballo por las riendas hasta donde estamos. Si ella no quiere ir conmigo... Bueno, tampoco es como si hubiera considerado preguntarle.
—¿Qué haces? ¡No! —me grita cuando la levanto del suelo hasta cerca de la montura—. ¿Por qué...? No...
—Te llevaré con Darcie, vamos.
La ayudo a sentarse y veo cómo se muerde el labio cuando sus pies tocan el metal de los estribos ahora arriba de mi caballo.
Se mantiene callada durante el trayecto, y no sé si es la sorpresa o el dolor lo que la obliga a permanecer en silencio. Espero que sea lo primero y que sea yo quien la desconcierte con la repentina amabilidad involuntaria, porque no sé qué haría en caso contrario.
Cuando estamos en la entrada del campamento, Declan se acerca a nosotros junto con Viverette, la pelinegra que no deja de seguirlo a todas partes. Ambos se detienen con sorpresa al ver a Rhea.
—¿Qué pasó? —Declan me mira, preocupado—. ¿Qué le pasó?
—Como si supiera —miento, rodeando la cintura de Rhea con el brazo. La chica sisea de dolor y me da un manotazo, pero la verdad no importa mucho. Estoy seguro de que no quiere ver lo que pasará si no va con Darcie ahora.
—No quiero... —empieza Rhea, pero cuando trata de bajarse por su cuenta veo cuánto se estremece por el contacto de sus heridas con todo.
De nuevo se trata de un impulso, actúo sin pensar.
—Cassander —advierte ella, una vez que la tengo contra mi pecho cuando decido cargarla.
Cruzamos rápido el campamento y agradezco que mi grupo siga en el bosque, así nadie hablará de esto más tarde. Cuando levanto la cortina de la tienda de nuestra enfermera, ella nos mira con terror distinto al que vi antes en la entrada.
—Pero ¿qué pasó? —susurra Darcie, comenzando a hacer espacio en la cama para que yo deje ahí a la chica que no deja de darme golpes inútiles para que la suelte.
Tengo pensado decirle que de otro modo no hubiéramos llegado más rápido, pero en su lugar respondo a Darcie con indiferencia.
—Se cayó de un árbol —explico, como si fuera de lo más convencional entre las chicas. Ahora sé que lo es de esta en particular.
Darcie me mira como si me hubiera vuelto loco y mira a Rhea por respuestas.
Ella asiente sin ganas.
—Es verdad —es todo lo que dice antes de que la enfermera suelte un suspiro de incredulidad.
—Las vendas están en la bodega con Koren, voy por algunas —dice ella y me doy cuenta de que por fin ha visto el brazo de la chica—. Ah. Cass, quítale eso del brazo. Va a necesitar puntos, por eso se lo pusiste, ¿no?
Sin más, sale de la tienda a toda prisa.
—No me toques —repite Rhea como por décima vez desde que llegamos aquí. Pero está asustada, puedo verlo.
—No lo haré, tocaré la tela.
Y antes de que tenga la oportunidad de apartarme, quito la tela con un movimiento rápido. Sólo falta eso para que la sangre comience a manar del corte.
No supe disimular muy bien mi sorpresa, porque Rhea vuelve hacia ahí la mirada. Sólo de hacerlo comienza a respirar entrecortadamente. Niego, incrédulo.
—Eres de verdad la chica más dramática que conozco —decido contarle, aprovechando el silencio—. Es sólo un poco de...
—No quiero ver... —susurra, pero no aparta la vista—. Y-yo tampoco quiero que ella me...
—No te dolerá —miento, pero por primera vez no disfruto de su nerviosismo. Suspiro, mirando hacia la entrada de la tienda. Darcie no tarda en aparecer con aguja e hilo al igual que unas vendas.
—No... —empieza Rhea con voz temblorosa, pero sólo de ver a Darcie yo también me encojo un poco.
—Será rápido, lo prometo —le dice ella, acercándose con todo lo necesario—. Evita que se mueva, ¿de acuerdo?
Ya no parece tan reacia a que la ayuden, así que no es complicado que Darcie le lave la herida. No es hasta ese momento que proceso del todo las palabras de la enfermera. Yo también debo ayudar.
Cuando da la primera puntada, comienza el problema. Rhea se muerde el labio y comienza a temblar. La rodeo con un brazo para que no se mueva, y ella se aferra al que tengo libre con toda la fuerza que creo tiene en este momento.
Pero yo tampoco me muevo. Darcie tiene que terminar su trabajo, y lo hace con una precisión admirable. Seguro así de bueno será el resultado.