Cassander
No pasa demasiado hasta que decido continuar este recorrido. La verdad no me emociona mucho pisar el empedrado de aquí, pero con suerte terminaremos con esto antes de lo que pensamos.
O que pienso, porque al parecer soy el único que quiere largarse de este lugar.
Dejamos el carruaje junto a la entrada con los carteles de madera que anuncian la llegada al este, y es Nevyan que se queda para aguardarnos ahí.
Sólo debemos encontrar la casa que Koren describió: de paredes de ladrillos de piedra y una vista pulcra. Será sencillo tomando en cuenta que este lugar no es para hablar de fachadas decentes.
El este está lleno de carencias. El aire no es puro, siquiera. Pero es sitio del que vengo, después de todo. Por eso siento una aversión a estar caminando por estas calles justo ahora.
Declan camina a mi espalda con Rhea, y trata de hacer que no se detenga por nada de lo que ve, mientras que dos chicos vigilan al final del grupo.
Quiero pensar que no estamos llamando demasiado la atención por traer armas a este lugar, pero no sé qué haría si no las tuviéramos.
O tal vez sí, pero sería una opción más tardada y de la que no podríamos salir del todo ilesos.
Dentro de poco tiempo decido que no encontraremos esta casa si no pedimos indicaciones, y es Declan quien se acerca a pedirlas en un puesto que vende collares con colgantes de porcelana. Rhea se queda mirando al tiempo que finge prestar atención a lo que dicen a mi amigo y no puedo evitar mirarla por eso.
Le gustan mucho las flores, porque cada cosa que le llama la atención tiene que ver con ellas. Ahora mira los bordados y le atrae uno hecho con punto de cruz que da vida a una rosa roja como único objeto dentro de una canasta.
Rhea pasa el dedo por el hilo, y me sorprende su delicadeza. Lo que en ella eso significa.
Dejo de mirarla bastante tarde, porque la chica me devuelve la mirada por accidente. Me reprocho haberle dado la oportunidad y espero pacientemente a que regresen con nosotros.
—Está no muy lejos de aquí —Declan suspira, mirando hacia la calle de la derecha—. Dice que deberíamos esperar a mañana por la noche, porque la dueña salió por negocios.
—Y piensa que no hicimos lo mismo por ellos —replico, cruzándome de brazos. Al final les indico que avancemos otra vez—. Tendremos que quedarnos aquí por hoy, al parecer.
—Hay una posada cerca del puerto —dice Rhea, sorprendiéndome.
Quizá lo nota, porque se apresura a explicarse.
—Es que... en mi pueblo la gente solía viajar para visitarla —dice con un dejo de incomodidad que me intriga sobre otra cosa.
¿De dónde es Rhea? Escuché a Darcie hablar con Koren sobre el incendio que destruyó su casa, pero también que ese no fue su primer hogar, además de que no parece tener familia.
Es raro, porque parece ser bastante sociable cuando le dan la oportunidad, a juzgar por días anteriores.
—Deberíamos ir, entonces —es todo lo que digo antes de que giremos sobre nuestros pasos para entrar en otra calle.
Tengo en mente que no tardaremos mucho en llegar, pero se me olvidaba quién está entre nosotros. Por eso cuando nos topamos con un grupo de personas que toca la melodía de Poregrath, Declan se detiene cuando Rhea se queda a mirar el baile improvisado que tiene lugar calle abajo.
Igual que ella, los otros dos chicos del grupo miran a las personas disfrutar de este momento y sólo eso me recuerda que como siempre me quedo al margen en este tipo de cosas. No es malo, por supuesto. Por primera vez me gusta tener oportunidad de admirar.
Rhea baila con las chicas que están al final de la calle, sin importarle mucho que nosotros carguemos con armas y nos espere un día pesadísimo mañana. No, esta chica es un caso especial.
Me resulta divertido qué tan poca vergüenza tiene cuando Declan la invita a bailar con ella. Y también me intrigan las repentinas agallas de este chico que nunca ha hablado con más de tres personas en el campamento.
Ambos están felices, todos en realidad. Los miro disfrutar de este momento en que pueden fingir que no existe un mañana. Algo con lo que probablemente Rhea suele soñar constantemente.
Su perspectiva de vida es simplemente peculiar y es que no me la ha contado personalmente.
Durante el viaje, la escuché hablar con Declan sobre los paisajes y una que otra historia sobre este lugar. No hubo ni una sola vez en que no diera su opinión ni tratara de desmentir nada. Es como si cada historia pudiera mejorarse para ella.
Y me pregunto otra vez por su origen. Posee el mismo porte de quien ha pasado por tanto, pero da tanto a la vez.
Dejo de lado las ideas cuando la música se detiene y avanzamos calle abajo hacia la posada que tiene lugar en un edificio de madera bastante grande. Decido que encerrarme yo tanto como mis pensamientos es lo mejor, aunque suene algo que no diría.
Hubiera preferido no pasar ni una noche aquí, pero el destino tiene otros planes. Razón por la cual después de que reserváramos tres habitaciones no consigo conciliar el sueño. Es un lugar decente, claro. No es porque esté incómodo.
Sólo no me gusta para nada la nostalgia, y este pueblo lo es en persona.
Me pongo en pie de la cama, molesto por mi arrebato de intranquilidad y me dirijo hacia la puerta luego de ponerme la camisa que traía al venir, a juego con el pantalón negro.
Los pasillos de este lugar son de madera tanto en el piso como en las paredes, pero me sorprende bastante que a estas horas ya no haya recepcionista. La chica que nos dio llaves ya no está ahí, y eso es raro tomando en cuenta la temporada en la que vinimos. Aunque a mí no me guste admitirlo, el este es un lugar turístico algo famoso.
Salgo hacia las calles vacías otra vez, disfrutando en cierto modo de algo más de espacio. No me acostumbraré jamás a tener habitación, luego de tanto tiempo durmiendo en tiendas al aire libre.
Hay un muelle deteriorado cerca de esta calle, puesto que estamos en la zona del puerto. Avanzo sobre él, que es tan largo como persuasivo a recorrerlo, o no sé si sean mis ideas las que me exigen dejarlas concentrándome en otra cosa.