El secreto de Poregrath

12

Rhea

El guardia que me indica la salida con quizá toda la educación que posee me ha estado jalando del brazo con tanta fuerza que ahora que estoy libre todavía siento la presión en mi piel.

Declan tuvo menos suerte que yo, porque salió de la casa por un empujón, aunque logró recomponerse antes de azotarse contra el empedrado.

Suspiro cuando el sol me da en la cara, sin poder creer lo que acaba de pasar.

—¿Qué vamos a hacer? —le pregunto al chico, recordando la enorme cantidad de dinero que probablemente estamos dejando en la habitación, pero no es ni de cerca la preocupación que siento por quien se quedó dentro—. Koren no nos dio otro plan, ¿no? ¿Qué se hace cuando pasan cosas así?

—El plan todo el tiempo es reunir al grupo, pero esta vez Cass estuvo seguro de que no lo necesitaríamos —me explica una vez que estamos calles abajo—. Lo segundo es ir de vuelta a Poregrath.

Casi me atraganto de la risa, pero eso no es más que consecuencia de la histeria.

—¿Y no crees que para ese momento alguien ya no estará vivo?

—Por favor, Stelian sabe con quién se estaría metiendo si le hace algo —replica, y cuando llegamos a la posada se apresura a los escalones. Al ver que no lo sigo, mira a su alrededor con impaciencia—. Rhea, sé lo que estoy haciendo.

—No lo sabes. Hay como medio año de trabajo en el baúl que se quedó en esa casa, y ni aunque tu capitán tuviera todas las espadas del mundo podría salir de ahí por su cuenta. Así que está bien, hagamos lo que quieres tú. Esperemos a ver cómo se encargan de él, ya que tienes tantas ganas de ver cómo se va la vida de tu mejor amigo.

—¿Qué pretendes? —se impacienta, volviendo a mi lado en la calle—. ¿Que vuelva ahí? Personas no han vuelto por eso, y te aseguro que él es quien romperá esa cadena, no lo conoces.

—Da igual. A fin de cuentas, eres el segundo al mando.

El castaño me mira con incredulidad.

—¿Me estás intentando convencer con culpa?

—Yo no sería capaz.

—Jamás has tocado un arma en tu vida —dice en voz baja, a causa de la gente que se mueve en ambas direcciones por la calle llena de comerciantes y puestos. Suspira—. No me apetece enseñarte ahora cómo se usa una espada, y tampoco preocuparme por cómo le contaré a Darcie que casi no vuelves, porque seguro eres una terca que quiere venir.

—¿Se supone que debo sentarme a mirar? Yo vi cuando llegaste al campamento con esas joyas, te costaron bastante y no solo hablo de dinero. Viverette dijo que tú no eres precisamente una eminencia para los negocios.

—No se trata de eso, Rhea. No puedo volver a esa casa sin antes avisarle a Koren. Si algo nos pasa estando ahí... ya no hay muchas personas en las que pueda confiar para mantener en orden al grupo.

—Ustedes, los dos, son sus amigos —replico, furiosa—. No le molestará que ayudes.

—En los negocios no se tienen apegos, lo escuchaste. Y aunque yo quisiera, porque de verdad quiero ayudar a Cass, las cosas no funcionan así e incluso Koren lo sabe. Así se lleven tan bien como dices no será lo mismo perder inversión.

—Así que es un objeto —casi grito y eso no hace más que cortar de raíz la conversación.

—¿Sabes qué? No me importa lo que quieras hacer, porque no te lo permitiré. Vas a subir a la habitación y ahí es donde me esperarás mientras hablo con Nevyan y el resto.

—¿Por qué de repente te comportas de forma tan estúpida?

—Porque este viaje no será el último que hagamos juntos —me suelta, sin una gota de su calma habitual. Está tan preocupado que le tiembla la voz—. Tú no lo sabes, pero no se trata siempre de lo que puedas hacer respecto a esas personas. Si a ellos les place, harán lo que deseen porque no son buenos. No toda la gente es buena, pero nadie te lo enseñó nunca.

—A quien le importa más el dinero que su amigo, esa sí es una mala persona.

—¿Y a quien le importa la persona que quiere? —replica, cortando la distancia que nos separa—. ¿Es una mala persona? ¿Es malo porque evita que la lastimen?




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