El secreto de Poregrath

18

Rhea

El campamento pasa en silencio los días siguientes y no soy nadie para culparlos. Apenas y he salido de la tienda de Darcie para hacer cualquier cosa porque se empeña en que debo ordenar las hojas nuevas que trae con ella de sus visitas al bosque.

No estoy muy segura de que sea la verdadera razón, pero no protesto.

De todos modos, Viverette está muy ocupada en estos días. Le enseñan cosas nuevas, según me contó, aunque no me dijo bastante al respecto. La última vez que la vi fue hace dos noches.

No es hasta una semana después que todo parece tener movimiento de nuevo.

Las chicas que ayudan a Viverette en la cocina son varias ahora y me pregunto si no están ahí porque no tienen algo más en que ocuparse. Cuando regreso a la tienda con Darcie luego de ir por nuestro desayuno, veo que está revisando la caléndula que le puso a la quemadura que se hizo Declan durante la cacería de hace dos días. Igual que otros tres chicos, porque ahora el frasco está vacío.

—Si quieres... —empiezo al ver cierta inquietud en su rostro—, yo puedo ir a buscar más. Hacen falta otras cosas también, ¿no? No sales desde... hace un tiempo.

—Rhea, no tienes que ir si no quieres —me tranquiliza, y cuando dejo los platos en la mesa comienzo a rebuscar por los hilos con los que formo fardos con la colecta nueva—. Puedo decirle a Declan que se pase por ahí antes de que vuelva de la frontera mañana, ahora no está porque sigue vigilando.

—Cuando yo podría ir hoy —replico, atándome las botas en lugar de las zapatillas que traía. Suspiro, mirándola—. Darcie, estaré bien. El grupo todavía no regresa. Eso significa que no estaré sola en el bosque.

Lo piensa un buen rato, pero al final asiente con cautela.

—Termina el desayuno primero, ¿está bien?

Y sin más una vez que estoy libre salgo al claro para toparme con actividad de la que ya me había olvidado un poco. Ahora hay mucho más que hacer, y me siento feliz de poder contribuir en ello.

Cuando me encuentro más adentro en el bosque, escucho los sonidos de la naturaleza a mi alrededor y de algún modo logro relajarme un poco. No tengo miedo. Sólo me siento algo cansada.

No tardo mucho en distraerme con el sonido de agua y cuando lo sigo me encuentro frente a un río que corre rápidamente. No parece hondo, pero no tengo la confianza suficiente como para comprobarlo. Al final, me limito a caminar un rato por el césped antes de encontrar la caléndula.

Subo por un par de troncos manteniendo el equilibrio para pasar sobre ellos y trato de ver qué hay más allá de la frontera que el grupo siempre vigila. Me pongo de puntillas, pero no es suficiente.

Termino buscando la hierba más tiempo del esperado y la verdad no me sorprende. No es tan común encontrarla cerca del campamento, la última vez tuve que alejarme bastante.

Mi búsqueda sigue, hasta que descubro que he traído conmigo el cuchillo de la suerte, según me dijo Darcie. Está convencida de que ese cuchillo pequeño es el que debo usar para no hacerme daño, pero de algún modo me las arreglé el primer día para cortarme por accidente. Es que Darcie no me conoce tanto.

Llevo un buen rato buscando, pero siempre hay algo más interesante que ver. Sólo cuando me dispongo de verdad a encontrar la hierba escucho el sonido de pasos más adelante.

Casi por instinto, y sintiendo que he vivido esto antes, tomo el cuchillo para empuñarlo, pero me sorprendo bajándolo por completo cuando veo que es Cassander quien viene hacia mí. Ni siquiera me ha visto, pero yo veo que tiene la misma arma en la mano.

La gira como si fuera todo menos algo que puede hacer daño, pero termina notándome cuando está a punto de pasar por mi lado.

Cuando me encuentro con sus ojos cansados, me doy cuenta de que ha estado con el grupo antes y ahora vuelve al campamento. Sitio en el que no ha pasado tanto tiempo, y la verdad me he fijado un poco.

—¿Qué haces aquí? —pregunta con voz queda antes de mirar a nuestro alrededor—. ¿No te da miedo estar sola en el bosque?

—Y-yo... no tengo miedo. Sólo estaba buscando caléndula, eso me pidió Darcie.

Sin embargo, no aparta la mirada del cuchillo que tengo en la mano. Aunque lo bajé, sigo apretándolo con fuerza. Deshago el agarre tenso, guardándolo en la bolsa que llevo a la cintura. Pero no deja de mirarme.

—Todavía no la encuentras, ¿no? —murmura, y yo asiento—. Puedo acompañarte, ya que... sólo estás buscando eso y no tienes miedo.

La verdad no estoy muy segura de qué me hace asentir ante la propuesta, pero sé que no es miedo en absoluto.

Reanudo el camino por el bosque, ahora con unos pasos bastante reconfortantes siguiendo los míos. Tampoco sé si esté bien que ahora me sienta tranquila estando con él, pero es mucho mejor que pasarme la tarde preguntándome cómo estará.

Cuando por fin encuentro la caléndula me arrodillo junto a la planta para cortarla y al tenerla lista la ato en el fardo para meterla a la bolsa junto al resto de flores para té que encontré por el camino.

Mi acompañante me observa desde la sombra del árbol junto al que se ha sentado, parece bastante entretenido en las plantas que crecen junto a mí.

Pasa tanto tiempo en silencio que estoy tentada a decir cualquier cosa, pero nos sorprende la repentina presencia de Darcie a una buena distancia de nosotros, entre unos arbustos mientras enseña a un grupo de niños qué frutos no deben comerse si los ven. Porque también últimamente se le ha dado hacer de maestra por instrucciones de Koren.

Miro mientras ellos asienten y pasan uno a uno a ver la planta que la enfermera les enseña, curiosos.

Apenas se marchan hacia el siguiente objetivo subiendo la colina escucho cómo Cassander se pone de pie y sé en qué está pensando.

—¿Terminaste? —pregunta, sin molestarse en mirarme—. Es tarde.

—Pensé que no te molestaría estar lejos del campamento un rato —admito, y le falta poco para perder la paciencia. Cuando lo noto, hablo sin consideraciones—. Porque está bien si es lo que quieres.




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