El secreto de Poregrath

22

Rhea

No he mencionado ni una palabra de anoche a Viverette, y la verdad creo que es lo mejor. Declan tampoco ha vuelto de la vigilancia de la mañana, así que estoy tan sola a esta hora del día que apenas y puedo creer que sea el día libre que tenemos entre todos los que han estado pasando.

Sólo para matar el tiempo saldría a recoger hierbas o algunas flores, pero hay una razón por la que quiero esperar un rato más.

Así que retiro los pétalos del lirio que tengo entre los dedos con cuidado de no maltratarlos para después colocarlos en un frasco con agua y dejarlos en la alacena. Suspiro al terminar lo único que tenía por hacer hoy.

Cuando salgo de la tienda de Darcie, el campamento está tranquilo, todos tenemos absolutamente nada para hacer hoy. El sol está en lo alto, así que no puedo evitar impacientarme un poco.

Doy un paseo cerca de los árboles junto a la fogata, pero no hago mucho tiempo en ello. Pronto el grupo llega luego de haber pasado toda la mañana fuera y yo busco una sola mirada entre todos los miembros.

Aun así, una vez que encuentro al capitán, no me devuelve la mirada como se nos había hecho costumbre. Yo creo que disimulo bastante bien mi interés en él, así que no es posible haberme pasado con la obviedad.

Me pregunto si fue así y por eso ahora pasa incluso por mi lado sin mirarme.

Y por alguna razón es un golpe un poco muy doloroso el que ni siquiera se haya molestado en saludarme.

Creo que está recordándome mi lugar en su vida, ya se me estaba olvidando. Está haciendo bastante bien.

Todavía algo desconcertada, camino hacia la tienda de regreso, sin ni una sola noticia de lo que se ha visto en la frontera, y tomo la canasta con la que salgo a por provisiones. No quiero quedarme en el campamento.

Cuando por fin la canasta está llena y la luna está en lo alto, sé que tal vez ha sido algo exagerado irme. De verdad no quería volver. Suena ridículo, pero es como si encontrarme con Cass significara aceptar que ya no puedo mirarlo cada vez que quiera porque me ha pedido no hacerlo más.

Y es justo lo que hizo. No sé por qué, pero tampoco pienso preguntárselo.

A medio camino de regreso recuerdo mi encuentro con Viverette, que estaba terminando de ayudar en la cocina. No hablo con ella desde hace dos noches, pero creo que ahora tampoco podré. Se limitó a saludar con un gesto de la mano y volver a su tienda incluso antes de ver que yo me iba de camino al bosque.

Mencionó algo sobre juntarnos por la tarde mañana para conversar a falta de las veces que nos hemos visto, pero la verdad no tengo muchas ganas. Y casi como si alguien escuchara la poca fe que tengo en mí misma a esta hora, escucho un silbido entre los árboles, parecido al que haría una flecha de estar cerca.

Y es exactamente eso. Una flecha ha pasado rozándome el brazo como si quisieran practicar la puntería conmigo otra vez. Miro en todas las direcciones en el bosque, pero no veo nada. Algo tendrá que ver en esto la oscuridad. Me duele el pecho, siento esa opresión, misma de días anteriores que solo puede significar que esa misma persona que se encuentra ahí no sólo quiere hacerme daño.

No estoy ni de broma cerca del campamento, así que gritar no es una opción. Pero detengo el plan de supervivencia cuando noto de quién se trata. Declan me observa entre risas mientras deja el arco en el piso para acercarse a mí.

Sólo entonces me doy cuenta de que al clavarse en ese árbol esa flecha es partícipe de haber terminado donde muchas otras antes.

—Todavía tenemos unas sesiones de defensa pendientes —dice, como si fuera explicación suficiente para todo lo que me ha hecho sentir durante los últimos cinco minutos.

—¿Defensa? —repito, irritada—. Yo creí que esto era una despedida.

—Sabes que no haría eso —replica él, todavía divertido con mi desconcierto. Pero en realidad no es del todo cortesía de la flecha.

¿Ya se le olvidó tan pronto la razón por la que no hemos hablado?

Como sea, mejor así. Cada vez que recuerdo ese momento es como si tuviera que encontrar respuesta otra vez. Me limito a ver cómo me pone en la mano una flecha, y para mi gusto es bastante aburrida.

—Todos en el campamento deben aprender un poco, y desde que llegaste te has estado salvando de tus lecciones.

—¿Es por lo que pasó con...? —suspiro, desconcertada—. Mira, si crees que saber usar un arma me salvará la vida, estás equivocado. Voy a tardarme más pensando en qué hacer con ella o cualquiera de esas cosas. Mejor entrena con tu grupo, ¿sí?

—Quiero que aprendas porque no estoy seguro de poder estar ahí para cuando lo necesites.

Y es lo último que dice antes de tenderme un arco también. La visión de tener que usarlo me da náuseas, pero trato de disimularlo. No me percato de nada hasta que el chico está preparando la flecha que tiene en su propio arco para enseñarme cómo debo hacerlo.

Y la verdad no le presto mucha atención porque Viverette llega a tiempo para reírse del espectáculo que voy a montar. El chico castaño le pide que me enseñe por segunda vez, y mi amiga hace un tiro que es incluso más limpio que el que hizo él. Ambos clavan las flechas en el centro del tocón de un árbol, y supongo que esperan que haga lo mismo.

Por supuesto, no lo haré. Aun así, Declan se encarga de colocarme en la posición indicada gracias a mi patético primer intento, en el que no llegó más que unos metros lejos de nosotros, y la flecha simplemente decidió caer en el piso. No me quejo, pudo haberse resbalado junto a mí.

Así que para cuando el chico se impacienta tanto con mi poca destreza, me coloca una mano en el arco sobre la mía al igual que la que sostiene la flecha. Miro hacia el objetivo con los dedos casi temblando, y solo espero hacer el ridículo lo más rápido posible y acabar con esto de una vez.

Vuelvo la vista hacia un ruido entre los árboles, y veo que Cass nos observa con intriga. Particularmente hacia donde están mis manos justo ahora. Con un suspiro de desconcierto, me centro tanto en eso que suelto la flecha sin contemplaciones y Viverette tiene que agacharse para esquivarla.




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