Cassander
—¡Declan! —grito al verlo, olvidándome del resto.
Él se acerca a mí, y me sonríe antes de soltar todas las novedades. A mí también me da gusto que esté bien, pero no se lo pienso decir. Al parecer en el campamento no pasó nada de gravedad más allá de heridas superficiales y la tienda del almacén quemada. La tienda de mi líder. Seguro pensaron que estaba ahí, pero no puedo evitar sonreír con su ingenuidad.
Según mi punto de vista de la situación, ganamos esta jugada sin ni un solo esfuerzo. Al que tienen por líder es un idiota, pero no es algo de lo que debamos preocuparnos por ahora.
Declan se encargó de él cuando le conté lo sucedido en el bosque, porque ese hombre estaba aquí de prisionero hasta hace un par de horas.
Pero hemos estado haciendo tanto recuento de armas, mapas y de personas que el tiempo pasa más rápido que un rayo de luz.
Yo, por otro lado, antes de sentarme a discutir nada con Declan, tuve que dar instrucciones para el grupo que se quedará cerca de los alrededores para vigilar, además de reestructurar la rutina de las próximas semanas con nuevos puntos de encuentro.
Koren llega y nos saluda a ambos, enterándose de verdad de todos los acontecimientos de la noche. No es hasta pasadas las cinco de la tarde que por fin dejamos todos los mapas en orden, los que sobrevivieron al incendio de la tienda, que tenemos un nuevo plan en mente: debemos irnos de aquí. Nadie estará seguro si no nos cambiamos de sitio en grupo.
Es una decisión drástica, pero luego de discutirla demasiado con nosotros, Koren ha acabado por convencerme. Luego de que los asuntos del campamento se llevan otra hora, veo a Rhea pasar con una canasta junto a nosotros, que estamos arreglando la valla que separa a los caballos del campamento. Me dedica una mirada que me hace sonreír un poco, pero lo disimulo a tiempo para centrarme en mi tarea y responder las preguntas de Koren a la vez.
No quiero que esa chica se interne sola en el bosque, pero sería terriblemente obvio dejar todo e ir tras ella, así que aguanto la preocupación un tiempo considerable antes de soltar las herramientas. Estoy a punto de decir una excusa creíble cuando me llega otro asunto a tratar.
—¿Darcie estaba contigo? —pregunta mi líder, y yo niego, desconcertado—. Dijo que iría por provisiones, pero yo iba por lo mismo en las caravanas. Quedamos de encontrarnos por la frontera.
Niego de nuevo, ahora que avanzamos desde donde trabajábamos hasta el claro lleno de actividad.
—Quizá salió. Después de todo, Rhea le era de mucha ayuda y ahora que no está todo en orden tiene trabajo con los heridos —murmuro recordando el mísero tiempo que he pasado con la primera desde el bosque, pero él niega.
—No la vi ni una sola vez desde que llegamos. Debe estar dentro, siempre se enfrasca mucho en ordenar las provisiones —se ríe, indicándome que sí deberíamos pasar a la tienda una vez que levanta la tienda. No me convence nada entrar así a la tienda de la enfermera más obsesionada con la privacidad que conozco, pero recuerdo quién me dio la idea, así que debe estar bien.
La imagen que nos recibe dentro se lleva todo el aire que respiraba. Darcie sí está en la tienda. En la cama, de hecho.
Poco a poco, Koren sigue mi mirada.
Se acerca, comprueba el pulso y se limita a dejarla en el mismo sitio. No está respirando.
No puede ser.
Y lamento demasiado haberlo seguido hasta aquí. Porque tengo ante mí una visión bastante acertada sobre una de mis más grandes aversiones. Trato de respirar como si no me importara, como debo hacer.
Pero no es eso del todo lo que me preocupa. Es mi líder.
Jamás creí verlo en ese estado. Como si cualquier cosa pudiera terminar con su vida. Me sentí así hace un tiempo, pero no puedo negar que me incomoda un poco revivir la sensación.
Sin embargo, no tiene nada que ver con Lorine. Este es un asunto que definitivamente creí muerto.
Y no puedo dejar de pensar en qué sucederá cuando Rhea se entere de esto al volver.
Salgo de la tienda, seguro de que mis nervios van a destrozarme. No puede ser verdad. Darcie no está muerta.
Yo no la vi tendida en esa cama.
Ella está en otro sitio.
Mucho más lejos que este campamento.
Mi líder no llora su muerte. Nadie más lo hará.
No tendré que acercarme a otra despedida pronto.
Me comienzan a temblar las manos y poco a poco me falta el aire. De verdad hay alguien en este lugar que planea terminar con todos nosotros.
Cuando estoy cerca del camino al bosque, veo a todos los que se acercan a la tienda. Koren da órdenes al grupo, órdenes que no puedo dar en este momento. Me da pánico pensarlo así.
Es como cuando estaba con Rhea en el bosque. Cuando sólo cuando ella estuvo en mi regazo puede controlar el torrente de pensamientos horribles. No puedo respirar, pero tengo que obligarme a hacerlo. Yo tendré que dar esta noticia más tarde.
—¡Cass! —Rhea se acerca a mí después de dejar la canasta sobre la valla, alisándose el vestido—. ¿A que no adivinas lo que hice?
Trato de disimular lo que me pasa, lo que sea con tal de que no se asuste. Pero no es posible cuando ve todo el alboroto detrás de nosotros.
—¿Qué pasa? —dice, y veo cómo su respiración se acelera—. ¿Por qué están en la tienda de Darcie? ¡¿Por qué están ahí, Cass?! ¡¿Qué pasa?!
La atraigo hacia mí con un brazo, todavía incapaz de ser yo quien se lo diga. No me devuelve el abrazo, levanta la mirada para encontrarse con la mía.
—¿Ya saben en dónde está? ¿Saliste a buscarla? Quiero decirle que encontré esto, pero no sé...
—Rhea, escucha...
Mi mirada debe decirlo todo porque se le llenan los ojos de lágrimas y no puedo evitar sentirme como la peor persona del mundo por eso. Niega, retrocediendo, pero al final quiere salir corriendo hacia la tienda. No la dejo. La imagen la inquietaría mucho más que a mí, así que me limito a tratar de retenerla el tiempo posible hasta que se da por vencida y me abraza por su voluntad.