Rhea
No es posible lo que digo cerca de él. No tengo absolutamente nada en contra de expresar mis sentimientos, pero con él es diferente.
Es como si nunca me hubieran enseñado el significado de confesar, porque hablar a rienda suelta se vuelve una necesidad para mí con cada minuto que pasamos juntos.
Sé que lo sabe. Y por eso espera a que yo siga.
No tiene problemas con mi incapacidad para hablar con moderación, nunca los ha tenido. Ahora que le he dicho que lo quiero, dudo que jamás pueda retirarlo.
Espero paciente a una respuesta que no llega pronto, que sólo está en forma de calma inminente.
Hasta que este chico nota que mi corazón está en sus manos.
Dice que me quiere. Dice que desea estar conmigo. Se disculpa por lo que no puede cambiar, pero ignoro lo que sea. Me pide que estemos juntos, que tenga paciencia. Lo más importante, me escuchó al principio.
Por ahora, es todo lo que necesito.
El día pasa sin prisas, como si quisiera hacerse recordar. Nuestros amigos salen del hotel antes que nosotros el día que entregamos las llaves del corredor, pero yo no me muevo mucho de mi sitio, que ahora sé que es junto a Cassander.
Podría pensarse que ya lo era, pero hoy lo siento como una confirmación.
Las decisiones que solía tomar solo ahora me las consulta, y aunque no estoy muy a la altura, insiste en que me enseñará mucho. Aprender con ese propósito no podría ser mejor.
Nos alejamos de la posada calles abajo todos ya dentro de las carrozas, pero al estar junto al capitán en el asiento del conductor siento la necesidad de memorizar las calles impolutas de Ciudad Carta.
Siento que tengo que hacerlo por algún motivo.
Él lo nota, pero finge no hacerlo.
—¿Tenemos algo que hacer antes de llegar al campamento? —murmuro, sin apartar la vista de las casas de dos pisos.
—Pensaba dejar lo que ganamos en el campamento antes de ir al palacio, pero creo que habrá un cambio de planes.
Cuando agita las riendas me vuelvo hacia él. Nuestro vehículo encabeza la marcha, así que nadie escuchará si pregunto.
—Creí que... no querrías ir ahí —digo, tentando a la suerte.
Después de todo, no olvido la mirada que intercambió con Declan cuando se mencionó a la familia real. ¿Será que Cassander tiene problemas con ellos?
—Nos quedaba mejor ir antes de llegar a aquí —añado ante su silencio—. Es decir, el pueblo no queda muy cerca.
—No iremos al palacio de Poregrath —dice, pero no se me escapa el cambio de tono indiferente—. El plan era hacer escala aquí para llegar a Valkrety el fin de semana.
—¿Valkrety? —repito, desconcertada—. ¿No es peligroso el camino hasta allá?
Se ríe, y la verdad me sorprende escucharlo después de un día entero en el que no ha cambiado tanto de actitud.
Tengo en el regazo unas flores que recogí antes de subir, así que trato de trenzarlas para no prestar mucha atención a lo que me importa bastante.
—¿Crees que estás con cualquier persona? —dice, todavía divertido—. ¿Nunca escuchaste sobre nosotros antes de encontrarnos?
—¿Escuchar sobre qué? ¿Que había campamentos comerciales en el bosque? Lo supe desde siempre.
—No somos sólo un grupo —replica y eso lo sé—. Se practican habilidades marciales porque los mejores tratos se dan con quienes no acostumbrarían a aceptarlos por este reino. No siempre quedamos en buenos términos con todos nuestros socios, pero no siempre nos cobran la factura por ello. Es más una precaución. Tienes la fortuna de estar hablando ahora mismo con quien más conoce sobre estos rumbos, y por eso te digo que no te angusties.
En parte tiene razón. Yo ya había intuido desde hace un buen tiempo que lo de ser una comunidad es una fachada, porque en realidad no sólo se mueven por los alrededores del bosque con las caravanas. Siempre he querido ver cómo son estas exactamente, porque a pesar de las múltiples veces en las que me las han descrito, no he tenido la oportunidad de conocer el tipo de tratos.
En el este, por ejemplo, no fue nada sencillo terminar con el trato de los rubíes. Se fue todo por la borda cuando cambió de actitud, y temería que eso ocurriera ahora de no ser porque ahora viajamos entre muchas personas. Fue un error ir pocos la última vez, y agradezco que tuvieran la sensatez de no repetirlo.
Empiezo a preguntarme si el camino de regreso es eso mismo y no un comienzo. No estoy segura. El humor del capitán es mejor con los demás, y pronto es como si no hubiera pasado nada. Empiezo a comprenderlo un poco más, pero no puedo negar que me confundo a partes iguales.
El único problema es que no ha cruzado palabra con Declan desde hace un par de días, pero no pude hablar de eso con mi amigo. No tengo intención de preguntar para arruinar todo el avance que es que ambos caminen relativamente cerca sin intentar atacarse.
Sólo fue una vez y sucedió al subir el equipaje. Ambos se fueron por su lado a propósito y ni una sola vez cruzaron miradas. No creo que vayan a estar peleados por mucho tiempo, porque al final ambos están al mando en cierto modo.
—Tenemos que hacer escala en dos sitios —me cuenta Cass sin apartar la mirada del camino—. No creo que esto vaya a ser muy rápido, así que tengo la propuesta de cruzar en barco para no conducir por el bosque de pinos.
Casi adivino lo que quiere sin que me lo diga, pero espero a confirmarlo.
—Declan tiene que aprobarlo, ¿no? —murmuro, distraída.
—Sí, pero... Ya sabes, contigo no...
—Se lo preguntaré cuando lleguemos a donde sea que acampemos —accedo, y aguanto una sonrisa—. Yo sería genial al mando. Tengo iniciativa, tengo potencial, admítelo.
—Vaya. No sabía que repetir mis órdenes era una cualidad de líder.
—Estás de amargado sólo porque quiero quitarte tu puesto —me rio, aunque capté su propia sonrisa en la voz.
El viento de la tarde me da en la cara cuando pasamos cerca de un bosque con varios ríos, bastante lejos de la ciudad. Me pareció interesante el cambio de paisaje, y no me molesto en ocultar mi interés al comentarlo.