Rhea
El humo está por todas partes, hace que me lagrimen los ojos.
Ya no sé si es el humo o estoy llorando.
La casa en ruinas está frente a mí, ardiendo en llamas, pero sólo pienso en él. Escucho sus gritos en el segundo piso, tiene que ser él.
Quizá esté herido, pero no sé por qué todo resulta más complicado.
Subo las escaleras, trato de no quemarme con la madera crepitante que cae a mis pies. El capitán grita mi nombre, él nunca pide ayuda.
Sigo corriendo por el pasillo, que parece interminable.
No está por las escaleras, no está por el corredor. El humo gris se me pega a la garganta, pero no pienso ahogarme hasta saber que está bien.
Abro la puerta de la habitación, la única a la vista y al entrar está vacía.
Lo último que veo es a él, que tiene una espada apuntándome. No está herido. Él es quien quiere hacerme daño.
—Rhea...
No puedo respirar.
—Rhea... ¡Rhea!
Levanta la espada, juega con ella mientras hace relucir el metal. La acerca hacia mi pecho...
Me siento de golpe en el césped, devuelta en el bosque. El corazón me va demasiado rápido, pero estoy aquí. No estoy en ninguna casa.
Sólo estaba soñando.
Me llevo una mano al pecho, todavía sin quitarme esa sensación espantosa de encima. Sin embargo, quien me despertó fue Cassander, que me mira preocupado.
—Tranquila, ya terminó —dice, adivinando lo que quería contarle. Me atrae hacia él, y recuerdo dónde nos dormimos anoche. O me dormí. El capitán ha hecho guardia junto al mismo árbol bajo el cual vimos el anochecer, mientras hacíamos escala en el bosque que queda a varios kilómetros de nuestro hotel, nos movimos apenas volvió del trato pasada la medianoche.
Miro a nuestro alrededor, todavía quiero confirmarlo. El nudo en mi garganta se asemeja tanto al ardor del humo que me siento ahí de nuevo.
Caigo en cuenta de sus brazos alrededor de mi cintura, y no hace falta más para que las lágrimas caigan sin control.
Me aferro a él, a su camisa, casi inconsciente, mientras trato de encontrar algún sentido a ese sueño. No puede tenerlo.
Yo lo amo, no puede significar nada.
Me acaricia, me dice que todo está bien. Pero no lo está.
Puedo sentirlo. No sé qué significa exactamente, pero no está nada bien.