El secreto de Poregrath

36

Rhea

Apenas nos despertamos al día siguiente, nos ponemos en marcha de vuelta al campamento. Al final, el primer plan resultó el elegido, y todo porque recién recordaron el aniversario. El capitán, mejor dicho. Es algo importante por aquí si incluso él ha decidido retrasar el viaje.

No es que el viaje de vuelta fuera especialmente largo, pero esta vez se sintió más lento que el primero. La verdad no tengo muchas ganas de hacer conversación por el camino con Viverette, porque no logro librarme de la sensación de anoche.

Me limito a ver el paisaje, que poco a poco se asemeja a los robles ya tan conocidos por nosotros. Dentro de la carroza, la ayudo a terminar las guirnaldas y es Dewell quien conduce y responde a las bromas de mi amiga de vez en cuando. Ellos se llevan especialmente bien, y eso me alegra el camino.

Usamos margaritas para trenzarlas con musgo, y dentro de poco todo ya está casi listo para decorar el claro.

Cuando nos asomamos a la colina que lleva hasta ahí, escuchamos las voces alegres de todo el mundo. El aire se siente como lo conozco: estamos de vuelta.

Me parece una celebración divertida, pero tenemos asuntos pendientes antes de pensar en ello. Todo el grupo ayuda a descargar los carruajes, e incluso yo ayudo. Es imposible no fijarse de quién tiene una plática pendiente conmigo, porque antes de percatarme ya está llevándome lejos una vez que Cass entra en la tienda del líder con el resto del grupo para guardar las ganancias.

Caminamos un poco dentro del bosque, hasta que estamos considerablemente lejos.

—¿Por qué fue esa... explosión en medio del viaje? —pregunto, sin poder evitarlo—. En serio no entiendo por qué debía pasar justo después de haber salido de la casa, que estaba todo tan bien.

—Con él nada nunca está bien —Declan trata de conservar la paciencia, pero por el tono sé que no lo logrará. Mira a nuestro alrededor antes de hablar otra vez—. Rhea, será mejor que no me reclames por su estado de ánimo, porque lo conoces mejor que yo.

—No te reclamo por eso —replico, sin poder creerlo—. Es que no entiendo por qué justo cuando todo estaba saliendo tan bien tuviste que... ¿No pudo ser después? No la está pasando bien desde hace un tiempo, tú también lo sabes.

—Estás encubriéndolo —se ríe, y no entiendo.

—¿Encubrirlo de qué?

—Estoy casi seguro de que lo sabes. Dudo que después de casi matarte en esa habitación no mencionara nada al respecto.

Estaba tratando de ser paciente hasta el momento.

—¿Matarme? —repito, con un tono de lo más hiriente—. ¿Qué te pasa?

—Pregúntale todo lo que quieras a él.

—Eres su mejor amigo... ¡No puedes decirle eso!

—Él era mi mejor amigo y destruyó mi vida.

Tiene una seriedad en la voz que daría verdad a cualquier cosa. Miro a mi alrededor, tratando de mantener en orden mis pensamientos, pero él se adelanta.

—¿Sabes por qué Cassander te busca siempre? —pregunta en voz baja, sin dejar de sonreír—. Porque eres lo que llena su vacío. Eres eso para él. Pero no te das cuenta.

Eso que dijo podría ser verdad si yo así lo pensara. Pero sólo quiere lastimarme.

—¿Qué vacío podría estar llenando? —suelto con un hilo de voz.

Mi amigo parece haber dejado de mirarme a mí, porque su mente vaga lejos. Yo sólo quiero respuestas.

—Declan, eres mi amigo...

—No, Rhea —replica, esbozando una sonrisa tenue—. Era tu amigo. No me necesitas más ahora que lo tienes a él.

Abro la boca para replicar, pero lo dice totalmente convencido. No puedo creer que hable en serio.

Cada momento juntos, cuando llegué al campamento, no fue el capitán quien me salvó, fue Declan. Él era mi único amigo y aun cuando todos me querían lejos se quedó ahí. Me salvó de morir en el minuto en que nos conocimos.

El collar del lirio que me regaló me arde contra el pecho en un recuerdo que ya no será el mismo. No es que no lo necesite. No es que no quiera ser su amiga. No puede pensar así de mí, porque no me olvido de todo lo que ha hecho por nuestra amistad. Porque no me olvido de él.

Regreso al campamento después de decidir que es inútil la conversación, este chico no quiere escucharme apenas pronuncio media palabra. Viverette se divierte con Dewell alrededor del fuego, donde está casi todo el campamento. Sólo necesito dejar ahí la bolsa de provisiones, no me la he quitado de alrededor de la cintura desde que llegamos. Quizá hoy sea una tarde divertida sin contar lo que me recibió, pero sé que de todos modos me disculparé con Declan más tarde.

Dejo la bolsa de cuero sobre el escritorio cuando entro a la tienda, al tiempo que me cambio el vestido por otro menos cómodo, a petición de Viverette. Dice que hoy es una ocasión especial, así que opto por el azul con mangas de encaje.

Una vez que termino estoy a punto de volver al claro cuando veo una vela encendida junto a la alacena. La apago, pero me quedo paralizada al darme cuenta de que no dormí aquí ayer.

El porta vela de plata está sobre un papel doblado que no recuerdo para nada haber dejado ahí.

Despacio, me acerco y sólo una vez con el papel entre los dedos todo comienza a dar vueltas.

¿De qué está hablando?

Es una nota del capitán. Reconozco su letra porque en los mapas tenía escrito muchas rutas, la vi una sola vez en el hotel de la ciudad.

No sé qué decir, qué sentir. Me duele respirar.

—Pensé que no se molestaría.

Esa voz viene de la entrada de la tienda, más bien a unos pasos al interior.

Y es el líder quien está aquí. Koren me observa con detenimiento y por alguna razón arrugo el papel entre mis dedos como fuera algo malo.

—¿Qué? —sigue el hombre, divertido—. ¿También se despidió de ti? Tuvimos una plática antes de irse.

No quiero que esté aquí. No me agrada que sea tan amable después de los últimos días en que estoy segura de que no quería tenerme cerca. Me aferro a la punta de la madera del escritorio que tengo detrás, pero se acerca con calma a tenderme otra nota de distinto papel.




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