El silencio que siguió al apagón fue más pesado que la oscuridad misma. Julián sentía el pulso retumbando en sus oídos mientras la única fuente de luz en el taller provenía del centro del manuscrito. Las runas doradas ya no solo flotaban; ahora giraban en un vórtice lento, proyectando sombras imposibles contra las paredes repletas de relojes y libros viejos.
—Julián, apártate de la mesa —la voz del señor Vane no sonó como la de un anciano asustado, sino como una orden militar.
Julián intentó soltar el libro, pero sus dedos se sentían pegados al pergamino. La luz dorada empezó a trepar por sus guantes de algodón, volviéndolos transparentes.
—¡No puedo! —exclamó Julián. Su voz tembló—. Siento que... que el libro me está leyendo a mí.
Afuera, en la calle empedrada, se escuchó el chirrido de metal arrastrándose. A través del escaparate empañado, Julián vio tres figuras altas y delgadas. Vestían túnicas grises que parecían hechas de ceniza y sus rostros estaban ocultos tras máscaras de plomo pulido. No caminaban; se deslizaban con una rigidez sobrenatural hacia la puerta.
El señor Vane soltó un juramento en un idioma que Julián no reconoció. El anciano corrió hacia la chimenea apagada y presionó un ladrillo oculto. Con un crujido de engranajes oxidados, la estantería de historia antigua comenzó a pivotar, revelando un pasaje estrecho que olía a humedad y a agua de río.
—Son los Escribas de Plomo —dijo Vane, agarrando a Julián por el hombro con una fuerza asombrosa—. Si entran y te encuentran con el Códice despierto, no dejarán ni tus cenizas. ¡Muévete!
Justo cuando Julián lograba cerrar el libro de golpe, la puerta principal del taller estalló. No saltó en pedazos, sino que se deshizo en un polvo fino y gris, como si los siglos la hubieran consumido en un segundo.
Julián y Vane se lanzaron al pasaje secreto justo cuando la primera figura de plomo cruzaba el umbral, dejando una huella de escarcha negra sobre el suelo de madera.
La aventura no había hecho más que empezar, y Julián acababa de robar, sin querer, el objeto más peligroso de Praga.