El secreto de Voynich

Capítulo 11: El Corazón Esmeralda

El Bosque Esmeralda no se parecía a nada que Julián hubiera visto en sus libros de botánica. Aquí, los árboles no buscaban la luz del sol; ellos eran la luz. Gigantescas estructuras de madera traslúcida se alzaban hacia el cielo verde, con hojas que vibraban al paso del viento, emitiendo un sonido similar a mil arpas tocando al unísono.

—No te separes del sendero, Julián —advirtió Elian, apartando una liana de luz con su mano de tono oliva—. El bosque es un ser consciente. Si siente que tu pulso no está en armonía con el Códice, los filamentos te atraparán para convertirte en parte del abono.

Julián asintió, sintiendo el hormigueo constante de la plata en sus brazos. Sus venas brillaban con más fuerza a medida que se adentraban en la espesura. No necesitaba una brújula; su propio cuerpo se inclinaba hacia la dirección donde la magia era más densa. Era como si el bosque y él estuvieran conversando en un lenguaje de vibraciones que solo ellos entendían.

Sin embargo, la belleza se veía interrumpida por manchas de una oscuridad antinatural. Vieron un grupo de arbustos que, en lugar de brillar, goteaban un líquido gris espeso. El plomo estaba devorando la melodía del bosque, silenciando las hojas y convirtiéndolas en estatuas de metal muerto.

—La infección ha llegado al sistema radicular —observó Vane, arrodillándose para examinar una raíz ennegrecida—. Si no alcanzamos el Árbol Madre pronto, el corazón de este mundo dejará de latir.

De repente, un crujido metálico rompió la armonía de las arpas. De entre los árboles infectados surgió una criatura que alguna vez fue un ciervo del bosque, pero cuyo cuerpo ahora estaba recubierto por una costra de plomo reluciente. Sus ojos eran dos pozos de sombra y sus astas, afiladas como cuchillas de hierro, apuntaban directamente hacia Julián.

—El libro... —siseó el ciervo corrupto con una voz que no era suya—. El Escriba... lo reclama.

Julián no huyó. Abrió el Manuscrito Voynich y, por primera vez, no buscó una página al azar. Su mente llamó a la sección de Farmacia. El libro respondió, abriéndose en una ilustración de una raíz dorada. La luz de la página envolvió sus manos, y Julián se preparó para su primera batalla real.




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