KENJI
San Francisco | Villa Kumo
El comedor de la villa huele a madera de cedro y a la cena que el servicio acaba de dejar sobre la mesa de piedra oscura. A mi derecha, Jax se sirve una copa de vino con la misma confianza de quien es dueño del lugar. No hay protocolos rígidos aquí dentro; los muros de esta casa son el único lugar del mundo donde puedo dejar de ser el Oyabun para ser simplemente un hombre.
—Esa cara me dice que el cargamento de Long Beach te está dando dolor de cabeza —dice Jax, dejando la botella sobre la mesa. Su acento londinense ha perdido parte de su aspereza con los años en California, pero su mirada sigue siendo igual de aguda.
—No es el cargamento, es la lentitud de las Tríadas para autorizar la nueva ruta —respondo, tuteándolo con la naturalidad de una vida entera de batallas compartidas—. Quieren más porcentaje.
—Son unos buitres —apunta él con una sonrisa ladeada—. Pero para eso tenemos a la hacker. En cuanto limpie los fondos de la semana pasada, tendrán que morderse la lengua.
Akemi entra en el comedor en ese momento, rompiendo la burbuja de testosterona. Se sienta al lado de Jax, y noto cómo él se tensa casi imperceptiblemente, centrando toda su atención en su plato.
—¿Otra vez hablando de trabajo? —pregunta Akemi, lanzándole una mirada a Jax que él finge no ver—. Jax, me prometiste que me ayudarías con la seguridad de mi coche nuevo.
—Lo haré, Akemi. En cuanto termine de enviarle la auditoría a Elena —responde él sin mirarla, concentrado en su copa.
Observo la escena en silencio. Jax es mi hermano en todo lo que importa, pero sé que su lealtad es su mayor virtud y, a veces, su mayor tortura.
ELENA
Seattle | 11:45 PM
Mi vida social se resume a las bromas sarcásticas que intercambio con Jax por el chat encriptado. A veces olvido que no sé qué aspecto tiene, o que él no sabe que trabajo en pijama y con el pelo hecho un desastre. Para él, soy solo un cerebro eficiente detrás de una pantalla. Para mí, él es la única conexión con un mundo real que parece cada vez más lejano.
Me recuesto en mi silla, observando las luces de Seattle parpadear a través del cristal. El silencio de mi apartamento es tan denso que puedo oír el zumbido de mis propios pensamientos.
Un aviso de mensaje ilumina el monitor principal.
Jax: Te envío el paquete de la semana. Es un lío, pero confío en que lo arregles. Avísame cuando lo tengas.
Elena: ¿Alguna vez me envías algo que no sea un lío, Jax?
Jax: Si fuera fácil, no te pagaríamos lo que te pagamos. Hablamos mañana.
Hago clic en el botón de descarga. "Proyecto_Kumo_Auditoria.zip". Es un archivo pesado. Mientras la barra de progreso avanza, voy a la cocina a prepararme otro café. No tengo prisa. En mi mundo, el tiempo se mide en bits por segundo y nada interesante ocurre nunca después de medianoche.
O eso creía hasta ahora.
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Editado: 25.01.2026