_**ELENA**_
Seattle | 00:10 AM
Mis manos tiemblan tanto que el ratón golpea contra la madera del escritorio. En la pantalla, el hombre del tatuaje —Kenji— sigue ahí, congelado en un fotograma de violencia pura. Es una imagen que no debería existir, un secreto que pesa toneladas.
—Piensa, Elena. Piensa —me ordeno a mí misma, apretando los dientes.
Lo primero que hago es lo más básico: tapar la webcam con un trozo de cinta aislante negra. Siento que esos ojos oscuros del vídeo pueden saltar a través de la red y encontrarme. Luego, inicio un protocolo de "Borrado de Emergencia". Es un software que yo misma diseñé para un caso como este, pero al ejecutarlo, el sistema me escupe un error que me hiela la sangre:
ERROR: Acceso denegado. Protocolo de custodia activo.
Jax ha bloqueado mi salida. No puedo borrar los archivos porque el servidor de origen ha tomado el control de mi máquina. Soy una prisionera dentro de mi propia red.
Un escalofrío me recorre la espalda cuando veo que la luz verde de mi disco duro externo empieza a parpadear frenéticamente. Están accediendo a mis archivos personales. Están buscando mi dirección, mi historial médico, mis fotos... me están desnudando digitalmente.
—No les voy a dar el placer —susurro.
Me agacho bajo el escritorio y arranco los cables de alimentación de cuajo. El silencio que sigue es sepulcral. Los ventiladores se apagan y la habitación se queda a oscuras, solo iluminada por el resplandor naranja de las farolas de la calle.
Corro al dormitorio. No enciendo las luces; me muevo por instinto. Saco una mochila de deporte y meto lo esencial: el portátil que nunca conecto a internet, mis ahorros en efectivo y un viejo teléfono prepago. Me pongo una sudadera negra con capucha para ocultar mi rostro de las cámaras del pasillo.
Me detengo un segundo ante la puerta principal. Sé que mi edificio tiene seguridad, pero ¿de qué sirve un conserje jubilado contra el hombre que maneja katanas en muelles oscuros?
Miro por la mirilla. El pasillo está desierto, las luces fluorescentes parpadean con un tono amarillento. Respiro hondo, abro la puerta y salgo al corredor, moviéndome hacia las escaleras de emergencia. No pienso usar el ascensor; sería una trampa perfecta. Mientras bajo los escalones de metal de dos en dos, el eco de mis propios pasos me suena como una cuenta atrás.
_**KENJI**_
En algún lugar sobre el Pacífico | 00:45 AM
El interior del jet privado es un oasis de cuero blanco y luces tenues, pero el ambiente es asfixiante. Jax está sentado frente a mí, con un portátil sobre las rodillas, tecleando con una furia contenida.
—Se ha desconectado —dice Jax sin levantar la vista—. Ha arrancado los cables. He perdido el acceso a su red local.
—Es inteligente —respondo, observando cómo el hielo se derrite en mi vaso de whisky—. Sabe que el cable de red es su correa y lo ha cortado.
—Kenji, si sale de ese apartamento, será mucho más difícil encontrarla sin llamar la atención de las autoridades locales.
Me reclino en el asiento, cerrando los ojos. Puedo imaginarla: una mujer joven, brillante, corriendo por los callejones de Seattle con el corazón en la garganta. Hay algo en esa imagen que me produce una extraña mezcla de irritación y fascinación. Nadie huye de mí. Nadie ha tenido nunca el valor, o la estupidez, de intentar esconderse una vez que los he marcado.
—No irá muy lejos —sentencio con calma—. No tiene a nadie. No tiene familia, no tiene amigos que no sean contactos encriptados. Su mundo es digital, y yo acabo de apagarle el internet. Es como un pez fuera del agua; acabará boqueando en la orilla.
Me toco el cuello, justo donde empieza el tatuaje del dragón bajo la camisa de seda.
—En cuanto aterricemos, Jax, quiero que satures la zona. No quiero que se dispare ni una bala. Ella es un activo de la organización, y ahora más que nunca, es una posesión personal.
Abro los ojos y miro por la ventanilla. Las nubes pasan a toda velocidad bajo nosotros. Elena cree que está huyendo, pero no entiende que lo que ha visto no es solo un secreto comercial. Ha visto mi alma, mi verdadera naturaleza. Y en mi mundo, cuando alguien ve tanto, solo tiene dos opciones: pertenecer al dragón o ser devorado por él.
—Dile al piloto que acelere —ordeno—. Tengo curiosidad por ver cuánto tiempo aguanta un fantasma antes de que lo atrape la realidad
#5178 en Novela romántica
#1983 en Otros
#350 en Acción
mafia, amor mentira traiciones autoestima, mafia acción secuestro
Editado: 25.01.2026