_**ELENA**_
Seattle | 02:15 AM
Tengo la boca seca y el corazón me golpea la garganta con tanta fuerza que me cuesta respirar. Kenji está tan cerca que puedo oler su perfume: una mezcla de sándalo, cuero y algo frío, como el acero. Su presencia no solo ocupa el espacio físico; drena el oxígeno de la habitación.
—Yo... no he visto nada —suelto, y mi voz suena más firme de lo que esperaba, aunque mis manos, ocultas bajo el escritorio, están crispadas—. El archivo estaba corrupto. Se cerró en cuanto hice clic. Tu sistema de seguridad debe haber dado un falso positivo.
Kenji no parpadea. Sus ojos oscuros recorren mi rostro como si estuviera leyendo el código fuente de mi alma. No hay rastro de duda en él, solo una paciencia depredadora.
—Eres una mentirosa mediocre, Elena —dice con una voz que es como seda sobre cuchillas—. Una hacker de tu nivel no deja que un archivo se cierre sin intentar rastrear el origen. Tu curiosidad es lo que te hace valiosa. Y es lo que te acaba de condenar.
—Es la verdad —insisto, intentando mantener la mirada—. Hubo un error en el protocolo de descarga. Jax puede decírtelo. No vi el vídeo, no vi los manifiestos. Solo vi una pantalla en negro y luego mi sistema se bloqueó. No soy una amenaza porque no sé nada.
Kenji suelta una risa corta, carente de humor. Se inclina un poco más, apoyando las manos en los reposabrazos de mi silla, atrapándome.
—Si no hubieras visto nada, no habrías arrancado los cables de cuajo. No habrías intentado huir por una escalera de incendios con una mochila llena de efectivo y un pasaporte falso —su mano se mueve con una rapidez aterradora, atrapando mi mentón para obligarme a mirarlo de frente—. No me insultes intentando parecer estúpida. Los dos sabemos que has visto al dragón. Y ahora el dragón ha venido a reclamar el pago por el secreto.
_**KENJI**_
Seattle | Piso 42 | 02:20 AM
Mirarla de cerca es fascinante. A través de la pantalla parecía una entidad abstracta, pero aquí, bajo la luz mortecina de las farolas, Elena es una mezcla de fragilidad y una voluntad de acero que se niega a doblarse. Me miente a la cara con una valentía que casi me hace admirarla. Casi.
—No sé de qué me hablas —insiste ella, aunque su pulso, que puedo ver saltar en su cuello, dice lo contrario.
—Viste cómo ejecutaba a ese hombre —susurro, deslizando mi pulgar por la línea de su mandíbula. Siento cómo se estremece bajo mi tacto—. Viste las armas. Viste mi rostro.
Me giro hacia Jax, que permanece en las sombras de la puerta, observando la escena con una mezcla de culpa y alivio por haberla encontrado.
—Jax, dile a la señorita lo que hacemos con los testigos que mienten —ordeno sin apartar la vista de Elena.
—Normalmente, Kenji, no llegamos a tener esta conversación —responde Jax con su tono seco—. Los testigos dejan de serlo antes de que amanezca.
Vuelvo a centrarme en ella. El miedo en sus ojos es ahora un incendio absoluto, pero no hay súplica. Ella espera el golpe. Es valiente, y eso es lo que la hace peligrosa.
—Tienes una mente que vale billones, Elena. Sería un desperdicio dejarla esparcida por este suelo de madera —suelto su mentón y me incorporo, recuperando mi posición dominante—. Así que te voy a dar una opción. Puedes quedarte aquí y esperar a que mis hombres limpien este apartamento... contigo dentro. O puedes venir conmigo.
Ella traga saliva, su mirada viaja de mí a Jax y luego a sus monitores apagados.
—¿Venir contigo a dónde?
—A mi mundo —respondo, y por primera vez le dedico una sonrisa que no augura nada bueno—. Vas a ser mi sombra digital. Vas a vivir en mi villa, bajo mi techo y bajo mis reglas. No vas a volver a tocar un teclado que yo no supervise. No vas a volver a ver la luz del sol si yo no lo permito.
—¿Y si me niego? —pregunta con un hilo de voz.
Me doy la vuelta y empiezo a caminar hacia la salida, dándole la espalda, sabiendo perfectamente que no tiene elección.
—Entonces el vídeo que viste esta noche será lo último que tus ojos procesen en este mundo. Jax, recógela. Tenemos un vuelo que tomar.
#5178 en Novela romántica
#1983 en Otros
#350 en Acción
mafia, amor mentira traiciones autoestima, mafia acción secuestro
Editado: 25.01.2026