Al día siguiente, Elara baja al puerto para comprar provisiones. Allí se choca con Lucas, un hombre de ojos oscuros y mirada intensa, que revisa planos del faro. Hay una chispa instantánea entre ellos, pero él se muestra reservado. Le cuenta que ha sido contratado por el ayuntamiento para restaurar la estructura, aunque no le dice por qué aceptó el trabajo en un pueblo tan apartado. Al irse, Elara nota que él mira el diario que lleva en la mano con una expresión extraña.