El secreto del farol de piedra

Capítulo 4: La leyenda de las gemelas

Al día siguiente, habla con la señora Carmen, la dueña de la panadería, una de las pocas personas que habla con ella. Le cuenta la leyenda: hace siglos, dos hermanas gemelas vivían aquí; una amaba al mar, la otra lo odiaba. Se dice que sus almas quedaron atrapadas, y que cada generación aparece una mujer idéntica a ellas, destinada a repetir su destino. Elara se estremece: todos dicen que se parece mucho a Mariana.

Cuando entró a la tienda, el olor a pan recién horneado y a canela la envolvió de inmediato, pero notó que la gente del lugar la miraba con miradas extrañas, mezcla de curiosidad y desconfianza. Se acercó al mostrador, donde la señora Carmen estaba amasando masa con movimientos tranquilos y seguros.
—Buenos días —dijo Elara con voz suave—. Vengo a preguntarle por el pueblo, por lo que pasó hace mucho tiempo.
La señora Carmen se detuvo, limpiándose las manos en un paño blanco. La miró fijamente, como si estuviera leyendo algo en sus ojos que nadie más podía ver. Luego, bajó la voz, como si tuviera miedo de que alguien más escuchara.
—Tú te pareces mucho a ella —dijo ella, su voz suave pero seria—. Muchísimo. Todo el mundo lo dice. Y eso asusta, porque la historia de las gemelas sigue viva aquí.
—¿Gemelas? —preguntó Elara, acercándose más—. ¿De qué historia habla?
La señora Carmen se sentó en una silla detrás del mostrador, haciendo una señal para que Elara se sentara también. El ambiente se volvió más tranquilo, como si el tiempo se hubiera detenido por un momento.
—Hace muchos años, cuando este pueblo se estaba construyendo, vivían aquí dos hermanas que eran idénticas —empezó a contar ella, mirando hacia la ventana como si pudiera ver el pasado—. Ambas eran hermosas, pero muy diferentes. Una amaba el mar, le gustaba caminar por la orilla, escuchar el ruido de las olas y sentirse libre. La otra tenía miedo del agua, creía que era peligrosa y que guardaba cosas malas.
—¿Y qué pasó con ellas? —preguntó Elara, sintiendo que su corazón se aceleraba.
—Un día, desaparecieron las dos —continuó la señora Carmen, con una voz llena de tristeza—. Nadie supo qué les pasó. Algunos dicen que el mar se las llevó, otros que huyeron lejos. Pero lo que nadie duda es que sus almas quedaron atrapadas aquí. Se dice que cada generación nace una mujer que se parece a ellas, que lleva su destino en su sangre. Y que cuando esa mujer llega, las cosas empiezan a cambiar.
Se quedó en silencio por un momento, mirando a Elara con compasión.
—Tu abuela sabía esto —añadió ella—. Por eso te llamó aquí. Sabía que tú eras la elegida. Y también sabía que esto no sería fácil.
Elara sintió que el mundo a su alrededor se volvía más denso, más misterioso. Todas las piezas del rompecabezas empezaban a encajar, pero al mismo tiempo, muchas preguntas seguían sin respuesta. ¿Era solo una leyenda, o había algo de verdad en ella? ¿Y qué significaba todo esto para ella?
Salió de la panadería con la mente llena de pensamientos, caminando despacio por las calles empedradas del pueblo. Miró hacia el faro, que se alzaba en la distancia, solitario y fuerte, como un guardián que vigilaba todo lo que sucedía a su alrededor. Y por primera vez, se dio cuenta de que aquel lugar no era solo un pueblo cualquiera. Era un lugar con historia, con secretos y con un destino que parecía estar escrito desde hacía mucho tiempo.



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En el texto hay: misterio amor, suspenso amor

Editado: 09.05.2026

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