El secreto del farol de piedra

? CAPÍTULO 9: UNA PRESENCIA EN LA CASA

Las noches en la casa de la costa eran diferentes a cualquier otro lugar. El viento soplaba con fuerza, golpeando las ventanas y haciendo que las puertas crujieran como si estuvieran hablando entre sí. El mar, que durante el día parecía tranquilo y azul, se volvía oscuro y agitado por la noche, con olas que chocaban contra las rocas creando un sonido que parecía un lamento lejano.
Elara llevaba varios días sintiendo que no estaba sola. Cada vez que se quedaba en la casa, sentía que había alguien más presente, como si hubiera una energía en el lugar que no se podía ver con los ojos, pero que se podía sentir en el aire.
Una noche, se despertó de repente. No sabía por qué, pero sentía que algo no estaba bien. Se sentó en la cama, mirando a su alrededor. La habitación estaba oscura, solo se veía la luz tenue que entraba por las ventanas, iluminando parte de la habitación con una luz grisácea.
De repente, vio una sombra que se movía por el pasillo. Era una sombra grande, que se desplazaba despacio, como si estuviera caminando con cuidado, tratando de no hacer ruido. El corazón de Elara comenzó a latirle con fuerza, y sintió que el miedo le subía por el pecho, pero decidió no gritar ni asustarse. Quería saber quién era o qué era lo que estaba allí.
Se levantó despacio, tomando una vela que tenía sobre la mesa de noche, y encendió la llama. La luz cálida iluminó la habitación, pero la sombra ya había desaparecido. Miró hacia la puerta: estaba cerrada con llave, y no había ningún rastro de que alguien hubiera entrado o salido.
Se acercó a la puerta y la tocó. Estaba cerrada, igual que siempre. Miró por la ventana: afuera no había nadie, solo la oscuridad y la niebla que cubría todo el paisaje.
—¿Quién estás? —preguntó en voz baja, como si alguien pudiera escucharla.
No hubo respuesta, pero sintió que alguien la estaba mirando desde algún lugar. Se acostó de nuevo en la cama, pero no pudo dormir. Sus pensamientos daban vueltas en su cabeza: ¿era su imaginación? ¿O realmente había alguien en la casa? ¿Y qué quería de ella?
A la mañana siguiente, cuando se despertó, miró alrededor de la habitación. Todo estaba en su lugar, pero notó que algo había cambiado. Sus libros, que ella había dejado ordenados sobre la mesa, estaban un poco desordenados. Sus zapatos, que había puesto al lado de la cama, estaban colocados de una forma diferente. Y sobre la mesa, había una flor seca, que no había estado allí antes. Era una flor que crecía cerca del mar, de color blanco, y que parecía haber sido traída desde la playa.
Tomó la flor con cuidado, sintiendo que estaba fría. Miró por la ventana hacia la playa, que estaba a pocos metros de distancia. Nadie había pasado por allí desde que había amanecido, y la arena estaba tranquila, sin huellas que indicaran que alguien había caminado por ella.
Esa tarde, cuando Lucas llegó para seguir investigando en el faro, Elara le contó todo lo que había pasado. Le habló de la sombra, de los objetos que habían cambiado de lugar y de la flor que había encontrado.
Lucas escuchó con atención, y su expresión se pusió seria.
—Esto ha estado pasando desde que llegaste —dijo él, mirándola a los ojos—. En mi familia siempre hemos sabido que este lugar tiene una energía especial. A veces, las personas que han vivido aquí antes vuelven, no como fantasmas asustadores, sino como personas que quieren que se sepa la verdad. Mariana no se fue por su propia voluntad, y ella no quiere que lo olvidemos. Pero también hay alguien que no quiere que descubramos nada, alguien que está dispuesto a hacer cualquier cosa para que el secreto se quede donde está.
Elara sintió que lo que le decía tenía sentido. Todas las piezas empezaban a encajar, y entendió que lo que estaba viviendo no era solo una coincidencia. Estaba en el centro de una historia que había empezado mucho antes de que ella naciera, y que ahora dependía de ella y de Lucas para ser resuelta.
—No tengo miedo —dijo Elara, con voz firme—. Estoy aquí para saber la verdad, y no me iré hasta que la conozca.
Lucas le sonrió, y en su mirada vio fuerza y valentía.
—Yo tampoco me iré —respondió él—. Estamos juntos en esto, pase lo que pase.



#3205 en Novela romántica
#332 en Thriller
#147 en Misterio

En el texto hay: misterio amor, suspenso amor

Editado: 09.05.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.