El secreto del príncipe Heredero

La Arena

El trayecto de regreso transcurrió en silencio.

El carruaje avanzaba con suavidad sobre el camino empedrado, mientras el sonido rítmico de las ruedas llenaba el espacio que ninguno de los dos parecía dispuesto a ocupar con palabras.

Leonel observaba el paisaje a través de la ventanilla, aunque no prestaba verdadera atención.

Era consciente de la presencia frente a él.

No resultaba incómoda.

Pero tampoco pasaba desapercibida.

-El palacio es grande -dijo finalmente, sin apartar la vista del exterior.

No era una advertencia.

Tampoco una bienvenida.

El otro respondió tras una breve pausa.

-Eso parece.

Leonel esbozó apenas una sonrisa mínima.

-Puede resultar... fácil perderse.

-Entonces procuraré no hacerlo.

La respuesta llegó con la misma calma que antes.

Sin esfuerzo.

Sin intención aparente de impresionar.

Leonel giró ligeramente el rostro esta vez, observándolo por primera vez con algo más de detenimiento.

No encontró nerviosismo.

Tampoco expectativa.

Solo esa misma quietud.

Como si nada en aquel entorno le resultara verdaderamente ajeno.

Desvió la mirada de nuevo.

---

El carruaje se detuvo poco después frente a las puertas principales del palacio.

Los sirvientes se apresuraron a abrir paso, inclinándose con respeto al ver descender al príncipe.

Leonel descendió primero.

El aire era distinto allí. Más frío. Más contenido.

-Ven -indicó sin volverse-. Te mostraré dónde te alojarás.

No esperó respuesta.

Comenzó a avanzar por los amplios pasillos, acostumbrado a que los demás lo siguieran.

Los pasos detrás de él no se apresuraron.

Pero tampoco se retrasaron.

Se mantuvieron a una distancia exacta.

Ni demasiado cerca.

Ni demasiado lejos.

Leonel lo notó.

No dijo nada.

---

Atravesaron varias galerías antes de detenerse frente a una puerta.

-Esta será tu habitación.

Un sirviente abrió de inmediato.

El interior era amplio, sobrio, preparado con anticipación.

Todo en su lugar.

Todo como debía ser.

Leonel observó el espacio apenas un instante antes de hablar.

-Si necesitas algo, puedes pedirlo.

Pausa.

-Aunque no siempre lo tendrás de inmediato.

El otro dejó que su mirada recorriera la estancia sin prisa.

-Es más de lo que estoy acostumbrado.

No hubo sorpresa en su tono.

Solo una constatación.

Leonel apoyó ligeramente el hombro contra el marco de la puerta.

-Te acostumbrarás.

El otro lo miró entonces.

-No estoy seguro de querer hacerlo.

La respuesta no fue desafiante.

Tampoco sumisa.

Simplemente... sincera.

Leonel lo sostuvo la mirada un instante más de lo habitual.

Había algo en esa forma de hablar que no terminaba de encajar con lo que esperaba.

-Ya veremos.

Se incorporó.

-Mañana te mostraré el resto del palacio.

Se giró para marcharse... pero se detuvo antes de dar el primer paso.

-No todos aquí son... pacientes con lo desconocido.

No explicó más.

No hacía falta.

El otro asintió levemente.

-Lo tendré en cuenta.

---

Leonel se retiró sin añadir nada más.

El eco de sus pasos se perdió entre los pasillos mientras la puerta se cerraba a su espalda.

Y, por primera vez desde que había comenzado el día...

no pensó en la arena.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.