El palacio no tardó en recuperar su ritmo habitual.
Sirvientes que iban y venían, puertas que se abrían con precisión medida, voces bajas que nunca llegaban a romper el silencio del todo.
Leonel avanzaba por los pasillos con la misma familiaridad de siempre... aunque esa mañana le resultaba ligeramente más pesada.
No por el lugar.
Por la idea de tener que compartirlo.
No había regresado a la habitación del invitado.
No era necesario.
Tarde o temprano, volverían a cruzarse.
-Leonel.
La voz lo alcanzó antes de que pudiera ignorarla.
Cerró los ojos un segundo.
Solo uno.
-Mi vidita... ¿pretendías pasar de largo sin saludarme?
Leonel exhaló con lentitud antes de girarse.
Laila ya estaba allí.
Como siempre.
Impecable.
Sonriente.
Demasiado cercana.
-Laila -respondió, con la cortesía justa-. No te había visto.
-Claro que no -replicó ella, acercándose un paso más-. Últimamente pareces distraído.
No esperó respuesta.
Nunca lo hacía.
Sus dedos rozaron el brazo de Leonel con una familiaridad que no había sido concedida.
-Me han dicho que ayer asististe a las pruebas.
-Así fue.
-¿Y? -ladeó la cabeza, observándolo con atención-. ¿Algo interesante?
Leonel dudó un instante.
No por la pregunta.
Por la respuesta.
-Nada fuera de lo habitual.
Laila lo sostuvo la mirada unos segundos... como si buscara algo más.
-Qué decepción -murmuró-. Tenía la esperanza de que al menos esta vez algo lograra captar tu atención.
La sonrisa no desapareció de su rostro.
Pero cambió.
Sutilmente.
-Aunque supongo que no todos disfrutan de ese tipo de espectáculos... ¿verdad, mi vidita?
Leonel no respondió.
No hacía falta.
El silencio, en ese caso, decía más de lo que cualquier palabra podría haber hecho.
Laila retiró la mano, con la misma suavidad con la que la había posado.
-Deberías aprender a disimular mejor -añadió con ligereza-. No todos son tan comprensivos.
Hubo una pausa breve.
-He oído que el hijo del general se quedará en el palacio.
Leonel alzó apenas la mirada.
-Así es.
-Interesante -murmuró ella-. Me pregunto cuánto tardará en darse cuenta de dónde se ha metido.
No sonaba preocupada.
Tampoco curiosa.
Sonaba... entretenida.
-Quizá tenga más facilidad de adaptación que otros.
La frase de Leonel fue neutra.
Pero suficiente.
Laila sonrió de nuevo.
Esta vez con algo más de filo.
-Oh, mi vidita... siempre tan considerado.
Se apartó finalmente, como si la conversación ya no le resultara necesaria.
-Espero que no te encariñes demasiado.
No explicó por qué.
No hacía falta.