El secreto del príncipe Heredero

La cena

Esa noche el salón se encontraba dispuesto con una precisión casi perfecta.

La mesa, larga y cuidadosamente preparada, reflejaba la luz de los candelabros con un brillo contenido. Todo estaba en su lugar.

Todo… como debía ser.

Leonel entró primero.

No por protocolo.

Por costumbre.

Su mirada recorrió el espacio apenas un instante antes de tomar asiento.

El rey ya se encontraba allí.

No habló.

No era necesario.

Los demás llegaron poco después.

El general Óscar fue anunciado con formalidad, aunque su presencia no necesitaba anuncio alguno. Su porte lo precedía.

—Majestad —saludó con una reverencia.

—Óscar —respondió el rey, con una leve inclinación de cabeza—. Es un placer.

Las palabras eran correctas.

El tono, medido.

Alexander se encontraba a unos pasos detrás.

No se adelantó.

No se impuso.

Esperó.

—Acércate —indicó el rey.

Alexander obedeció.

Se inclinó con respeto.

—Majestad.

El rey lo observó unos segundos.

—Has tenido un buen inicio.

—He hecho lo necesario.

La respuesta fue simple.

Sin adornos.

El rey asintió apenas.

—Tu padre habla bien de ti.

Alexander no respondió a eso.

No hacía falta.

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—Mi vidita —la voz de Laila llegó suave, casi como si formara parte del ambiente—, ¿no vas a saludar?

Leonel no se giró de inmediato.

No lo necesitaba.

—Laila.

Ella se acercó con la misma elegancia de siempre.

Impecable.

—General —saludó con una leve inclinación—. Es un honor teneros aquí.

Óscar respondió con cortesía.

—El honor es mío, señorita.

Su mirada pasó brevemente por Alexander.

Orgullo contenido.

—Veo que el palacio os ha recibido bien.

—Ha sido… interesante —respondió Alexander.

Laila sonrió apenas.

—Estoy segura de que sabrá adaptarse.

La frase sonaba amable.

Pero había algo más debajo.

Leonel lo notó.

Alexander no respondió.

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Todos tomaron asiento.

El murmullo se apagó cuando el rey lo hizo.

Como siempre.

—Este año —comenzó, sin necesidad de alzar la voz—, la selección ha sido… aceptable.

No sonaba satisfecho.

Tampoco decepcionado.

—Los que han sido elegidos deberán demostrar que merecen permanecer.

Su mirada se detuvo brevemente en Alexander.

—No basta con destacar una vez.

Alexander sostuvo la mirada.

—Lo sé.

No hubo tensión.

Pero tampoco sumisión.

El rey continuó.

—El entrenamiento comenzará en breve.

Pausa.

—Y no todos lo completarán.

El mensaje era claro.

Para todos.

Pero dirigido a algunos.

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Óscar intervino entonces.

—Mi hijo ha sido preparado para ello.

No había arrogancia.

Había certeza.

—Confío en que no os decepcionará.

El rey lo observó un instante.

—Eso espero.

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Leonel permanecía en silencio.

Observando.

No la conversación.

A Alexander.

No por curiosidad.

Por algo más difícil de nombrar.

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—Debe de ser un gran honor —añadió Laila con suavidad, dirigiéndose a Alexander— formar parte de algo así.

Sus palabras eran correctas.

Su tono… también.

—Lo es —respondió él.

Pausa.

—Para quien lo busca.

Laila ladeó ligeramente la cabeza.

—¿Y tú no lo haces?

Alexander tomó un momento antes de responder.

—Hago lo que corresponde.

La respuesta fue suficiente.

Pero no completa.

Y eso se notaba.

---

Leonel desvió la mirada.

No hacia la mesa.

Hacia otro punto.

Como si necesitara apartarse un instante de algo que no terminaba de entender.

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La cena continuó.

Las voces se mantuvieron dentro de lo esperado.

Las formas… intactas.

Pero bajo la superficie…

algo había comenzado a moverse.




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