El secreto del príncipe Heredero

La espada y los pensamientos

El silencio permaneció entre ambos unos segundos más.

No pesado.

No incómodo.

Solo quieto.

Las antorchas chisporroteaban suavemente alrededor de la arena mientras el viento nocturno movía apenas la tela oscura de la capa de Leonel.

Alexander fue el primero en apartar la mirada.

—Deberíais descansar, príncipe.

Leonel soltó una pequeña exhalación por la nariz.

—Vos también.

Alexander tomó nuevamente la espada entre las manos.

—Estoy acostumbrado.

Leonel observó el arma unos segundos antes de responder:

—Eso no significa que sea bueno.

La frase pareció tomar a Alexander ligeramente por sorpresa.

Pero no respondió.

Porque tampoco sabía cómo hacerlo.

El príncipe desvió entonces la vista hacia las gradas vacías.

La arena se veía completamente distinta sin toda la multitud alrededor.

Más fría.

Más real.

—Será mejor que vuelva antes de que mi padre note que desaparecí.

Leonel asintió apenas.

—Buenas noches, Alexander.

Fue la primera vez que dijo su nombre.

Y Alexander lo notó enseguida.

Por alguna razón…

sonó extraño saliendo de su boca.

Más cercano.

Más humano.

Alexander inclinó apenas la cabeza.

—Buenas noches, príncipe.

Luego comenzó a subir lentamente los escalones de piedra.

Leonel permaneció quieto abajo.

Escuchando cómo sus pasos se alejaban.

Hasta que el silencio volvió otra vez.

Completo.

La arena quedó vacía.

O casi.

Leonel soltó lentamente el aire.

Y entonces sus ojos bajaron hacia una espada de práctica abandonada cerca del borde de la arena.

Permaneció observándola unos segundos.

Demasiados.

Como si estuviera debatiéndose consigo mismo.

Finalmente se acercó.

La tomó con cierta torpeza.

El peso le tensó la muñeca de inmediato.

Leonel tragó saliva apenas.

La sostuvo frente a él como había visto hacerlo cientos de veces.

Miles, quizá.

Pero ahora que la tenía entre las manos…

entendía algo horrible.

Nunca había sentido realmente el peso.

Porque jamás la había sostenido de verdad.

Ajustó los dedos alrededor del mango.

Intentó recordar los movimientos del entrenamiento.

La postura de los caballeros.

La firmeza.

El control.

Respiró hondo.

Y movió la espada.

Torpe.

Lenta.

El movimiento salió desordenado.

Nada parecido a lo que había visto hacer a Alexander.

Leonel frunció apenas el ceño.

Volvió a intentarlo.

Otra vez.

La espada cortó el aire con un sonido incómodo antes de casi resbalar entre sus manos.

Leonel apretó la mandíbula.

Las palabras de su padre atravesaron su cabeza como un golpe.

“Un futuro rey incapaz de sostener una espada…”

Sus dedos se cerraron con más fuerza alrededor del arma.

Intentó nuevamente.

Esta vez más rápido.

Pero el peso volvió a vencerlo.

La espada descendió torpemente y el impacto contra la tierra seca le hizo vibrar los brazos.

Leonel cerró los ojos un instante.

La frustración le quemó el pecho.

Porque no entendía por qué le costaba tanto.

Por qué algo que parecía tan natural para todos los demás se sentía imposible entre sus manos.

Respiró agitado una vez más.

Y volvió a levantar la espada.

Uno de los movimientos de Alexander cruzó por su cabeza.

La forma en que giraba la muñeca.

La manera en que movía el cuerpo antes de atacar.

Leonel intentó repetirlo.

Esta vez el movimiento salió apenas mejor.

Solo un poco.

Pero suficiente para que la espada no cayera.

El príncipe permaneció inmóvil unos segundos.

Respirando agitado.

Mirando el arma entre sus manos.

Y entonces pensó algo que lo incomodó más de lo que debería:

Alexander hace que esto parezca fácil.

El viento atravesó nuevamente la arena.

Leonel bajó lentamente la espada.

No vio la figura detenida entre las sombras de los escalones superiores.

Alexander había regresado por la capa que olvidó sobre la baranda.

Y ahora observaba en silencio.

Sin moverse.

Sin interrumpir.

Sus ojos permanecieron fijos en el príncipe unos segundos más.

En cómo sostenía la espada con dificultad.

En cómo volvía a intentarlo incluso cuando claramente odiaba hacerlo.

Y por primera vez…

Alexander entendió algo.

El príncipe no era débil.

Solo estaba peleando una batalla distinta a la del resto.

Alexander desvió lentamente la mirada.

Luego tomó la capa en silencio y se marchó sin hacer ruido.

Sin que Leonel llegara a notarlo.



#10310 en Fantasía
#18809 en Novela romántica

En el texto hay: principe, >#romancetrágico

Editado: 03.07.2026

Añadir a la biblioteca


Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.