Leonel descendió los últimos escalones sintiendo el peso de cada mirada sobre él.
La arena parecía distinta desde abajo.
Más grande.
Más sofocante.
El olor a tierra húmeda y sudor se sentía mucho más fuerte allí dentro. Las marcas de las peleas seguían visibles sobre el suelo removido, y por primera vez en mucho tiempo, Leonel comprendió por qué tantos hombres terminaban cambiando después de pasar años allí.
Porque la arena no parecía hecha para entrenar.
Parecía hecha para quebrar personas.
El murmullo alrededor disminuyó apenas él cruzó el centro del campo.
Nadie sonreía.
Nadie hablaba demasiado alto.
Incluso los caballeros que solían burlarse parecían más tensos de lo normal.
Porque entrenar entre ellos era una cosa.
Entrenar al príncipe frente al rey...
era otra completamente distinta.
Leonel se detuvo finalmente frente al general Óscar.
El hombre lo observó en silencio unos segundos.
No había crueldad en su expresión.
Pero tampoco suavidad.
-Alteza.
Leonel inclinó apenas la cabeza.
-General.
El rey seguía observando desde arriba.
Imponente.
Silencioso.
Esperando.
Siempre esperando algo más de él.
Óscar tomó entonces una espada de práctica y la extendió hacia Leonel.
Por un instante, Leonel no se movió.
Sus ojos bajaron hacia el arma como si pesara más de lo que realmente pesaba.
Entonces la tomó.
Y el simple contacto con la madera hizo que los músculos de su brazo se tensaran apenas.
Alexander observaba desde unos metros más atrás.
Callado.
Atento.
Había algo incómodo en toda la situación.
Porque Leonel claramente no quería estar allí.
Y aun así estaba.
Como si no supiera hacer otra cosa más que obedecer.
El general comenzó a caminar lentamente alrededor de él.
-La última vez retrocedisteis demasiado.
Leonel mantuvo la vista fija al frente.
-Lo sé.
-Dudáis antes de defenderos.
-Lo sé.
Óscar lo observó unos segundos más.
-Y aun así seguís bajando la guardia cuando alguien ataca cerca de vuestro rostro.
Leonel tragó saliva apenas.
El pequeño corte sobre su mejilla parecía arder de nuevo solo con escucharlo.
-Lo sé.
El general suspiró despacio.
No frustrado.
Más bien... preocupado.
-Entonces dejad de pensar tanto y reaccionad.
Y atacó.
Leonel apenas logró levantar la espada a tiempo.
El impacto le recorrió el brazo entero.
Retrocedió automáticamente.
Tal como antes.
Arriba, el rey endureció apenas la expresión.
-Otra vez -ordenó Óscar.
El golpe volvió.
Más rápido esta vez.
Leonel bloqueó apenas, desacomodándose enseguida.
No sabía sostener bien la fuerza.
No sabía devolverla.
Cada movimiento suyo parecía demasiado lento comparado con el resto.
Y eso se notaba.
Mucho.
Algunos caballeros comenzaron a intercambiar miradas.
Otros apartaron la vista por incomodidad.
Porque era evidente.
El príncipe no estaba hecho para aquello.
Leonel volvió a bloquear otro golpe y sintió las manos arderle.
La espada casi se le escapó.
Respiró agitado.
Frustrado.
Humillado.
Y entonces escuchó la voz de su padre desde arriba.
-Más firme.
Leonel apretó la mandíbula.
El general volvió a atacar.
Esta vez Leonel intentó responder.
La espada chocó torpemente contra la del general antes de desviarse mal.
Óscar logró detener el golpe antes de alcanzarlo de lleno, pero aun así la fuerza hizo que Leonel perdiera el equilibrio y retrocediera varios pasos sobre la tierra.
El silencio cayó pesado.
Leonel sintió el calor subirle al rostro inmediatamente.
Odiaba esto.
Odiaba cada segundo allí abajo.
El rey descendió entonces un escalón más.
-¿Veis? -dijo con frialdad-. Dudáis incluso antes de moveros.
Leonel bajó apenas la mirada.
No respondió.
Porque cualquier respuesta sería inútil.
Alexander observó la escena sintiendo una incomodidad creciente en el pecho.
Había visto padres exigir demasiado antes.
Había crecido con eso.
Pero esto era distinto.
Porque el príncipe no parecía incapaz.
Parecía aterrado de equivocarse.
Y había una diferencia enorme entre ambas cosas.
Óscar volvió a colocarse frente a Leonel.
-Otra vez.
Leonel levantó lentamente la espada.
Sus manos temblaban apenas.
Alexander lo notó.
Y por alguna razón...
aquello le molestó más de lo que esperaba.
Porque nadie más parecía verlo.
Nadie excepto él.
El siguiente golpe llegó rápido.
Leonel logró bloquearlo esta vez.
Después otro.
Y otro.
Torpes.
Imperfectos.
Pero bloqueos al fin.
El general retrocedió apenas entonces.
-Mejor.
Leonel respiró agitado.
La espada le pesaba cada vez más entre las manos.
Solo aprendes a fingir que no pesa.
La frase cruzó por su cabeza de golpe.
Y por primera vez...
entendió exactamente a qué se refería Alexander.