Término de cepillarme el pelo y salgo de casa por el patio trasero. Camino hacia la casa de invitados con una bandeja de desayuno hecha por mi —Un sándwich y un jugo de naranja—.
—Rojito —lo llamo —¿Dónde estás?
Jared sale del cuarto donde lo deje la otra vez y me sonríe.
—¿Es para mi?
—Si.
—Que bien, nunca había comido uno
—¿De verdad? ¿Entonces qué comías?
Él solo se encoge de hombros y empieza a comerlo.
—Tengo que irme a la escuela, pero cuando regrese hablaremos, ¿Bien?
Él asiente con la cabeza mientras sigue comiendo.
—No puedes salir de aquí ¿Okey? —ahora si me mira —No saben que estás aquí y no pueden verte.
Le explico y él me mira con curiosidad.
—Puedes moverte dentro de esta casa, pero no hagas ruido ¿si? —me mira dudoso —Si te ven te sacaran de casa y me castigaran, y ya no podríamos hablar.
—¿Ya no podríamos hablar? —me pregunta curioso y yo niego con la cabeza —¿Si me quedo quieto y no hago ruido me traerás más de estos?
—Si, te traeré más sándwiches cuando regrese, solo si te portas bien.
Él asiente con entusiasmo y yo salgo de ahí.
—¿Qué haces en el jardín Alana? —Me pregunta Natalia desde la cocina.
Me acerco a ella y la abrazo.
—Ya es tarde y me tengo que ir. —evito su pregunta porque no quiero mentirle.
—Bien, buena suerte y pon atención.
Asiento y tomo mi mochila, salgo de casa y subo a mi auto, con miedo de que Jared sea descubierto.
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Todos Estamos Necesitados
Milán: Adivinen que descubrí sobre nuestro amiguito.
Agnessa: ¿¿??
Yo: ¿Pudiste descubrir algo? Wow
Acabo de salir de clase de historia, así que tengo tiempo antes de entrar a la próxima clase. Me dirijo a las bancas del patio y le quito la poca nieve que hay y sigo leyendo los mensajes.
Milán: Mi madre es amiga de la secretaría de la alcaldesa. Tuve que mentirle, pero conseguí ver los archivos de todos los habitantes del pueblo. Y antes de que lo pregunten, de este y del pueblo de al lado.
Yana: ¿Y? ¿Qué descubriste?
Milán: No hay ningún ''Jared'' en el pueblo. No existe. ¿No es sospechoso?
Yo: Claro que no, puede que no sea del pueblo, que solo esté de visita.
Agnessa: Tengo que darle la razón a Milán
Yana: Sea lo que sea; lo descubriremos hoy, en cuanto Alana hable con él.
Milán: Que hablemos todos con él, eso querías decir ¿Verdad?
Yana: No. Jared quiere hablar con Alana, no con nosotros.
Milán: No podemos dejarlos solos, puede ser peligroso.
Lo admito, Milán tiene razón, pero tengo demasiada curiosidad. ¿Que tiene que decirme?
Yo: No importa, pueden escuchar lo que me diga. Hoy, en mi casa, después de la universidad.
Apago mi celular, me adentro a la escuela y trato de concentrarme en mis clases.
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Camino hacia el punto de encuentro con mis amigos.
Por más que intente concentrarme en clases no lo logre, no pude tomar apuntes porque mi mente no paraba de pensar en lo que me diría Jared, en lo que tendría que enfrentar y cómo lo iba a ayudar. Cada escenario era peor que el anterior, más loco.
—Bien, es hora de irnos —les digo apenas llego con ellos
—¿Estás nerviosa? —me pregunta Yana mientras observa como me muerdo el labio.
Es un simple gesto, pero también es un indicador de que estoy muy nerviosa.
—Un poco, nada de qué preocuparse —subo a mi auto, pero nadie imita mi gesto. —¿Van a subir? Rápido
Al fin reaccionan y Milán se sienta de copiloto mientras que Yana y Agnessa suben en los asientos traseros.
Realmente no tardamos mucho en llegar a mi casa así que bajamos rápidamente, intentamos escabullirnos para que Natalia no nos vea, pero fracasamos en el intento.
—No sabía que venían —les dice en un tono amable —Les hubiera preparado algo
—No hace falta —dice Yana con un tono amable.
—De hecho, si pudieras prepararnos unos sándwiches, estaría perfecto —le digo al recordar mi promesa con Jared.
Natalia asiente y se va a la cocina a prepararlos.
—Nadie tiene hambre, Alana —me dice Agnessa.
—No son para ustedes, son para Jared.
Unos minutos después; Natalia llega y me entrega un plato lleno de sándwiches. Le agradezco y le digo que estaremos en mi habitación, pero en realidad nos dirigimos a la casa de invitados, donde está Jared.
—¿Rojito? ¿Dónde estás? —le pregunto mientras lo busco con la mirada.
—¿Hasta se pusieron apodos? —pregunta Yana emocionada.
Localizo a Jared dormido en el sillón así que dejo los sándwiches en la mesa y voy con él. Lo pico con el dedo, pero no despierta.
—Rojito, despierta —le digo mientras lo meneo suavemente, esta vez, si despierta —Hay que revisar tu herida.
Jared se sienta en el sillón y bosteza. Se levanta la playera que le di y veo una venda limpia, la que le pusimos anoche se había manchado y nos quedamos son vendas para cambiarla.
—¿Te la pusiste tú? —le pregunto y él asiente adormilado —¿De dónde la sacaste?
Estoy bastante segura que en esta casa no hay vendas, no pudo haberla conseguido. Él niega con la cabeza y cambia el tema.
—¿Ya podemos hablar? —me mira a mí, dando a entender que quiere hablar en privado.
—Si, pero todos pueden escuchar
—¿Segura? —me pregunta incrédulo. Sus ojos vagan por toda la habitación, haciendo pausas en varios lugares. Yo asiento —Bien.
Todos tomamos asiento y le prestamos atención.
—No me conoces y realmente yo a ti tampoco —empieza —A ver, se que te llamas Alana Petrov, pero no recuerdo mucho más.