Después de varios días de descanso en la base militar en tierra demoníaca, finalmente decidieron regresar a la isla. No solo por las advertencias de Zyran —que aún resonaban como un eco incómodo en la mente de Dairan—, sino porque allá se celebraría la boda de Elis, un evento que, por primera vez en mucho tiempo, no estaba manchado por sangre ni amenazas.
El puerto estaba lleno de movimiento.
Marineros caminaban de un lado a otro, cargando cofres, enrollando cuerdas gruesas que olían a sal y a humedad vieja. El barco aguardaba imponente, balanceándose suavemente sobre el agua oscura. Era enorme, elegante, construido con una precisión casi obscena; un barco digno de un rey… pero para Dairan no dejaba de ser una trampa flotante.
Se quedó quieto frente a la pasarela, observando el vaivén del mar como si este pudiera saltar y devorarlo.
El agua no hacía ruido violento, solo un chapoteo constante, insistente, como un susurro que decía si caes, no saldrás.
—Dairan —habló Arzhel con suavidad—. ¿Qué sucede? ¿Por qué no subes al barco?
Dairan apretó los labios. Sus manos temblaban apenas, un detalle tan pequeño que cualquiera podría ignorar… menos Arzhel.
—¿De verdad no hay otra forma de llegar a la isla? —preguntó, sin mirarlo—. ¿Alguna puerta mágica, un portal, cualquier cosa que no implique… esto?
Arzhel miró el mar y luego a él.
—No podemos volar —respondió con simpleza—. Así que no.
Dairan soltó un suspiro largo. El tipo de suspiro que no es resignación, sino derrota temporal. Sintió el sudor frío en las palmas de sus manos, el corazón un poco más rápido de lo normal.
Arzhel se acercó sin hacer ruido y tomó sus manos entre las suyas.
—Tranquilo —dijo—. Estaré contigo todo el tiempo. No te pasará nada.
Dairan cerró los ojos un segundo, como si esas palabras fueran una cuerda lanzada en medio del vacío. No estaba convencido… pero confiaba en Arzhel más de lo que confiaba en su propio miedo.
Asintió.
Subió al barco.
El interior era impresionante: madera pulida, telas finas, lámparas que se balanceaban suavemente con cada movimiento. Todo gritaba seguridad, lujo, estabilidad. Y aun así, Dairan sentía cada crujido del casco como si fuera una amenaza.
El mar se movía.
Y con él, sus pensamientos.
Se mantuvo rígido durante el viaje, alerta ante cada cambio en el balance del barco, imaginando escenarios absurdos: tormentas repentinas, grietas invisibles, el agua tragándose todo. Arzhel lo notó y, sin decir nada, lo rodeó con los brazos, apoyando la barbilla en su hombro.
—Ya falta poco —murmuró.
Dairan cerró los ojos y se aferró a esa voz. No al barco. No a la razón. A Arzhel.
Cuando finalmente sintió el impacto suave contra el muelle, abrió los ojos de inmediato.
Tierra firme.
Fue el primero en bajar, casi demasiado rápido, respirando hondo como si hubiera estado conteniendo el aire todo el trayecto. Iba a decir algo —quizá una broma, quizá una queja— cuando una voz aguda y conocida cortó el ambiente.
—¡TÍO!
Antes de que pudiera reaccionar, un cuerpo pequeño se le lanzó encima, abrazándolo con fuerza desmedida. Dairan perdió un poco el equilibrio, pero respondió al abrazo de inmediato.
—Emris… —susurró.
Lo sostuvo como si fuera real, como si necesitara comprobar que estaba ahí, vivo, entero. Cuando se separaron, Dairan notó las lágrimas en el rostro del muchacho, brillando bajo la luz del día.
—Creí que… —Emris tragó saliva—. Creí que no volverías. Y todo por mi culpa.
El pecho de Dairan se apretó.
Acarició su espalda con cuidado, con una ternura que no solía permitirse.
—Tranquilo —dijo—. Ya pasó. Nadie nos persigue ahora. Ni a ti… ni a mí.
Los ojos de Emris brillaron de una forma distinta, como si esas palabras fueran algo que necesitaba escuchar desde hacía mucho tiempo. Volvió a abrazarlo, esta vez con menos miedo y más alivio.
—Gracias —murmuró—. De verdad… gracias.
—Yo también ayudé, niño —intervino Arzhel, apareciendo a su lado con una sonrisa tranquila.
Emris soltó a Dairan y, sin pensarlo, se lanzó a abrazar también a Arzhel, rodeándolo con los brazos como si fuera lo más natural del mundo.
—Gracias, su majestad —dijo, aunque su tono era más el de un niño agradecido que el de un súbdito.
Arzhel le dio unas palmaditas suaves en la espalda, sorprendido… pero sin apartarlo.
Entonces Dairna busco entre sus ropas y saco la esfera de los magos y luego se la acercó a Emris
-tio porque tienes eso?
-el dios Zyran me la dió, ya no sirve para nada ya que el destruyó su llave Pero dijo que esto era parte de la historia de los magos y que deberías tenerla
Emris pareció dudar Pero finalmente acepto tener la esfera
-todo esto es demasiado dulce
Dairan reconoció esa voz , era la de su amigo Alastair , Dairan se acecro a el y vio que así lado estaba Kian , ambos tan inseparables
-Gracias a ambos
-no te preocupes no es nada -havlo Alastair
Arzhel noto que entre ellos 3 había una larga historia de compañerismo y amistad , habían pasado tantas cosas juntos .
Durante la siguiente semana el reino se preparó para una boda había decoraciones pro todo lugar ,la boda de Elis se celebraría pronto y con ellos la primer alianza d ellos demonios con otro reino, Dairan observaba el esfuerzo de Arzhel que actuaba como un padre y buscaba que todo quedara perfecto
Mientras que Dairan solo observaba , durante está semana había sido atentendudo como un rey , muchos sivrinetes a su lado siviendole , esto le molestaba un poco ya que estaba acostumbrado a estar solo y hacer la scosas por su mismo y ahora tenía a much agente a su disposición dándole de comer , ayudnaolo a vestirse, preparándome agua para la ducha , todo esto era un cambio muy grande para Dairan a quien no le gustaba mucho el contacto con otras personas, pero después de todo el era la pareja de Arzhel el rey