El Secreto del Templo Sumergido..

Capítulo 2: Aire, templos y besos con sabor a fango.

​La corriente de succión los escupió con violencia hacia la superficie de una cavidad interior, rompiendo el espejo de agua con un sonoro chapoteo. Sandra emergió tosiendo un poco, quitándose de inmediato la máscara de buceo mientras buscaba un punto de apoyo. Rafa apareció un segundo después, resoplando como un león marino y asegurando la cámara estanca en una roca seca antes de ofrecerle la mano a su novia para ayudarla a subir a una plataforma de piedra pulida.
​Al encender los focos de los trajes, descubrieron que se encontraban en una inmensa recámara subterránea. El techo estaba cubierto de raíces gruesas que filtraban pequeñas gotas de agua filtrada, pero lo más sorprendente era que la sala contenía una bolsa de aire respirable, aunque cargado de humedad y olor a piedra vieja.
​—Estamos vivos —jadeó Rafa, sentándose en el suelo de piedra y soltando el pesado tanque de oxígeno de su espalda—. Oficialmente, esta es la peor cita que me has organizado en nuestros tres años de noviazgo, Sandra. La próxima vez, nos quedamos en la cama viendo una película.
​Sandra se arrodilló a su lado, con el pelo castaño empapado pegado a las mejillas, y soltó una carcajada limpia que resonó en la bóveda del templo.
​—Oh, venga, no seas dramático, mi amor —dijo ella, acercándose para plantarle un beso rápido y apasionado en los labios, un beso húmedo que cortó de golpe las quejas de su novio—. Admite que te encanta la adrenalina casi tanto como me encantas tú. Además, mira dónde estamos. ¡Es una cámara de descompresión natural de la arquitectura jemer!
​Rafa la agarró de la cintura, atrayéndola hacia su pecho con una sonrisa protectora y pícara a pesar del cansancio.
​—El beso me ha convencido un poco, no te lo voy a negar —admitió él, robándole otro beso más lento antes de ponerse serio y mirar hacia la piscina de agua por la que acaban de entrar—. Pero el idilio va a durar poco. Los buceadores de Nova no van a tardar en encontrar el mecanismo de apertura. Tenemos que movernos ya.
​El pasadizo de los dardos.
​Se despojaron de los pesados trajes de buceo, quedándose con la ropa térmica ajustada, las botas de montaña y los cinturones de equipo táctico. Sandra tomó la delantera, examinando con su linterna un pasadizo estrecho que se internaba hacia el corazón de la pirámide sumergida, donde las paredes estaban decoradas con relieves de monos guerreros que parecían burlarse de ellos.
​—Ten cuidado dónde pisas, Rafa —advirtió Sandra, agachándose para inspeccionar el suelo—. Estos templos utilizaban sistemas de contrapesos hidráulicos. Si pisamos la losa equivocada, pasaremos de ser novios a ser brochetas arqueológicas.
​—Entendido, jefa. Iré justo detrás de ti, admirando el paisaje —respondió Rafa con un guiño, ganándose una mirada divertida y reprobatoria de Sandra.
​Justo en ese instante, un chapoteo lejano resonó en la piscina de entrada. Los mercenarios de la corporación Nova ya estaban dentro del santuario. El tiempo de las bromas se había agotado; la acción real y la carrera por el códice sagrado acababan de reanudarse en la penumbra del templo.
​Fin del Capítulo 2.



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En el texto hay: humor, romance , aventura

Editado: 21.06.2026

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