El Secreto del Templo Sumergido..

Capítulo 4: La cámara del reflejo y un plan a contrarreloj.

​El estruendo de una explosión controlada sacudió los cimientos de la escalera en espiral. El impacto de la onda de choque llegó hasta ellos en forma de una ráfaga de aire caliente y polvo de piedra que les hizo cubrirse los ojos. Los mercenarios de Nova no iban a perder el tiempo buscando llaves mecánicas; habían usado C-4 para reventar la reja de bronce.
​—¡Esos tíos no tienen ningún respeto por el patrimonio histórico! —gritó Sandra, bajando los últimos peldaños a toda velocidad mientras se sacudía los escombros del pelo.
​—Y por nuestras vidas tampoco, preciosa —añadió Rafa, atrapándola por el brazo para amortiguar su llegada al final de la escalinata—. Aunque admito que me gusta su estilo directo. Menos acertijos y más acción.
​Desembocaron en una estancia colosal que los dejó sin aliento. A diferencia de los estrechos pasadizos anteriores, esta sala era una inmensa bóveda circular tallada en el corazón de la roca viva. El suelo no era de piedra, sino una gigantesca piscina de agua cristalina y estancada que reflejaba el techo como si fuera un espejo perfecto. En el centro exacto de la laguna, semisumergido, se alzaba el altar principal: una plataforma con la estatua de un monarca jemer que sostenía entre sus manos de piedra un cofre cilíndrico de jade. El códice del Rey Serpiente estaba a solo unos metros de distancia.
​La luz esmeralda que habían visto desde arriba emanaba de unas extrañas vetas de mineral fosforescente que cruzaban las paredes, tiñendo el agua de un color mágico y casi irreal.
​Tensión en el agua y química bajo presión.
​—Es el gran osario del agua... —murmuró Sandra, fascinada, dando un paso hacia el borde de la piscina—. Rafa, mira el reflejo del techo en el agua. No es una simple decoración. Las constelaciones talladas arriba muestran el camino de losas seguras que cruzan la laguna. Si pisamos fuera del reflejo de las estrellas, el suelo cederá bajo nuestros pies.
​Rafa miró la superficie cristalina y luego hacia el pasadizo por el que descendían los ecos de las botas de los mercenarios. Estaban a menos de dos minutos de ser cazados.
​—Muy bien, mi arqueóloga favorita. Me parece un planazo romántico cruzar una piscina de la mano siguiendo las estrellas, pero tenemos el tiempo justo —dijo Rafa, dedicándole una sonrisa cargada de adrenalina pura mientras se ajustaba el fusil táctico a la espalda—. Tú guías mis pasos y yo vigilo la retaguardia. Pero hazlo rápido, porque no me apetece acabar flotando boca abajo en este spa milenario.
​Sandra le devolvió una mirada cómplice, le guiñó un ojo y le tomó de la mano, entrelazando sus dedos con fuerza.
​—Confía en mí, mi amor. Primer paso, a la derecha, justo sobre el reflejo de la constelación de Orión.
​Con una sincronización perfecta nacida de sus años juntos, la pareja comenzó a avanzar sobre las plataformas ocultas bajo el agua. A cada paso que daban, las losas crujían bajo el peso de sus botas, activando pequeños engranajes ocultos que hacían burbujear el fondo de la piscina. El agua les llegaba por las rodillas, dificultando la marcha, pero la complicidad y la tensión compartida los mantenía flotando en una burbuja de concentración absoluta.
​El asalto de los mercenarios.
​Justo cuando alcanzaron la base del altar central y Sandra estiró las manos hacia el cofre de jade, las primeras linternas tácticas de los hombres de Nova iluminaron la sala desde la entrada de la escalinata. Tres mercenarios armados con subfusiles tomaron posiciones en el borde de la laguna.
​—¡Quietos los dos! ¡Suelten el cofre y las armas! —bramó el líder del grupo, apuntándoles directamente al pecho.
​Rafa reaccionó con la velocidad de un felino. En lugar de levantar las manos, se interpuso físicamente entre los cañones de los enemigos y Sandra, protegiéndola con su propio cuerpo mientras su mano derecha buscaba el gatillo de su fusil de pesca neumático.
​—¿Sabes qué es lo malo de llevar trajes de buceo tácticos tan caros, amigo? —le gritó Rafa al líder de los mercenarios con una sonrisa descarada y provocadora—. Que disminuyen mucho los reflejos. ¡Sandra, coge el códice y tírate al fondo!
​Antes de que el mercenario pudiera apretar el gatillo, Rafa disparó su arpón de alta presión no contra los hombres, sino contra el gran pilar fosforescente que sostenía el relieve del techo justo encima de la entrada. El impacto rústico y certero desquebrajó la piedra milenaria, desatando una lluvia colosal de escombros que cayó directamente sobre la posición de los asaltantes, levantando una densa barrera de polvo y agua que cegó por completo la estancia.
​Sandra aferró el cofre de jade contra su pecho y, agarrando a Rafa por el cuello de su chaqueta térmica, tiró de él hacia la profundidad de la canalización trasera del altar justo cuando las primeras ráfagas de balas a ciegas comenzaban a perforar el agua a su alrededor.
​Fin del Capítulo 4.



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En el texto hay: humor, romance , aventura

Editado: 21.06.2026

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