El canal de drenaje trasero del altar no era un conducto pasivo; era una auténtica garganta de piedra por la que el agua acumulada de la tormenta monzónica se desalojaba a una velocidad de vértigo. En cuanto Sandra y Rafa se sumergieron, la brutal corriente los absorbió por completo, arrastrando sus cuerpos a través de un tobogán natural de roca pulida que descendía en picado hacia las entrañas de la pirámide jemer.
Sandra mantenía el cofre de jade apretado contra su pecho con un brazo, mientras que con el otro intentaba aferrarse a Rafa en mitad del torbellino líquido. Rafa, haciendo uso de sus puros instintos de supervivencia y rescate táctico, logró rodearla con sus fuertes brazos, protegiendo la cabeza de su novia contra su pecho para amortiguar los violentos impactos contra las paredes del túnel.
El viaje a ciegas duró apenas unos segundos que parecieron eternos, hasta que el conducto se abrió de golpe en el vacío.
—¡Sandra, coge ai...! —el grito de Rafa se ahogó cuando ambos salieron disparados por los aires.
Cayeron desde una altura de casi seis metros, sobrevolando una espectacular cascada subterránea iluminada por la tenue fosforescencia de las rocas. El impacto contra la profunda fosa de agua inferior fue brutal, un golpe seco que les llenó los pulmones de adrenalina. Al emerger a la superficie de la nueva balsa de agua, ambos jalaron aire con desesperación, apartándose el pelo empapado de la cara.
Calor entre la humedad.
Rafa nadó de inmediato hacia ella, agarrándola por los hombros con una mezcla de alivio y una intensa mirada de posesión y deseo que hacía juego con la velocidad de sus latidos.
—Dime que estás bien, preciosa. Dime que no te has roto nada —jadeó él, recorriendo su cuerpo con las manos para asegurarse de que estaba intacta antes de plantarle un beso feroz, profundo y hambriento en los labios, un beso que sabía a pura supervivencia.
Sandra respondió al beso con la misma intensidad, rodeándole el cuello con su brazo libre mientras sonreía entre sus labios, sintiendo el calor de su cuerpo en mitad del agua fría de la caverna.
—Estoy entera, mi amor... y el códice también —respondió ella, enseñándole el cofre de jade, que no había soltado ni un solo instante—. Tu chica es dura de pelar, deberías saberlo ya. Aunque admito que ese rescate aéreo ha sido bastante sexy.
Rafa soltó una carcajada rústica, relajando la tensión de sus hombros mientras la ayudaba a ganar la orilla de arena fina que bordeaba la laguna subterránea.
—Me alegra que te haya gustado el viaje en primera clase, jefa. Pero no te acostumbres, que la espalda ya me empieza a pasar factura —bromeó él, dándole un azote cariñoso mientras ella salía del agua—. A ver, genio, ¿dónde demonios nos ha tirado la corriente?
El laberinto inferior.
Sandra encendió el foco de su cinturón táctico, el único que había sobrevivido a la caída. El haz de luz blanca reveló que se encontraban en las galerías bajas del templo, una zona donde las raíces de los árboles de la jungla exterior habían perforado por completo el techo, colgando como enormes serpientes de madera que tocaban el suelo.
Al fondo de la caverna, una gigantesca puerta de piedra con la forma de la boca abierta de una cobra real marcaba el único camino posible. Pero el peligro no se había quedado atrás. Desde lo alto de la cascada por la que acaban de caer, los destellos de los visores térmicos de los mercenarios de Nova comenzaron a cortar la oscuridad. Dos de los asaltantes supervivientes habían saltado tras ellos y se disponían a iniciar una persecución extrema en el laberinto inferior.
—Esos tipos son más pesados que una digestión de piedras —masculló Rafa, parapetándose detrás de una de las gruesas raíces y revisando el cargador de su fusil—. Sandra, ve hacia la boca de la cobra. Yo les voy a dejar un par de sorpresas de mi equipo de supervivencia en el camino para retrasarlos.
—No tardes, mi amor —le dijo ella, lanzándole una mirada cargada de picardía y una promesa silenciosa—. Que todavía tenemos que abrir este cofre y celebrar que seguimos vivos.
Fin del Capítulo 5.
Editado: 21.06.2026