El rey habló con el ceño fruncido, claramente preocupado.
—He oído algo así. No sé qué tan real sea, pero ve. Mientras tanto, nosotros cuidaremos a tu madre. Hay infiltrados en la ciudad y aún no los hemos encontrado; es muy probable que vengan por ella.
Lilith asintió, seria.
—Tiene razón. Saldré en la madrugada, pero esta noche traeré a mi madre aquí.
—Tráela —respondió el rey—, pero procura que nadie las vea al venir. No queremos llamar la atención.
Lilith regresó a su casa con el corazón inquieto. Le contó todo a Lilian, su madre, con cuidado y calma. Luego preparó un bolso con algo de ropa y lo dejó listo para partir esa misma noche.
Cuando la oscuridad cubrió el reino, llevó a su madre hasta el palacio sin ser vistas. El rey la recibió de inmediato y aseguró su protección.
Poco después, Lilith salió del reino acompañada por Liam, quien había insistido en ir con ella pese a sus objeciones. Juntos emprendieron el viaje hacia Sicilia, el reino donde, según los rumores, vivía aquel misterioso mago.
Tras dos días de viaje, finalmente llegaron. Preguntaron en plazas, tabernas y mercados, pero nadie parecía saber nada… hasta que una mujer aseguró conocerlo y les dio la dirección de su casa.
No tardaron en encontrarla.
Era exactamente como se la habían descrito.
Lilith tocó la puerta. Desde el interior, una voz tranquila habló antes siquiera de verlos.
—Pasen. Sé qué los trae por aquí… y puedo ayudarlos.
Lilith y Liam se miraron, estupefactos. Sin decir palabra, entraron.
Dentro, un joven los esperaba sentado, bebiendo café con absoluta calma. Era atractivo y no parecía tan mayor como habían imaginado.
—Es un gusto, señor… —empezó Lilith.
—Nada de “señor” —interrumpió él con una sonrisa—. Mi nombre es Nícolas. Un gusto, señorita Lilith.
Hizo una leve reverencia y besó su mano con respeto.
—Y también es un gusto, príncipe Liam. Siéntense, los estaba esperando.
Lilith se sonrojó levemente, sorprendida de que conociera sus nombres.
—Es un gusto, Nícolas —dijo al sentarse—. ¿Cómo sabes quién soy?
—Eso mismo me preguntaba —añadió Liam, tomando asiento a su lado.
Nícolas bebió otro sorbo de café.
—Hay muchas cosas que sé, pero eso no importa ahora. Señorita, sé que vino para saber si puedo ayudar a su madre. La respuesta es sí… pero—
—¿Pero qué? —interrumpió Lilith—. ¿Necesita dinero? No se preocupe, puedo pagarle.
Nícolas rió suavemente y negó con la mano, pero su expresión se volvió seria.
—No es dinero. Su madre recuperará la memoria por sí sola, luego de una pequeña caída en el palacio. Gracias a eso, los nervios de su cabeza volverán a su estado original.
Lilith y Liam quedaron en shock.
—¿O sea que viajamos para nada? —dijeron al mismo tiempo.
—Oh, no —respondió Nícolas—. De hecho, aprovecharé para regresar con ustedes. Tengo algo importante que decir… pero debo hacerlo frente al rey y su madre.
—¿Qué cosa tan importante? —preguntó Lilith.
Liam sonrió, intrigado.
—También me da curiosidad. Llevémoslo con nosotros, princesita. Tengo el presentimiento de que son buenas noticias.
Lilith dudó un instante, luego asintió.
—Está bien, Nícolas. Vendrás con nosotros. Prepara tus cosas, partimos esta noche.
—No será necesario —respondió él—. Partimos ahora. Mis cosas ya están listas. Debemos llegar cuanto antes.
—¿Ahora? —Lilith abrió los ojos—. ¿Llegar mañana? Eso es imposible. El viaje completo toma cuatro días.
Nícolas sonrió con tranquilidad.
—Olvida que soy un mago, señorita.
Y sin decir más, chasqueó los dedos.
En un parpadeo, Lilith y Liam se encontraron a unos kilómetros de la capital de su reino.
—¿Qué rayos…? —murmuró Liam, completamente desconcertado.
Lilith, en cambio, estaba maravillada.
¿Cómo hizo eso?
Si puede teletransportarse… ¿por qué no nos trajo directamente a la capital?
Nícolas respondió como si hubiera leído sus pensamientos.
—Para eso hay una explicación. En tu capital hay personas con poder sensorial. Si aparezco de la nada, sentirán mi maná antes de que pueda ocultarlo por completo.
Los miró con atención.
—Además… tú también posees un maná descomunal, Lilith. Solo que aún no lo has descubierto. Ni activado.
Lilith sintió un escalofrío recorrerle el cuerpo.
Y por primera vez, comprendió que su destino era mucho más grande —y peligroso— de lo que había imaginado.
Tras varias horas de viaje, finalmente lograron ingresar a la capital. Sin detenerse ni un instante, se dirigieron directamente al castillo, donde la madre de Lilith aguardaba bajo resguardo.
Apenas cruzó las puertas, Lilith corrió hacia ella con el corazón acelerado.
—¿Mamá? ¿Estás bien? ¿Recuerdas algo…?
Lilian la miró con los ojos llenos de lágrimas y, sin decir nada al principio, la abrazó con fuerza.
—Hija… ya lo recuerdo todo —dijo casi llorando de felicidad.
Lilith sintió cómo el nudo en su pecho se aflojaba.
—¿Recuerdas la carta que te envió papá?
—Claro que sí —respondió Lilian, separándose apenas—. Tu padre me envió una carta cifrada con un código que inventamos él y yo. Pero cuando perdí la memoria, olvidé cómo descifrarlo. Ahora… ahora puedo leerla y darte toda la información.
Lilith sonrió, emocionada.
—Ustedes eran simplemente increíbles.
Lilian dejó escapar una leve risa.
—Por supuesto. ¿De dónde crees que heredaste ser una genio? —dijo con cariño—. Pero volvamos al tema. Debemos ir al sótano… de nuestra casa.
Lilith frunció el ceño, sorprendida.
—¿Teníamos un sótano? No lo sabía.
—Hay muchas cosas que no sabes, cariño. Ni siquiera yo las recordaba… hasta ahora.
Lilith acompañó a su madre hasta la antigua habitación que había compartido con su padre. Apenas entraron, Lilian se dirigió al armario y comenzó a mover con cuidado el suelo, hasta encontrar una tabla suelta. Al retirarla, una pequeña puerta se abrió, revelando unas escaleras ocultas que descendían hacia la oscuridad.
Mientras bajaban, Lilian sacó una llave que llevaba colgada al cuello y abrió una puerta de hierro, perfectamente cerrada.
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Editado: 12.01.2026