El Secreto Detrás Del Eclipse

Capítulo V : Revelaciones...

—Majestad, con todo respeto, yo me encargaré de su seguridad. No importa que el agresor sea mi propio padre. El linaje no me detendrá.

El monarca entornó los ojos, estudiando al joven guerrero.
—Mi confianza en ti es un hilo delgado, muchacho. Pero si Lilith y su madre depositan su fe en tu acero, que así sea.
De las sombras de la columna, Nicolas emergió con una expresión sombría.

—Lilith, necesito hablar contigo. A solas.

—¡Basta! —tronó el Rey—. Cualquier palabra dirigida a ella será pronunciada frente a todos. Es la futura emperatriz; no permitiré que un solo suspiro la alcance sin mi supervisión.

Un jadeo ahogado escapó de los labios de Lilian, la madre de Lilith.
—¿Emperatriz...? Lilith, ¿ya sabes la verdad?
Lilith buscó la mano de su madre para tranquilizarla.
—Es una historia larga, mamá. Te lo explicaré todo. Pero ahora... Nicolas, habla de una vez.

Nicolas tomó aire, y sus siguientes palabras cayeron como un hacha sobre el mármol:
—Lilith... tu padre está vivo.
El silencio que siguió fue absoluto, un vacío que parecía succionar el oxígeno de la estancia. Lilith retrocedió, con los ojos anegados en lágrimas que se negaban a caer.

—¿Vivo? Él murió... él se sacrificó para que nosotras pudiéramos huir. No tiene sentido.

—Tu padre siempre fue más astuto que sus perseguidores —explicó Nicolas con fría seguridad—. Antes de que la guardia real los alcanzara, logró escapar, dejando a otro en su lugar. Se oculta en las Montañas Olvidadas del reino vecino. Si no ha vuelto, es para mantener el rastro lejos de ustedes.

—No voy a esperar —sentenció Lilith, limpiándose el rostro con el dorso de la mano—. Iré a buscarlo. Ahora mismo.

—¡No! —El grito fue unánime. El Rey, Liam y Lilian intentaron detenerla, pero la chispa de la determinación ya ardía en sus ojos.

—El eclipse es en diez días —advirtió el Rey con tono severo—. Dos reinos te buscan y no sabemos qué fuerzas se desatarán ese día. Es una locura.

—Entonces iré con ella —intercedió Liam, ganándose una mirada de gratitud de Lilith y una de resignación del Rey.

—Está bien —cedió el soberano—. Mandaré a mis mejores espías y guardias entrenados. Nicolas, tú guiarás el camino.

Al caer la noche, antes de la partida, Lilith y Liam caminaban por los jardines del castillo. El aire nocturno traía consigo el aroma del pino y la premonición del peligro.

—Liam... —comenzó ella—. ¿Sabías que Tiago también podría tener la marca?

Liam se detuvo en seco, su rostro palideciendo bajo la luz de la luna. —Tiago... mi hermano...

A la mañana siguiente, el sol apenas despuntaba cuando Lilith ya estaba lista. Encontró a Liam extraño, retraído, como si el peso del mundo se hubiera sentado sobre sus hombros durante la noche. Sin embargo, no hubo tiempo para preguntas. Tras una breve despedida de su madre, el grupo se internó en las tierras salvajes.

El paisaje cambió drásticamente. Los árboles se retorcían como manos suplicantes y el frío calaba hasta los huesos. De pronto, Nicolas levantó una mano.
—Alto. No estamos solos.

De entre la maleza surgieron hombres armados con el emblema del reino enemigo. A la cabeza, montada sobre un corcel blanco como la nieve, estaba Sofía. Su sonrisa era una herida de veneno en su rostro pálido.

—Así que aquí estabas... impostora —escupió la princesa, bajando de su montura con elegancia letal.

—Vaya, la princesita ha salido de su torre —se burló Lilith, desenvainando su daga.

El combate fue un torbellino de acero y hechizos. Mientras Liam y Nicolas contenían a la guardia, Sofía arremetió contra Lilith con una furia desesperada pero torpe. En pocos movimientos, Lilith la tenía contra el suelo, el frío metal de su daga presionando el cuello de la princesa.

—Pude matarte el día que te arrebaté el título —susurró Lilith al oído de la mujer que temblaba bajo ella—. Hoy tampoco lo haré. Vive con la vergüenza de saber que sigues respirando por mi misericordia.

La entrada a la montaña era la boca de una bestia. Criaturas de pesadilla surgían de las grietas, pero el grupo avanzaba con una precisión implacable. Sin embargo, cuando una bestia colosal emergió de las profundidades y atrapó a Lilith entre sus garras, el fin parecía inminente.
Un destello de acero cruzó el aire. La criatura cayó con el cráneo partido.

De entre la niebla, emergió un hombre alto, su rostro surcado por cicatrices que eran un mapa de supervivencia. Lilith jadeó, con el corazón queriendo salirse de su pecho.

—¿Papá...?

El hombre sonrió con una calidez que no encajaba con su aspecto fiero.
—Siempre llegas al peligro antes que yo, pequeña princesa.

El abrazo fue corto, pero lleno de años de dolor acumulado. Pero la alegría fue un espejismo. Un dolor agudo y gélido atravesó la espalda de Lilith. Al bajar la mirada, vio la punta de un cuchillo asomar por su pecho.
—N... Nicolas... —balbuceó ella, desplomándose.

Nicolas se inclinó sobre ella, susurrando con una tristeza infinita:
—Perdóname... no había otro camino. El mundo es más importante que una sola vida.

Antes de que Liam pudiera reaccionar, Nicolas desapareció en la niebla como un espectro. En el suelo, junto al cuerpo herido de Lilith, quedó un trozo de papel manchado de carmesí.

Liam lo tomó, leyendo las palabras desesperadas de aquel que creían su aliado:
> "Liam, si lees esto, es porque ya hice lo imperdonable. Lilith es la llave, y el eclipse es la puerta. Si ella llega viva, el mundo arderá. Protégela si aún respira. Ódiame si lo necesitas."

Tan pronto como pudieron llevaron a lilith a toda prisa al reino, la llevaban apenas viva con echizos de recuperación básicos, pero lo suficiente para mantenerla viva. Por fortuna llegaron en tiempo récord al reino...

EN EL PALACIO

—¡Un médico! —gritó Liam, cargando el cuerpo inerte de la joven mientras corría de vuelta hacia el castillo, seguido por el padre de Lilith—. ¡Resiste, Lilith! ¡Pagarán por esto!
La sangre marcaba el camino en la nieve.




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