El Secreto Que No Me Dijiste

Capitulo 3

ABRIL JONES.

Theo se había quedado dormido en el sillón de mi mamá. Con la boca abierta. Con mi boca.

Mi mamá lo tapó con una manta como si fuera su nieto. Porque técnicamente, lo era.

Carla estaba en el patio, fumando. Duncan no me hablaba desde que me desperté.

-Tenemos que hablar -le dije.

-No, Jones. Tenemos que hacer una cosa. Un ADN. Ahora. -Me miró con una frialdad que no le conocía-. Porque si ese nene es tuyo y me lo ocultaste...

-No lo oculté -le corté, con lágrimas-. ¡No me acuerdo! Duncan, te juro por mi vida que no me acuerdo de haber estado embarazada.

Él se paró y pateó la silla.

-¡¿Cómo no te vas a acordar de parir un pibe, Abril?!

Carla entró.

-Porque estaba dopada y porque después tuvo depresión post parto muy fuerte. Mi hermano la convenció de que lo mejor era que yo me lo quede. Le dijo que ustedes dos ya no estaban juntos, que vos la habías dejado por otra, que no tenía a dónde ir.

Duncan se quedó helado. Él sabía que eso era verdad. Él me había dejado en esa época. Por culpa de las fotos de Leo.

Yo me tapé la boca. Todo cerraba. Todo cerraba de una forma horrible.

-Mati... -susurré-. Él me dijo que me quedara en su depto porque vos me habías dejado...

Me temblaban las manos. Necesitaba agarrar algo. Abrí el cajón para sacar un pañuelo y se cayó.

El test.

El test positivo cayó al piso. A los pies de Duncan.

Silencio mortal.

Duncan lo levantó. Lo miró. Dos rayitas rosas.

Me miró a mí. Miró a Theo dormido en el sillón. Miró el test de nuevo.

-¿Estás... estás embarazada? -su voz era un hilo.

Mi mamá se puso la mano en el pecho.

Carla abrió los ojos como platos.

Yo asentí, llorando sin parar.

-De hoy a la mañana. Me enteré hoy a la mañana. Iba a decírtelo hoy.

Duncan se rió. Una risa sin humor.

-Claro. -Tiró el test sobre la cama-. ¿Y de quién es este también? ¿De Matías?

El cachetazo que le di me dolió más a mí que a él.

-¡Es tuyo, pelotudo! ¡Es tuyo! ¡Siempre fuiste vos!

Theo se despertó con el grito. Asustado.

-¡Mamá! -gritó y corrió hacia mí.

Y ahí estábamos. Yo, con un nene de dos años abrazado a mis piernas diciéndome mamá, y con un test positivo en la cama de un bebé que venía en camino.

Duncan nos miró a los dos. A mí y a Theo. Y por primera vez, lo vi dudar. Lo vi tener miedo de verdad.

-Yo no puedo con esto, Jones -dijo-. No puedo.

Agarró las llaves de la camioneta y se fue. Me dejó sola. Con Carla. Con mi mamá. Con Theo. Y con el hijo de él en mi panza.

(...)

Eran las 3 de la mañana. Duncan no volvía.

Yo estaba sentada en el piso del baño, con Theo dormido en mi cama -porque no quería dormir con Carla- y con el test en la mano.

Sonó mi celular. Número desconocido. De la ciudad.

-Hola -atendí con voz de muerta.

-Jones, soy yo.

Matías. Mati.

-Hijo de puta -susurré-. ¿Dónde estás?

-Carla me llamó. Me dijo que fue para allá. Abril, yo te puedo explicar...

-¿Explicar qué? ¿Que me drogaste? ¿Que me dejaste embarazada? ¿Que me hiciste creer que perdí un bebé?

Silencio del otro lado. Y después:

-Vos no perdiste ningún bebé, Abril. Theo es tu hijo. Y el aborto que te di no funcionó porque vos vomitaste las pastillas. Tuviste al bebé. Y yo te convencí de que lo dejaras porque... porque estaba enamorado de vos y pensé que si tenías un hijo mío, ibas a volver conmigo.

Del otro lado de la puerta, escuché la camioneta de Duncan llegar.

-Matías, si volvés a acercarte a mí o a mis hijos, te mato -le dije y corté.

Abrí la puerta del baño. Duncan estaba ahí. Había escuchado todo.

Tenía los ojos hinchados de llorar. Y en la mano, tenía una cajita de farmacia. Otra prueba de ADN. Y un par de escarpines que había comprado, supongo, cuando se fue.

-Escuché -dijo-. ¿Es verdad todo?

-Sí -le dije.

Se arrodilló frente a mí. Me abrazó la panza. Aunque todavía no se notaba nada.

-Entonces tenemos dos hijos, Jones -me dijo llorando-. Uno que nos espera afuera y otro que viene en camino. Y vamos a cagar a trompadas a Matías Ledesma.




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