ABRIL JONES.
-Abrir la boca, chiquito -dijo la enfermera.
Theo abrió la boca sin miedo. Me miraba a mí como si yo fuera su mundo entero. Eso me partía en dos.
-Ahora vos, mami -me dijo.
Mami.
Todavía me dolía esa palabra.
Duncan me agarró la mano por debajo de la mesa. Desde que había vuelto anoche y me abrazó la panza, no me soltó más. Estaba en modo toro. En modo "que nadie toque a mi familia".
-Y ahora vos, papi -le dijo la enfermera a Duncan, por inercia.
Duncan se tensó.
-No soy... -empezó.
-Sí es el papá -dije yo, rápido, mirando a Theo-. De los dos.
Duncan me miró. Sorprendido. Con los ojos brillosos. Entendió.
Theo le dio la manita a Duncan para que le hagan el hisopado a él también.
-Si este es mi hermano, ¿vamos a jugar a la pelota? -le preguntó Theo a Duncan.
Duncan se quebró. Lo alzó.
-Vamos a jugar a todo lo que quieras, campeón.
Carla nos miraba desde la puerta, llorando.
-Gracias -me susurró-. Gracias por no odiarlo a él.
-No lo odio a él -le dije-. Odio al hijo de puta de tu hermano.
(...)
Volvíamos en la camioneta. Theo dormido atrás, con los escarpines que Duncan le había comprado puestos. Sí, le quedaban grandes, pero Duncan se los puso igual.
Mi celular sonó. Número del hospital de la ciudad.
-Hola, ¿hablo con un familiar de Abril Jones? -dijo una voz-. Soy del Hospital Italiano. El paciente Leonardo Cruz despertó del coma. Y está preguntando por usted y por Duncan. Dice que tiene que decirles algo sobre Matías Ledesma antes de que sea tarde. Dice que Matías volvió al país.
Duncan clavó los frenos en medio de la ruta.
-¿Leo despertó? -me preguntó.
Asentí, pálida.
Theo se despertó con la frenada.
-¿Ya llegamos a casa, mamá?
Duncan me miró. Yo miré a Theo. Y los dos entendimos al mismo tiempo.
Matías volvió. Y si volvió, no volvió por Carla.
Volvió por mí. Y por Theo.
-Acelerá -le dije a Duncan-. Tenemos que llegar a lo de Leo antes que él.
(...)
Leo estaba destruido. Vendado. Con un ojo morado. Pero despierto.
Cuando nos vio entrar -a mí, a Duncan y a Theo de la mano- se largó a llorar.
-Perdón -nos dijo-. Perdón, perdón, perdón. Yo sabía todo.
-¿Qué sabías? -Duncan lo agarró del brazo, con cuidado.
-Matías me pagó -confesó Leo, con voz rasposa-. Me pagó para que les saque fotos a Abril y a él esa noche. Me dijo que solo quería darle celos a Abril para que vuelva con él. Yo no sabía que la había drogado. Te juro que no sabía. Me enteré después, cuando Abril quedó embarazada. Matías me amenazó. Me dijo que si decía algo, decía que yo había sido cómplice.
Me caí sentada en la silla del hospital.
-¿Vos sabías que Theo era mi hijo?
Leo asintió y miró a Theo.
-Lo vi nacer. Carla me llamó. Yo estuve ahí. -Miró a Duncan-. Y ahora volvió, Duncan. Matías volvió ayer. Me chocó a propósito. No fue un accidente. Fue él. Porque le dije a Carla que iba a contar todo.
La puerta de la habitación se abrió de golpe.
No era una enfermera.
Era Matías Ledesma. En persona. Con una sonrisa.
-Hola, Jones -dijo mirándome solo a mí-. Vine a buscar a mi familia.
Theo se escondió atrás de mis piernas.
-¡Mamá, miedo!
Duncan se paró delante de nosotros dos.