ABRIL JONES.
Matías no cambió nada. Mismo perfume caro. Misma sonrisa de pibe bueno. El mismo que me hacía té cuando lloraba por Duncan.
Ahora me daba asco.
-Salí -le dijo Duncan. Bajo. Como un perro a punto de morder-. Salí de acá ahora.
-Tranquilo, torito -Matías levantó las manos-. Solo vine a ver a mi hijo. Y a mi mujer.
-¿Tu mujer? -Se me escapó una risa histérica-. ¿Vos estás enfermo?
-Theo es mío, Jones. Legalmente, vos firmaste la tenencia compartida con Carla cuando estabas deprimida. ¿No te acordás? Firmaste todo. Si Carla no puede tenerlo, me corresponde a mí.
Carla, que había llegado corriendo atrás de él, se puso blanca.
-Es verdad -susurró-. Vos firmaste, Abril. Yo te dije que era para que yo pueda llevarlo al médico. Matías me hizo firmar a mí también.
Theo lloraba. Fuerte. Agarrado a mi pierna.
-¡Mamá! ¡Mamá, no!
Y algo en mí hizo click. Un recuerdo. Una imagen flash.
Yo en un hospital. Sangrando. Sola. Matías diciéndome: "Firmá acá, Jones, es para que te den el alta. Firmá que yo me ocupo del bebé".
Yo firmé. Sin leer. Drogada, parida, sola, de 19 años.
-Vos me hiciste firmar la entrega de mi propio hijo -le dije, temblando.
-Te salvé la vida, Jones -dijo Matías, acercándose-. Estabas sola. Duncan te había dejado. Yo estuve.
Duncan no aguantó más.
El golpe que le pegó a Matías lo hizo volar contra la pared del hospital. Las máquinas de Leo empezaron a pitar.
-¡DUNCAN, NO! -gritó Leo desde la cama-. ¡Si lo tocas te va a denunciar y se va a quedar con el nene!
Pero Duncan ya estaba encima de él.
-Tocaste a mi mujer -le decía, con cada golpe-. Drogaste a mi mujer. Le robaste un hijo a mi mujer. Y ahora venís a decir que es tuyo.
Yo agarré a Theo y lo abracé. Le tapé los ojos.
-No mires, mi amor. No mires.
Carla se metió en el medio.
-¡BASTA! ¡Basta que va a venir seguridad!
Matías, con la boca sangrando, se rió.
-Pegame todo lo que quieras, Duncan. Cada golpe es un día más que no vas a ver a tus hijos. Porque Abril está embarazada de vos, ¿no? ¿O también es mío ese? -me miró-. Porque esa última noche que nos vimos en la ciudad, Jones... vos estabas muy triste y tomamos mucho...
Sentí un frío en la panza. No. No. Esa noche no. Esa noche yo no...
-Menti... mentiroso -le dije, pero mi voz falló.
¿Y si el bebé que estaba esperando no era de Duncan?
(...)
Entró seguridad. Entró una enfermera gritando. Entró la policía que custodia a Leo por el accidente.
Separaron a Duncan de Matías.
Matías, con la camisa rota, dijo lo peor:
-Quiero hacer una denuncia. Este señor me agredió. Y quiero pedir la tenencia de mi hijo Theo Ledesma Jones. Su madre no está en condiciones psicológicas. Está embarazada y no sabe ni de quién. Y consume drogas. Yo tengo pruebas.
Sacó del bolsillo fotos. Fotos mías en el departamento de él, dormida, con una botella al lado. Fotos que él mismo había armado.
La policía me miró a mí. Embarazada, con un nene llorando a upa, con mi novio detenido contra la pared.
-Señora, ¿esto es verdad?
Theo me abrazó más fuerte.
-Mamá, no me dejes con él. Ese señor me da miedo. Me encierra.
¿Qué?
Miré a Theo.
-¿Qué dijiste, mi amor?
-Ese señor me encierra en el cuarto cuando lloro. Y me dice que vos no me querés.
Carla se tapó la boca.
Matías se puso pálido por primera vez.
Duncan, esposado contra la pared, gritó:
-¡¿QUÉ LE HICISTE A MI HIJO?!