El Secreto Que No Me Dijiste

Capitulo 8

ABRIL JONES.

Nunca tuve tanto miedo como en esa sala. Ni cuando me dijeron que estaba embarazada a los 19, ni cuando me dijeron que estaba embarazada ahora.

Yo, con 3 meses de panza. Con un vestido prestado de mi mamá. Duncan de traje que le quedaba chico. Mi mamá con Theo a upa, que no paraba de preguntar si íbamos a volver a casa.

Y enfrente, Matías. Trajeado. Con su abogado. Con una carpeta que decía PRUEBAS.

La jueza, una mujer grande, de voz firme, empezó:

- Estamos acá por la custodia del menor Theo Ledesma Jones. La madre biológica, Abril Jones, solicita custodia total y revocación de la tenencia del padre biológico, Matías Ledesma, por violencia, abuso y concepción no consentida. El padre solicita custodia compartida y acusa a la madre de inestabilidad. Empecemos.

El abogado de Matías se paró primero.

- Señoría, mi cliente es un estudiante universitario ejemplar. La señora Jones tuvo una relación consentida con él hace tres años, quedó embarazada, y cedió voluntariamente al menor por no poder hacerse cargo. Tenemos el video donde ella, lúcida, dice "no lo quiero". - Puso play.

En la pantalla, yo. Destruida. En una cama de hospital, con Theo recién nacido al lado, llorando. Yo drogada.

- Llévenselo. Yo no puedo. No puedo con esto.

Me tapé la boca. No me acordaba de eso. No me acordaba de haber dicho eso.

Duncan me agarró fuerte.

- Estabas drogada - me susurró.

- Además - siguió el abogado - mi cliente alega que la señora Jones lleva una vida promiscua y que el hijo que espera actualmente podría no ser de su pareja actual, sino de mi cliente, con quien mantuvo relaciones hace dos meses. Tenemos video de esa noche.

Mi corazón se paró. ¿Video? ¿Qué video?

Matías me miró con lástima falsa.

- Jones, decile la verdad a tu novio.

La jueza me miró.

- Señora Jones, ¿es verdad que mantuvo relaciones con el señor Ledesma hace dos meses?

Me paré. Temblando, pero me paré. Con mi panza de 3 meses.

- No - dije firme-. No me acosté con él. Me lo crucé en la ciudad. Me sentí mal. Me llevó a su departamento. Me desmayé. Me desperté vestida. Y ahora que lo pienso, me desperté igual que esa primera noche hace tres años. Mareada. Sin acordarme.

- ¿Tiene pruebas de que fue drogada? - preguntó la jueza.

- Sí - dijo mi abogada y se paró. Puso un pendrive-. Las cámaras del bar de la facultad de hace tres años. Que nunca se borraron.

En la pantalla: Matías en la barra. Poniéndole algo a un trago. Mi trago. Y después, yo tomándolo y desplomándome.

Silencio en la sala.

Y después, mi abogada puso otro video. El del departamento de Matías. Del hall.

- Este es de hace dos meses, señoría. Matías Ledesma arrastrando a Abril Jones inconsciente hasta su departamento. Y saliendo 40 minutos después, solo, a comprar en una farmacia. ¿Qué compró, señor Matías?

Matías se puso blanco como papel.

- Pastillas del día después - dijo mi abogada-. Que no le dio. Porque quería embarazarla de nuevo para tener una excusa para acercarse a Theo.

La jueza miró a Matías con asco.

- Señor Ledesma, ¿tiene algo que decir?

Matías se largó a llorar. Teatro. Siempre teatro.

- Yo la amo. Yo siempre la amé. Solo quería una familia.

Duncan no se pudo contener.

- ¡Vos no sabés lo que es amar! ¡Amar es quedarse! ¡Amar es bancar un test positivo en un cajón! ¡No drogar!

La jueza golpeó el martillo.

- Orden en la sala. - Miró sus papeles-. Con las pruebas presentadas, y con el testimonio del menor que manifiesta miedo hacia el progenitor, otorgo custodia total y definitiva a la madre, Abril Jones. Y nombro como padre afín a Duncan... - miró a Duncan - ¿Apellido?

- Duncan Henderson, señoría.

- A Duncan Henderson. El señor Matías Ledesma tendrá prohibición de acercamiento por 5 años y se abrirá causa penal por abuso sexual con acceso carnal agravado por suministro de estupefacientes. Pueden retirarse.

Me caí al piso. Llorando. No de tristeza. De alivio.

Theo corrió hacia mí.

- ¿Ya somos familia, mamá?

Duncan nos alzó a los dos. A mí con panza y todo, y a Theo.

- Ya somos familia, campeón.

(...)

Esa noche, en casa. En el patio. El asado que había quedado pendiente.

Mi mamá, Theo comiendo chorizo con las manos, Leo en silla de ruedas -ya mejor- y nosotros dos.

Duncan se arrodilló. Otra vez. Pero esta vez no era por un susto.

Sacó una cajita. Chiquita.

- Jones - dijo, con voz temblorosa-. Sé que ya tenemos dos hijos sin haberlo planeado. Sé que nos cagamos a trompadas con tu ex mejor amigo. Sé que tu mamá todavía piensa que soy un vago. Pero... ¿te querés casar conmigo?

Theo gritó:

- ¡Decí que sí, mamá!

Yo, con la panza de 3 meses, con mi hijo de 2 años en brazos, con el amor de mi vida arrodillado en el pasto...

- Sí - dije-. Sí, torito. Mil veces sí.

Y nos besamos mientras Theo nos tiraba chimichurri encima y mi mamá lloraba y decía "al fin, carajo".




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