El Secuestro de Ivette

Capítulo 11.

Recogía las sabanas del suelo, una toalla envuelta por todo su cuerpo y una sonrisa en el rostro. Alessio salía del baño y una especie de nube de felicidad pululaba el ambiente, Ivette se giro y le sonrió. Estaba sintiendo un sentimiento que pocas veces se había percatado de poder experimentar, era puro y libre de perjuicios, tal vez estaba empezando a descubrir en que basaba la felicidad realmente. También entendía que se merecía todo aquello, Dios sabía que si, y se lo agradecía cada día a cada hora, también estaba aprendiendo el significado de la palabra agradecimiento y estaba pensando ponerla en práctica siempre que pudiera.

La abatió muy deprisa; sus pies se pegaron al suelo, sus manos se entumecieron, su espalda fue recorrida por un escalofrió y toda su piel se erizo.

—Alessio... ―susurro —no me puedo mover —El miedo retumbaba en su voz.

Su mente luchaba por recuperar el poder de sus extremidades, en vano.

—¿Qué te pasa? —Alessio la miró sin pestañear, las cosas entre ellos estaba bien ¿qué estaba pasando? no sabía, sin embargo pronto quito aquellos pensamientos de su mente. Ivette no era una chiquilla caprichosa y estúpida a falta de atención. Esa no era su Ivette.

Se acerco a ella y la miro más de cerca, su mirada estaba perdida y su piel muy fría. Él también se asusto, la sacudió muy despacio y la acurruco contra su pecho.

—Va a pasar algo muy malo —Su voz salió estrangulada de terror, se dejo sostener por él, lo apretujó en cuanto pudo salir del shock inicial. Lágrimas de terror, miedo y desconcierto resbalaron por su mejilla mientras sentía los nervios vibrar bajo su piel. Era la segunda vez que le pasaba aquello. Su mundo se paralizaba, todo parecía arder dentro de si y luego, luego al salir de ese barullo perdido; parecía sentir todo su cuerpo prendido en llamas desde fuera.

La primera vez había sido toda una catástrofe, esa segunda vez no sabía que podía pasar. Se quedaron acurrucados muchos rato antes de que ella se echara a la cama, se puso en pose fetal y siguió llorando. Algo dentro de ella se había roto y no sabía lo que era. Justo cuando todo empezaba a ir bien, se arruinaba.

Cerro sus ojos y se obligo a olvidar y dormir, lo único que podía controlar en ese momento eran sus sueños y necesitaba tener el control.

No parecía pesadilla, estaba seguro que no lo eran. Alessio acaricio su pelo mientras ella luchaba consigo misma por quedarse dormida, él también estaba pensando en lo ocurrido.

¿Qué malo podría pasarle? ¿Y por qué ella lo sabía antes de que pasará?

Alessio se sentó al lado de la cama a esperar hasta que ella despertará, la última hora estaba pasando sin siquiera decir adiós. Era raro verla dormir sin moverse, varias veces se había acercado para tomarle el pulso y asegurarse de que seguía viva.

—Algo muy malo va a pasar —Abrió los ojos y volvió a sentir su cabeza sobre los hombros —, muy malo. Dame un poco de agua.

—Claro —Alessio extendió el brazo y le dio el agua, la voz de ella sonaba neutra.

—¿Quieres contarme lo que pasa?

—Cuando tenía diez años solía quedarme la mayor parte del año con mis abuelos porqué mis padres siempre estaban ocupados y no podían atenderme, así que ellos siempre me buscaban a casa y me llevaban con ellos, solíamos hacer la misma ruta siempre. Ese día, era un día perfecto para un picnic, el sol estaba en lo más alto del cielo, las nubes estaban en el lugar correcto, la temperatura estaba fenomenal; todo en el día estaba muy bien.

»Todo estaba muy bien hasta que llegamos a la curva, siempre me había parecido bonito, si te detenías en un lugar concreto, podías mirar toda la naturaleza hacía abajo y un poco mas allá había una pequeña cascada. En ese punto los frenos empezaron a fallar, solo era una niña de diez años y no sabía que hacer; me agarré fuerte al cinturón mientras impactábamos con otro coche, los asientos delanteros se salieron de su sitio y me dejaron atrapada. La bolsa de aire salió tarde e hizo que impactará la cabeza de mi abuela contra la ventanilla y mi abuelo no llevaba cinturón, salió disparado hasta la parte delantera del otro coche. La ayuda llegó  quince minutos después.

—¿Que paso luego? —Alessio estaba a su lado, pasándole las manos por los pies y la pierna.

—Quedé muy traumada, dure meses sin hablar. En lo único que podía pensar era que ya no tenía a mis abuelos, que ya nadie sería bueno conmigo, ya nadie me querría de verdad, que ya nunca más volvería a ser feliz.

»Dure cinco años en terapia, me ayudo a superar la muerte de mis abuelos, a veces me hacen falta, pero por lo demás ya los supere casi en su totalidad.

—Hay cosas que no podemos superar y a veces no debemos hacerlo.

Ivette dejo de mirar el techo, giro la cara y miro a Alessio. Él estaba escuchándola y acariciándola para darle apoyo, lo había sentido todo el rato junto a ella mientras dormitaba. Su mente parecía haberse prendido en fuego por momentos y le empezaba a doler la cabeza.

—Días antes de ese accidente me paso algo parecido a esto. Mis padres y yo creímos qué sólo había enfermado. No sé lo que va a pasar, pero si sé qué va a pasar algo muy malo Alessio. Cuídate.

Cerro los ojos y se volvió a quedar dormida. Alessio salió de la habitación un rato después, bajo a su despacho y encargo unos cuantos deberes, si Ivette dice que algo malo va a pasar él le iba a hacer caso y quería saber por donde ir.




 

 

 

«De los miles de personas que se permitían vivir en el mundo solo unos pocos lo estaban haciendo verdaderamente bien. Tenían autos, casa y comida, poseían una mente activa y pocas veces tenían un vicio superficialmente dañino. Nacer para morir y vivir para sufrir era la línea a seguir por todos. Viejos o jóvenes, machos o féminas, no importaba la edad, color u orientación sexual, estaban destinados a sufrir mientras pisaran la tierra».



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En el texto hay: secuestro, escapes, amor pasion

Editado: 16.04.2024

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