El Secuestro de Ivette

Capítulo 35

Estaba tirado en la cama, miraba el techo y pensaba que el dolor en ese momento era especialmente  bueno, habían pasado dos semanas desde que Ivette había decidido que debían empezar a entrenar. Dormían poco, comían lo suficiente y la mayor parte del tiempo estaban entrenando. 

Con la mano derecha halo un poco mas la manta y se acurruco, puso su mano derecha en su hombro izquierdo y su mano izquierda en su hombro derecho se giro un poco sobre su peso y se puso en posición fetal. Estaba tan orgulloso de si mismo que empezó a sentir las lagrimas salir de sus ojos y rodar por todo su rostro hasta acabar en las sabanas de la cama.

La sensación en su pecho no se parecía a nada que hubiera sentido antes, se sentía vivo, sentía que ya nada podría ir mal. Los años en los que había sido maltratado, las veces que se había querido rendir y que luego no lo hizo, las millones de veces que pidió entre lagrimas a Dios no haber nacido, empezaron a tomar sentido. La felicidad tardaba en llegar, pero si llegaba.

Acurruco mas su cuerpo, las lagrimas continuaron cayendo, el que había dicho que los hombres no lloraban se equivocaban, los hombres también debían de llorar para ser mas felices y mas plenos. En mitad de su turbia adolescencia se había prohibido a si mismo no llorar, en vez de sentirse bien al llorar, su entorno le habían hecho sentir culpable.

Las veces que deseo ponerse en medio de la calle y que algún vehículo lo atravesara, la imponencia de no tener el valor para morir. Todo aquello tomo sentido en aquel momento.

Cuando los músculos de su cuerpo palpitaban de cansancio James se sintió realmente agradecido de haber aguantado. Su mente y corazón aun se resentía por lo recuerdos y las heridas, pero su alma lo celebraban y le seguía dando fuerzas para continuar y luchar por lo quería.

Tal vez la libertad no solo estuviera en su mente.

 

 

Cada vez mas se sentía la presión en sus hombros, Dominico se sentía impotente como no se había sentido desde la muerte de su esposa, hacia ya muchos años, no la amaba, pero tampoco le deseaba ningún dolor como los que había pasado. La vio luchar hasta su ultimo aliento para ganarle a aquella enfermedad y poder cuidar de su hijo pero no lo logro. Así que se había jurado hacer de su único hijo inquebrantable y casi lo consigue, casi lo tenia bien domado. Cuando creía que ya estaba listo para tomar el mando, se escapo y conoció una chica cualquiera.

¿Quién se creían que eran?, él llevaba toda su vida formándole y de buenas a primeras, Dominic quería acabarlo todo y porque, por el estúpido amor. Se negaba a dejarse ganar por un estúpido sentimiento que siempre terminaba acabando, mas tarde que temprano, siempre se acababa. 

Mandar a asesinar a aquella chiquilla fue un efecto colateral de la escapadilla, y aun no entendía lo del accidente  y su fuerte hijo quedando casi paralitico. Lo recupero y recupero la maldad, la falta de sentimientos, lo vio ser cruel sin el mas mínimo atisbo de pena. ¿Cómo le iba a negar a su único hijo el deseo de una chica?

Ya habían pasado casi cinco años y los Ricci no habían hecho mas pregunta sobre Ivette, encontrar un cadáver parecido al de ella, fue tan fácil. Solo tuvo que poner a su dulce amiga en su lugar. Mato dos pájaros de un tiro y allí seguía ella. Comandando las operaciones de muerte y dolor que nadie mas podría llevar y dormir bien de noche.

No entendía muy bien el poder del amor, pero si sabia lo que podía hacer una persona llena de odio y rincón, aun sentía en carne viva el dolor de su propio odio. Odiaba la vida, odiaba el destino y sobre todas las cosas odiaba los imprevistos.

—Quiero que rastreen todo y me traigan a quién quiera que este detrás de esta trama —Dominico miro a las diez personas en la sala, ocho de ellos bajaron las miradas, los otros dos ni se inmutaron —. ¿Tengo que hacer señales de humos para que entiendan lo que quiero, o les hace falta una bala en los testículos para que reaccionen?

Las respiraciones se atragantaron en mitad de sus gargantas, todos conocían al gran jefe Dominico y habían escuchado rumores sobre su maldad y su falta de empatía hacia nada que no fueran los negocios turbios que llevaba.

—Fuera de aqui y traigan la información lo más pronto posible —ordeno Ivette. No grito, no movió la cabeza, ni los miro. No tenia necesidad de ello.

Era una mujer, pero todos eran consciente del daño que podría causar y hablaba poco con ellos, así que cuando lo hacia todos escuchaban sin protestar. Ivette espero pacientemente hasta que el ultimo hombre estuvo fuera.

—¿Una bala en los testículos? —Se movió hasta sentarse en la silla más cercana y subió las piernas en la mesa redonda —Muy arcaico, ¿no? —Puso las manos detrás de su cuello y empezaba a entender porque los hombres siempre se sentaban de aquella manera, era como si todo tu cuerpo se relajara de repente.

—Son hombres, no entiende de otra manera —Dominico miro a Ivette por encima de las botas de ella.

—Gracias por el dato.

—¿Qué tan mal es la situación? —Dominic movió la silla de rueda un poco mas cerca de ellos, para al menos poder escucharle sin tener que hacer mucho esfuerzo.

—No lo sé —Dominico se miro las manos —. La familia Colombo se posiciono en la otra parte del mundo hace ya muchos años y hace muchos años, también, fue desarticulada. No sé que quieren aquí si esto nunca fue de ellos.

—Pero si son italiano, ¿no?

—Si, américo-italiano, la primera generación y gobernaron.

—No les funciono en América y ahora vuelven a su tierra -Dominic sintió añoranza y dolor, se pregunto si tal vez siempre sentiría la sensación de que tenia que volver a donde todo comenzaba. 

—Esta tierra nunca ha sido suya —El gran jefe empezaba a escuchar la furia susurrar en sus oídos y decirle que acabara con todo. Que fuera por todos los sospechosos y los acribillarán.



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En el texto hay: secuestro, escapes, amor pasion

Editado: 16.04.2024

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