El Secuestro de Ivette

Capítulo 38

La vio dar miles de vueltas en ese minúsculo espacio, Alessio se cruzo de brazo y espero.

—James no va a matar a nadie. No. Lo. Hará —Ivette se sentía fuera de sus casillas. No quería ver a James manchándose las manos por una escoria que no vale la pena en lo mas mínimo. No quería verlo sufrir, pero tampoco quería ver sus ojos llenos de dolor y arrepentimiento.

Matar a una persona no es lo mismo que jugar a hacerlo.

—¿Y qué vas a hacer? —Alessio se acerco a ella, la sostiene por los hombros y la hace detenerse —¿Matarlo tú? —La miraba directamente a los ojos, vio el vacío que había allí.

En los últimos años había escuchado los rumores de la Dama de negro, su nombre se escuchaba en cada rincón. Todos le temían, incluso los que no le conocían y casi nadie lo hacia. Realmente nadie sabia nada sobre ella, lo único cierto era que había que temerle, correr si se le veía. Correr como si se te fuera la vida, porque seguro que ella te la iba a quitar.

—Él no es como nosotros —susurra sin apartar la mirada —, ya ha tenido una vida muy difícil. Lleva mucho tiempo sobreviviendo y ahora esta aprendiendo a vivir, no quiero que se le arruine ahora.

—No puedes protegerlo de si mismo.

—Sí puedo...

—No, no puedes —Él hablaba desde la experiencia de la autodestrucción —. Si él quiere hacerlo, lo hará. No importa lo que creas de él o sobre él. Si no es como nosotros tendrá que aprender a serlo, el mundo es muy cruel. 

>>James ya lo sabe.

—No, no, no... —Ella se negaba a dejar perder lo único bueno que había en su vida, no quería hacerlo.

—Sabe lo que es sufrir desde muy tempana edad, solo él sabe lo que vivió. No importa las veces que intente explicártelo a ti, a mi o a cualquier otra persona. No existen palabras para describir lo que sentimos o hemos pasado y recordamos con exactitud.

>>Tienes que dejar que él lo haga, James tiene razón. La cantidad de rabia que llevamos dentro es el resultado de lo que pasamos y recordamos una y otra ves, a veces la única manera de sacarlo de nuestro sistema es enfrentándolo o directamente exterminarlo.

>>Tú tienes una manera de hacer las cosas, yo tengo una manera de hacer las cosas y James encontrará la manera de hacer sus cosas.

—Es lo único bueno que he hecho en mi vida —Ivette se quería aferrar a James como si fuera una balsa en medio del océano.

Entendía el dolor y la rabia que estaba dentro de él, pero también estaba pensando en lo que podría pasar después. Las consecuencias, las millones de posibilidades; y si se arrepentía, si descubría que era incapaz de hacerlo, peor aun, si descubría placer en hacer daño a los demás y no pudiera detenerse nunca.

El mayor miedo de Ivette era que James se convirtiera en Dominico, no lo dijo, solo lo pensó y cerro los ojos con dolor de solo pensar en esa posibilidad, estaba muy consiente de que si eso era así no lo dejaría vivir. No podría vivir consigo misma si eso pasaba. Esa posibilidad la tenia muerta de miedo.

—Todos hablan sobre lo dura que se vuelve un alma luego de pasar por un sinfín de sufrimientos, luego descubrimos que esas almas guardan los corazones más dulces y sensibles —Alessio movió en circulo el vodka en su mano, sonrió para si mismo y pensó en lo cierto de esa frase, el locutor dio paso a la siguiente canción, Someone like you de Adele, percibió el silencio de la casa, su cuerpo no termino de relajarse.

Esa casa era grande y cómoda, pero no era su casa de Italia, su verdadera casa. Cada vez sentía que estaba llegando a la verdad de lo que paso con Ivette y cada una de esas veces descubría que Ivette sigue teniendo un corazón de cristal al que había que cuidar mucho. Tal vez por eso era tan dura.

Él era un hombre de instinto, siempre confiaba en si mismo y desde la primera vez que había escuchado la Dama de Negro en una frase, su mente se había puesto alerta. Hasta los vellos de su cuello se habían erizado y siguió el rastro. No había nada, nadie sabia de donde había salido, nadie sabia el porque mataba, nadie sabia porque aparecía y desaparecía sin dejar el más mínimo rastro. Lo único seguro sobre aquella figura era su nivel de maldad y de poca empatía. 

Incluso empezaban a circular leyendas sobre ella. Se decía que le había vendido su alma al mismísimo Hades, nadie sabia lo que ella había obtenido, pero si se decía que podía aparecer y desaparecer entre las paredes, que te mataba en sueños y que si la veías te convertías en arena.

Siempre fue su Ivette y ahora ese tal James.

La puerta fue abierta.

—¿Vas a cenar? —Ivette entro a la sala.

—¿Vamos a cenar como una linda familia? —Ella miro la poca decoración y se imagino que no pasaba mucho tiempo allí. 

—¿Por qué no me dices que pasa? —Alessio camino hasta la radio y la apago luego fue hasta donde ella —Yo puedo cuidar de ti y de James si me dices que pasa.

Ella cerro los ojos y se acaricio las sienes.

—Ya hemos hablado de esto, no te voy a contar nada.

—¿Cuál es tu mayor miedo? —pregunto él, sintiendo que no había llegado a conocer sus deseos y secretos mas profundo.

—Morir —dijo sin pensárselo —, morir con el dolor y la rabia que me carcome  cada vez que abro los ojos cada mañana, morirme sin haber hecho nada bueno, morirme sin haber amado. 

—Cada vez que te veo eres mas filosófica que la vez anterior — La mano de él vago por los mechones húmedos de ella, introdujo sus dedos hasta tocar su cabeza luego empezó a moverlos en circulos. Ivette cerro los ojos con alivio, estaba muy estresada y su cuerpo lo resentía.

—Tengo que irme —dijo sin el mas mínimo deseo de hacer lo que decía. 

Cada vez que estaba cerca de él por alguna razón u otra, terminaba extrañando esa seguridad que Alessio estaba dispuesto a darle, luego recordaba a Dominico y en cierto punto, volvía a temer. Había conocido a muchas personas en toda su vida, pero estaba muy segura que Dominico era el mas cruel que jamás había conocido y esperaba no volver a conocer jamás.



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En el texto hay: secuestro, escapes, amor pasion

Editado: 16.04.2024

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