El Secuestro de Ivette

Capítulo 39

Con una bolsa de tela negra en la cabeza fueron dejados en un callejón cerca de la plaza de Sol en Madrid, Ivette se despejo la vista en cuanto pudo, James por su parte espero unos momentos más hasta que ella le dio el aviso de que estaba todo seguro, en aquellos días todo parecía ponerse más raro por momentos.

Se vieron envueltos en un torbellino de trasuntes desde que salieron del callejón, hacia un sol radiante y no había ninguna amenaza cerca, si la nieve no se contaba, por supuesto. Ivette tomo a James y lo guio hasta la entrada del metro mas próximo, miro las direcciones y esperaron hasta que llego el tren. 

En ese punto de la mañana, ella dejo que la añoranza de apoderara de ella y volvió a tener al lado a Edna, la volvió a recordar sonriente y alegre, se recordó siendo feliz sin ninguna complicación, sin ningún demonio esperándola en el callejón mas oscuro  perdida en sus sueños.

James registro la casa con ojos ávidos, aquello parecía una casa normal. No habían pistolas debajo de las mesas, ni escondites secretos detrás de la librería, tampoco habían guardaespaldas. 

—Una casa normal —casi grito dejándose caer acostado en el sillón.

—No dañes nada —Ivette se quito el abrigo y lo colgó en el perchero detrás de la puerta. Abrió el primer cajón de la cocina y saco un teléfono escondido en el techo de uno de los cajones. Pulso el numero uno y espero dos tonos antes de que contestaran al otro lado de la línea.

—¿Dónde demonios estaban? —La voz de Dominic retumbo muy fuerte al otro lado del móvil.

—Jugando con la nieve —Ivette quito el móvil de su oreja y lo puso sobre la meseta y en alta voz —, ¿Ya se sabe algo de Colombo?

—¿Jugando con la nieve? —Dominic no se creería eso aunque lo viera con sus propios ojos.

—¿Hay noticias sobre Colombo, o no? 

—Sí —Dominic bajo la voz —, nos llego parte de una cabeza, a las demás familias las partes que faltan.

—¿Qué llego? —pregunto Ivette curiosa de aquella nueva manera de dar los mensajes.

Antiguamente se usaban partes del cuerpo para dejar mensajes entre bandas, no repartían un mismo sujeto en diferentes partes.

—Los labios, y la oreja derecha —Sus mentes parecían un torbellino de ideas.

—¿Y que significan?, ¿Los habla y oye? —pregunto Ivette intentando recordar si había visto aquello alguna vez.

—No lo sabemos, a los Ricci les llegan las manos sin el dedo medio y a los Leigheas les llego el pie derecho y la oreja izquierda.

—Vaya —Ella no sabía que decir, no tenia ni idea de lo que significaba aquello.

—Si —Lo escucho respirar profundo —, hazme un favor y cuídense —Lo decía muy en serio. Ya se había acostumbrado a verlos en la casa y a su alrededor, los había hecho parte de su rutina. No quería tener que eliminar otra parte vital de su vida.

—¿Desde cuando te preocupar por alguien mas que por ti? 

—No lo sé.

Colgó sin esperar respuesta, Dominic lanzo el móvil sobre la cama y se dispuso a hacer sus ejercicios, todo a su alrededor estaba cambiando y aunque Ivette no lo creyera se preocupaba mucho por ella y por James, siempre estaba preocupado, también lo había estado con Edna solo que no supo hacerlo bien en aquel momento, pero ahora si podría hacerlo bien.

Se sujeto de las barandas y dio pequeños pasos, sabia que podía darlos mas grandes pero porque apresurarse cuando podía hacerlo a pasos cortos y mejor. A veces la rapidez no era lo mejor, a veces también se debía ser precavido, sigiloso y pisar con pies de plomo o podría perderse todo en el mas mínimo pestañear. Dominic se pregunto si tal vez, ese fue el problema, que se dejo llevar tan rápido de las emociones que no pensó ni una sola hasta que ya fue demasiado tarde.

 

 

 

 

 

 

 

—¿Asustada?

—No

—Me alegro, recuerda que no debes asustarte, ni gritar, ni tirar de tus muñecas ni de tus piernas, lo ultimo que queremos es que te magulles, ¿verdad?

—Muchas gracias por cuidar de mi, querido esposito, o lo que sea que seas —Lo cierto era que no tenía miedo, pero la reacción de su cuerpo a las promesas que él había hecho no le habían gustado. El hecho de dejarse sujetar a un cama totalmente desnuda y a la buena de Dios, le gustaba menos.

No sabia en que había cambiado Alessio. Tampoco quería descubrirlo.

—Ya sabes que siempre es un placer —Él llevaba una camisa blanca con los botones de arriba quitados, su pantalón de lino y estaba descalzo —, sigues teniendo la piel muy suave, aunque tienes una que otra cicatriz que antes no tenías.

—Gajes del oficio —Ivette estaba intentando pensar en cualquier cosa que mantuviera su mente alejada de aquel momento, aunque no le estaba ayudando mucho. 

Alessio se deslizo encima del cuerpo de Ivette para arreglarle las esposas y que no se hiciera más daño del necesario. Se aseguro de todo y luego fue a la puerta y le puso el seguro, no quería ninguna interrupción.

—¿Lista? 

 

 

 

 

 

 

 

Tomo una cacerola, vertió agua del grifo y lo puso sobre la estufa, la encendió y luego busco la sopa de sobre, el sabor y el olor le recordaban a Edna, ella solía contarle lo mucho que le gustaba. Hasta ese momento no había tenido la oportunidad de probarla, ahora iba a hacerlo acompañado de James.

—Esta lloviendo —James entro por la puerta de la cocina y fue directo al lado de Ivette —, ¿esta todo bien?

—Si —Ivette inclino un poco la cabeza para mirarlo, ya estaba mas grande que ella —¿y tú?, ¿estás bien?

El agua empezó a hervir, él vertió el contenido del sobre en la cacerola y la meneo, no respondió. De fondo se escuchaba el aire arremetiendo con los cubre ventanas, sigilosos sonido de la música de fondo y nada más. Cinco minutos después estaban sirviendo la sopa, fueron al salón y se sentaron en el sillón. Ambos tenían mucho cuidado de no quemarse.



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En el texto hay: secuestro, escapes, amor pasion

Editado: 16.04.2024

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