El Secuestro de Ivette

Capítulo 43.2

La noche fue intensa, luego de dos días Ivette aun la recordaba como algo verdaderamente increíble. Lo mejor de todo aquello había sido la falta de preguntas, él no había preguntó, no más de lo necesario. En cambio, dejo que lo acariciara con sus manos, con su boca y con su mente.

Estaba totalmente segura que si moría, en la otra vida lo buscaría, estaba segura de que si en esa vida seguía con vida luego de todo lo que haría, seguiría dándole todo, lo poco o mucho, y se lo entregaría.

Tomó la pequeña libreta sobre su cama. Acaricio su portada aterciopelada de perezoso, fue lo ultimo que le había regalado Edna. En sus mente aun se podía oír su sonrisa Luego en el mismo sueño su voz parecía difuminarse, la perdía en la oscuridad y al despertarse se sentía vacía, a veces sucia, pero la mayoría de las veces. No sentía nada.

Abrió la libreta, tiro cinco páginas a su izquierda y leyó la inscripción que ahí estaba:

Cuándo nada te duela, cuándo pierdas la fe, cuándo nada te quede.
Ven a mí.

 

Yo no podré salvarte, pero si te ayudaré a qué te salves. ;)

Forever You love. Edna.

 

Giro dos páginas más a la izquierda y volvió a leer, esta vez era su letra en rojo lo que estaba en medio de la página:

Si llegaste hasta aquí, terminarlo.

Si llegaste hasta aquí y aún tienes dudas ve a la página veinte a partir de aquí.

I.M

Giro veinte páginas a la izquierda a toda prisa, no estaba pidiendo interpretar todos las emociones que su cuerpo estaba experimentando. Al fin estaba llegando el momento que tanto había luchado, aún así no se sentía segura. Dudaba de hacerlo y las consecuencias.

Llevo a la página marcada.

Hola Ivette, estás aquí.

Entonces significa que el momento de la verdad ha llegado, has podido sobrevivir, te has hecho más fuerte y no has podido curar todas las heridas que llevas por dentro.

¿Sientes dudas?
¿Te duele el pecho?
¿Quieres dejarlo todo?

Yo sé que sí, yo soy tú. Tú en el pasado.

Ahora mismo mi espalda está herida, no puedo moverme, apenas si puedo comer del dolor. Estoy destrozada por fuera y por dentro.

Ellos nos quitaron todo lo que teníamos, ¿Por qué no hacer lo mismo con ellos?

Estoy llorando de dolor, mientras ellos siguen con su vida. Sabía que lo lograría, yo nunca me rindo.

Puedo dudar, pero no rendirme.

Recuerda todo lo que has tenido que hacer para llegar a leer este pedazo de papel, usa toda la rabia que estoy sintiendo ahora y termina lo que empezaste.

Lucha por ser libre, o al menos muere en el intento.

I.M

 

Cerro la libreta muy despacio, en su interior sintió miedo de romperla y destrozar las ultimas ganas de acabar con todo que le quedaban. Se abrazo las rodillas muy cerca del pecho, su cuerpo parecía contraído y minúsculo.

Puso en  comparación esos seis años, cada uno había sido peor que el anterior; revivió la perdida de su hogar con dolor en el alma, sufrió como la primera vez, la perdida de Edna, sintió uno por uno de los latigazos que le habían propinado al inicio del secuestro.

Escucho las voces de quien le pedían clemencia antes de matarle, vio las llamas arder, olio el humo, se vio desde la distancia. Se sintió extraña, había hecho tantas cosas malas para poder sobrevivir que ahí, en ese momento no tenía claro si había valido la pena.

¿Cómo se sanaba luego de aquello?

Al cerrar los ojos nuevamente, entonces volvió a ver por primera vez a James descalzo, delgado hasta los huesos y muerto de frío. Sintió su corazón latir de dolor y de pena. Sintió que su alma regresaba a su cuerpo y que el universo se sincronizaba con ella. Era como si le diera una segunda oportunidad. Lagrimas de agradecimiento rodaban por su mejilla y caían a la sabana.

Poco a poco se reconciliaba consigo misma, se justificaba, se maldecía, luego se vanagloriaba y volvía a caer en el desolamiento de quien herró y se arrepiente. 

 

 

 

 

—¿Qué hora es? —Ivette estaba sobre el cuerpo de Alessio, piel contra piel, estaban un poco sudados, aun así no había forma de que ella quisiera moverse.

—Creo que las tres de la mañana —Alessio acariciaba su espalda muy lentamente, besaba su pelo, no quería apartar las manos de ella.

—Mmmmm —Movió la cara en contra del torso de él —, me puedo quedar otro rato.

—¿Y si te quedas para siempre? —Ya sabía lo que le diría, pero lo intentaría una y otra vez.

Aunque ambos sabían lo que él había dicho la ultima vez, ella se iría. Él lo lamentaría y soñaría cada noche con la llegada de ella.

—No sabes cuanto me gustaría —susurro. Al menos una vez al mes se permitía soñar con esa vida que le habían robado.

—¿Qué hace falta para que te quedes? —Alessio la abrazo con ambos brazos —Solo pídemelo y yo lo haré por ti.

Ella levanto la cara y lo miro. 

Miró sus ojos negros, su nariz perfilada, su mentón pronunciado, lo miro y quiso perderse una y otra y otra vez en lo que él le ofrecía.

—No se trata de si puedes conseguírmelo —Lo miraba y memorizaba todo lo que veía —, lo conseguiré yo y tal vez vuelva.



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En el texto hay: secuestro, escapes, amor pasion

Editado: 16.04.2024

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