El Secuestro de Ivette

Capítulo 52

Así nacía la esperanza en medio de tormentas, de baches profundo y lagunas extensas. Crecía sin raíces y se enredaba del corazón y la mente, infectaba con sueños suelos estériles amenazados con extinguirse, en algunos casos. Era consumida por el mal suelo, por el fuerte viento, las bravas aguas y la falta de sol.

En la mayoría de los casos, daba frutos.

—Sabes lo importante que es tomar una decisión en el momento correcto —Alessio se arrodillo frente a ella, sostenía sus manos amablemente, en sus ojos había tristeza —, este es el momento.

»Eres humana, mereces tener algo de paz y de amor, un lugar al que siempre volver, una mano que te sostenga y una cama en la que dormir cada noche. Seguirás siendo tan dueña de ti, como ahora y no porque yo te lo este concediendo, sino porque es tuyo desde siempre. 

»No tienes que demostrar ese hecho a nadie, a veces ni a ti.

»Yo necesito saber en que dirección vamos a ir.

—Entiendo lo que dices, pero a mis oídos llegan palabras de control y sumisión. —Su cuerpo seguía temblando levemente. Su cuerpo combatía contra su corazón —Los recuerdos siguen volviendo, regresa el miedo, la soledad, la impotencia; he pensado, he soñado con tenerlo todo, pero no es tan fácil. Siento que estoy perdiendo una batalla contra mi misma.

»Quisiera poder arreglarme antes de decidir que hacer con mi vida, también sé que sería muy injusto tenerte esperando por mi, más tiempo sin una fecha limite.

—¿Por qué no me dejas acompañarte?

—¿A qué?

—A sanar —Alessio se alejo de ella y se sentó en su sitio —, no quiero ser pasajero, quiero estar ahí cada vez que lo necesites como también quiero que estés aquí cada vez que te necesite. —Hizo silencio unos segundos.

»Estoy más roto de lo que puedes imaginar, y por supuesto he llevado a cabo más desgracias que milagros. Todos llevamos pecados indecibles en nuestras espaldas, eso no nos debe impedir amar.

»Piensalo —Se recuesta en la silla. —Somos dos desastres sin calma mas allá de nosotros.

Ivette cerro los ojos, no tenía hambre, ni frío o calor, no tenía sueño, pero tenía ganas de llorar. Quería dejarse convencer, aun así tenía reservas, inmensidades de ellas que se interponían en medio de su cabeza y de su pecho.

¿Premonición o alegría?

—¿Podríamos dormir una vez más juntos y luego separarnos? —Ivette intento ganar tiempo.

—No —Él fue muy tajante, uso el mismo tono de voz que usaba a la hora de dar ordenes.

—Solo daba opciones. —Ya había tomado una decisión.

—Ya —Un extraño sentimiento lo había arropado por completo, ese momento le estaba demostrando que podía vivir sin Ivette, pero que hacerlo iba a ser tan doloroso y vacío como nunca antes en su vida.

El problema de perder, era el vacío que se quedaba donde antes había maravillas.

—Alessio...—Vida solo había una y ella había estado a punto de perderla en más de una ocasión.

—Dime...—Estaba cansado, pero tranquilo.

—Yo pensaba que me cada vez que luchaba, que ganaba, que perdía, que deje de llorar. Siempre pensé que a este punto lo que me merecía sobre cualquier cosa era mi libertad.

—La mereces.

—Sí, la merezco, también merezco estar feliz, ser feliz y tomar malas decisiones. Perder, ganar y arriesgar. —Saco el aire de sus pulmones, seco los ultimos rastros de tristeza de su rostro, recostó su cuerpo y dejo descansar cada célula de su cuerpo —Sigamos casados, yo me quiero quedar contigo.

Sus cuerpos descansaron. La armonía era de quien la peleaba.

—Ivette... —Alessio estaba eufórico.

—¿Sí? 

—¿Quieres sentarte en mis piernas? —Tendió la mano a su dirección, sintió sus dedos fríos, el acercamiento y su cuerpo encima de él.

La abrazo, la rodeo con ambos brazos, acaricio las partes que quedaron a la palma de su mano, ella descanso su cara en su cuello, sus manos en su pecho.

Llegar a casa nunca se había sentido tan bien.

—Esta es la mejor maldita cosa que he experimentado en mi vida —Ivette estaba sorprendida de lo placentero que se sentía. Aquello era mejor que ganar.

—Lo es —Beso sus labios, solo los rozo, no necesitaba nada más que eso -, cuando lleguemos a casa puedes ir a despedirte de Edna.

—¿Tienes su cadáver? —Hay heridas que sin importar el tiempo, la distancia o el olvido se cerraban.

—Tengo su tumba en el pabellón de la familia, paso los últimos años con una lápida a tu nombre —Empezó a explicarle notando que su cuerpo se había puesto tenso —, antes de venir, mande a que le cambiarán la lápida.

—La cambiaré de sitio en cuanto lleguemos.

—Edna esta en el lugar que le corresponde, tu familia es la mía y ella siempre formará parte de nuestras vidas. —Le entristecía no haber podido conocerla, pero se alegraba de que Ivette allá tenido a quien recurrir en medio del desastre de vida que le había tocado.

—Yo...gracias.

El final era un desperdicio de palabras, sin orden ni significados.

A veces el final no llegaba nunca.
 

Fin.





 

__________
Un millón de gracias a todos y todas los que se han tomado el tiempo de leer. Me gustaría pensar que cada una de sus dudas fue disipada y que le ha gustado el final.

Igual quiero saber lo que piensan.

Y seguir agradeciéndoles.

PD: En los próximos capítulos subiré el epilogo.

Besooosss.

Gaby Smith.

 



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En el texto hay: secuestro, escapes, amor pasion

Editado: 16.04.2024

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