El Sello del Renacer

Capítulo10: El pulso de la fuerza

El Horizonte del Yermo se tambaleó, y la misma tela del espacio onduló en ondas apenas perceptibles. Bajo las huellas del temblor quedaron suspendidas tres siluetas.

La Sombra Cenicienta se agitó primero. Sus remolinos se plegaron lentamente hacia dentro.

—Abajo algo se ha movido —susurró una voz, alerta pero sin sorpresa.

Junto a ella, en las palmas del Guardián de Piedra, brillaba tenuemente una esfera de cristal. El dibujo interior, muerto y petrificado desde hacía mucho, fue atravesado un instante por una fina veta dorada.

La Llama se elevó más alto, derramando un calor inquieto.

—El nudo no debería respirar —dijo.

El Guardián de Piedra escrutó la esfera. La hebra dorada volvió a encenderse.

—El sello se ha agrietado —pronunció—. Significa que ha llegado el momento.

La silueta ardiente cambió de forma, envolviendo el vacío:

—Ella lo sentirá.

La Sombra Cenicienta se desplazó con fluidez, sus contornos se volvieron más finos.

—Pero no a ellos mismos —susurró—, solo la cicatriz que deja el despertar.

El Guardián de Piedra cubrió lentamente la esfera con la palma.

—Las reglas siguen iguales: observamos.

En su voz no había la menor duda. Era ley, no elección.

El horizonte se cerró de nuevo, ocultando el temblor en su profundidad insondable.

La luz en la esfera se apagó. En el dibujo apareció una nueva línea.




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