El Sello: El Séptimo Amanecer

Capítulo 5: El Pacto con el Diablo

El polvo negro, lo único que quedaba del cristal inastillable devorado por el Fuego Morado, aún flotaba en el aire denso del Nivel 4 de Esperanza Rota.

Abus estaba de pie en el centro de la sala de mando, desarmado y rodeado por la ira encarnada de los dioses. La punta de la flecha de Valend apuntaba exactamente a su nuez de Adán. El filo al rojo vivo del montante de Alcorth flotaba a milímetros de su cuello, irradiando un calor que hacía sudar al biocaster. A su espalda, las lanzas de sombra de Ëadrail bloqueaban cualquier intento de retroceso.

Cualquiera de ellos podría haberlo decapitado en un parpadeo.

Abus no levantó las manos. Ni siquiera perdió su irritante sonrisa. Sabía que tenía la jugada ganadora.

—Dime una sola razón para no dejar que Valend te atraviese la garganta ahora mismo —gruñó Alcorth, el rojo de Ragnar destellando en sus pupilas con una furia apenas contenida.

—Porque si lo hace, Mastodonte, la onda expansiva de la muerte de Ron en la Dimensión del Eco los matará a todos antes de que la sangre de mi cuello toque el suelo —respondió Abus con tranquilidad pasmosa—. No pueden entrar ahí sin mí. He estudiado su biometría durante siete años. Sé cómo estabilizar su núcleo para que no detone.

—Mientes —siseó Ikuel, la electricidad azul aún lamiendo sus nudillos tras el arrebato anterior—. Es un traidor. Siempre lo ha sido. Nos entregará a Verch apenas crucemos el umbral.

—Verch no tiene idea de lo que está ocurriendo realmente en esa dimensión, pequeño Ikuel —replicó Abus, mirándolo con una mezcla de lástima y superioridad—. El bastardo de Odrac cree que Ron es solo una batería infinita de fuego Ruin. Verch quiere doblegarlo para usar su caos elemental y forzar la siguiente Era a su antojo. Es un rey con una visión patética y limitada.

Abus se volvió hacia Arthoriuz, que lo observaba con la frialdad de un glaciar.

—Esa mutación de la que hablo... llamarlo un "Ser al cien por ciento" es una vulgaridad matemática para mentes simples —explicó el biocaster, alzando las manos en un gesto casi reverencial—. Los textos prohibidos de la Primera Era lo llaman El Ascendido. Fue el primer humano en alcanzar el ápice de su potencial cerebral y espiritual. Pero lo hizo tan rápido que su biología colapsó. Se fragmentó. Se dividió en millones de microcélulas, esporas de pura conciencia que llovieron sobre este planeta y se alojaron en cada maldito ser vivo. En nosotros. En los demonios. En las bestias.

El silencio en la sala se volvió absoluto. Alice Monërhalth, la genio alquímica, frunció el ceño, su mente procesando la monstruosa implicación biológica de lo que Abus estaba diciendo.

—Desde entonces —continuó Abus, bajando la voz hasta un susurro sibilante—, El Ascendido ha estado aprendiendo. Asimilando cada guerra, cada pensamiento, cada uso de magia a través de sus anfitriones, pero perdiendo su propio "yo" en el proceso. Es un dios omnisciente, pero sin voluntad. Hasta ahora.

Abus señaló el mapa holográfico que mostraba el epicentro de la grieta.

—La presión de la Dimensión del Eco está aplastando la mente de Ron, fracturándola en mil pedazos. Pero su sangre se niega a morir. Esa fricción cósmica está convirtiendo el cerebro de tu hijo, General, en un faro. Está atrayendo y reunificando esas microcélulas dispersas. Verch cree que va a domesticar a un perro rabioso. No sabe que si entra ahí y presiona a Ron, El Ascendido recuperará su conciencia dentro del cuerpo del Destructor, despertará en defensa propia y borrará el continente entero de la existencia.

—¡Bajen las armas!

La orden de Arthoriuz cortó el aire como el chasquido de un látigo. Valend apretó la mandíbula hasta hacerse daño, pero lentamente destensó la cuerda de su arco. Alcorth exhaló por la nariz como un toro furioso, apartando el montante de la piel del traidor.

Antes de que alguien más pudiera hablar, Ëadrail Adanahël se llevó una mano a la sien. Las sombras que lo rodeaban ondularon bruscamente, como si hubieran recibido una descarga eléctrica. El Jinete de la Conquista cerró los ojos y su rostro, ya de por sí pálido, perdió el poco color que le quedaba.

—El erudito tiene razón, General —informó Ëadrail, abriendo los ojos y caminando hacia la mesa holográfica. Con un pase de sus manos, proyectó el mapa del Páramo Rojo—. Mis cuervos de sombra acaban de confirmar un éxodo masivo desde las ruinas de Neipoy. Verch ha movilizado a la Legión de Élite. No están marchando hacia las ciudades supervivientes. Sus rastreadores han encontrado la grieta. Están formando un perímetro en el epicentro de la Dimensión del Eco.

Kandros soltó una maldición por lo bajo, apoyando ambos puños sobre la mesa. —Si Odrac sella el perímetro, no podremos acercarnos al portal. Y si Verch entra y fuerza el despertar de esa maldita conciencia colectiva... se acabó el mundo.

Arthoriuz sostuvo la mirada de Abus. Había que hacer un pacto con el diablo.

—Bien. Iremos a la Dimensión del Eco —sentenció Arthoriuz—. Haremos la incursión. Tú abrirás la puerta y nos guiarás a través de la mente de mi hijo.

Abus asintió, visiblemente satisfecho de que la razón (y su ego) hubieran prevalecido. —¿Y el equipo de asalto? Supongo que los ilustres Jinetes me escoltarán.

—No seas estúpido —lo cortó Alice Monërhalth, enfundando su látigo-espada—. Si los Cuatro Jinetes entramos a un plano mental forjado por la culpa de Ron, su subconsciente nos reconocerá como armas de destrucción masiva. La dimensión nos expulsará o colapsará sobre nosotros.

—Alice tiene razón —confirmó Arthoriuz, trazando una línea divisoria en el mapa holográfico con el dedo—. Los Jinetes, Kandros y la infantería pesada de Cawdor se quedarán en el Páramo Rojo. Serán el muro de carne y acero que detendrá a las legiones de Verch.

El General Supremo giró la cabeza y miró a Valend, Ikuel, Citlali, Lys y Tina.

—Pero quienes entrarán a la mente de Ron serán los únicos cuyas firmas energéticas no encenderán las defensas de su alma. Su sangre —Arthoriuz hizo una pausa—. Ustedes serán la escolta de Abus.




Reportar




Uso de Cookies
Con el fin de proporcionar una mejor experiencia de usuario, recopilamos y utilizamos cookies. Si continúa navegando por nuestro sitio web, acepta la recopilación y el uso de cookies.