Las islas flotantes de Chuugi dejaron de vagar por el vacío negro. Atraídas por una fuerza gravitacional masiva, las plataformas de piedra chocaron entre sí con un estruendo ensordecedor, ensamblándose como las piezas de un rompecabezas profano.
Valend, Ikuel, Citlali, Lys, Tina y Abus saltaron de escombro en escombro mientras el paisaje mutaba a su alrededor. El cielo abstracto desapareció, reemplazado por un techo de bóvedas de ferrocreto ennegrecido. Paredes de piedra fría se alzaron a sus espaldas, cerrándolos dentro de una estructura inmensa y opresiva.
Ya no estaban en Chuugi.
Citlali reconoció la arquitectura militar casi de inmediato por los libros de historia de la Hermandad. Era un bastión de Neipoy. Era el gran salón de Kaelen's Folly.
Pero el salón no estaba vacío. El aire era gélido y estaba saturado de una neblina pálida y verdosa. A través de la bruma, flotaban cientos de figuras translúcidas: hombres, mujeres y niños sin rostro, suspendidos en el aire, gritando en un silencio perpetuo mientras hilos de su esencia vital eran arrancados hacia el centro de la habitación.
En el ojo de ese huracán de almas atormentadas, arrodillado sobre la piedra desnuda, estaba Ron Tower.
Estaba exactamente como el mundo lo recordaba antes de caer en la locura, pero su cuerpo estaba encorvado bajo un peso invisible. No llevaba armadura. Sus muñecas, su cuello y su pecho estaban envueltos por gruesas cadenas de luz carmesí, hirviendo con una energía antinatural. Las cadenas no estaban ancladas al suelo; se elevaban hacia el techo, conectadas a un inmenso Orbe Oscuro que flotaba en el aire, latiendo como un corazón de cristal negro y absorbiendo la luz del salón.
—Esa es la llave de El Yunque... —susurró Valend, recordando las historias de guerra de su padre—. La llave de la Legión. Es la culpa de haberse dejado usar por Morian.
—Y esto... —Lys retrocedió un paso, horrorizada por las figuras translúcidas que gemían a su alrededor—... son las almas de los civiles. Es su mayor pecado. Está reviviendo el momento en que se rompió.
Abus dio un paso adelante, sus ojos dorados escaneando las cadenas rojas y el orbe flotante con fascinación clínica.
—Un bucle de autoflagelación perfecto —murmuró el biocaster—. Su mente ha aislado el momento de su máxima atrocidad y lo está usando como batería para mantener sellado el poder de El Ascendido. Impresionante.
Ikuel no escuchó al traidor. La visión de su padre, roto, encadenado y llorando en silencio en el centro de ese infierno, hizo que la electricidad azul estallara alrededor de su cuerpo.
—¡Papá! —gritó Ikuel, dando un paso al frente con la lanza sólida ya parpadeando en sus manos.
—¡Ikuel, no! —advirtió Tina, pero fue demasiado tarde.
Antes de que el chico pudiera dar un segundo paso, la neblina verde devoradora de almas que llenaba la habitación se arremolinó violentamente frente a Ron, interponiéndose entre él y sus hijos. La bruma tóxica se condensó, solidificándose en una figura colosal.
El Destructor no tenía el rostro de Morian ni el de una bestia. Era un espejo del pasado.
Llevaba la armadura negra adornada con cráneos humanos, cuyas cuencas vacías brillaban con luz interna. Era "Røn", el Demonio del Epiro del Este, la encarnación del monstruo que había profanado la vida misma. Empuñaba la espada de fuego Ruin, pero su verdadera arma era el aura de putrefacción espiritual que lo rodeaba.
El Destructor levantó la cabeza. Debajo del yelmo, no había ojos humanos, solo dos pozos de odio verde. Levantó su mano libre y la neblina hambrienta se disparó hacia el escuadrón como una marea tóxica.
—¡Si esa niebla los toca, les arrancará el alma! —gritó Abus, retrocediendo rápidamente mientras encendía su Fuego Morado para crear una barrera personal, negándose a proteger a los demás.
—¡Escudo de luz, ahora! —ordenó Valend.
Citlali y Tina reaccionaron con precisión milimétrica. Citlali clavó su katana de sombra en el suelo para anclarlas, mientras Tina desataba un torrente continuo de Fuego Blanco, creando un muro radiante que chocó de frente contra la niebla devoradora de almas. El salón de los muertos se iluminó con el choque brutal entre la pureza del fuego de Tina y la corrupción de la neblina de Ruin.
Pero el Destructor no se detuvo. Caminó pesadamente a través del choque de energías, su armadura de cráneos absorbiendo el fuego blanco. Levantó su inmensa espada esmeralda, dispuesto a partir el muro defensivo de los hermanos por la mitad.
—Lys, Ikuel... —Valend tensó su arco, canalizando toda la presión atmosférica del salón en la punta de una sola flecha—. Tenemos que golpear al monstruo para salvar al hombre. ¡Abran una brecha!
***
El Destructor, envuelto en su armadura de cráneos, levantó la inmensa espada esmeralda para partir el muro defensivo de Tina y Citlali. A su alrededor, la neblina hambrienta se arremolinaba, lista para devorar el alma del escuadrón.
—¡Ahora, Valend! —gritó Citlali, sintiendo cómo el peso del monstruo agrietaba la piedra bajo sus botas.
Valend no disparó al monstruo. Apuntó su flecha directamente al techo del gran salón de Kaelen's Folly y la soltó.
La flecha no llevaba una punta explosiva, llevaba un vacío. Al detonar en lo alto, Valend manipuló drásticamente la presión atmosférica del salón, invirtiendo las corrientes de aire. Creó un tornado de vacío absoluto, un remolino de succión titánica que atrapó la neblina verde devoradora de almas. El gas tóxico fue arrancado del suelo, girando violentamente hacia el techo hasta que la falta total de oxígeno lo asfixió y lo disipó en la nada.
El campo de batalla estaba despejado. Era el turno de la tormenta.
—¡Lys, dame las nubes! —rugió Ikuel, sus ojos brillando como dos soles blancos.
Lys corrió hacia el flanco del Destructor. Extendiendo ambas manos, extrajo toda la humedad latente del aire frío del salón y la condensó alrededor de la bestia gigante. No creó un escudo, creó un microclima. Una nube de tormenta densa, llena de agua superenfriada y fragmentos afilados de hielo puro que comenzaron a girar alrededor del monstruo a velocidades de huracán.
#1643 en Fantasía
#218 en Ciencia ficción
fantasía oscura post-apocalíptica, ángeles demonios y dioses, tragedia y secretos
Editado: 31.03.2026