El corazón del Valle de Aethelgard no era una selva, era un pulmón. A medida que Alice Monërhalth se adentraba en el nexo, las paredes de vegetación comenzaron a contraerse y expandirse con un ritmo biológico pesado. El aire era tan denso en oxígeno y esporas que cada respiración de Alice se sentía como si estuviera tragando vidrio líquido.
Alice avanzaba con una elegancia letal. Su brazo izquierdo, ahora estabilizado por el Caduceo que llevaba integrado en el antebrazo, emitía un brillo esmeralda que cortaba la penumbra del follaje. A su lado, Cerbero caminaba en silencio. La quimera de pelaje granate y placas naranjas mantenía sus ojos rojos fijos en las sombras; su casco de combate oscuro detectaba firmas de calor que no correspondían a ninguna especie catalogada en los servidores de la Hermandad.
—Análisis de densidad atmosférica —ordenó Alice, su voz resonando con el nuevo eco etéreo que le otorgaba su dominio sobre el aire.
SISTEMA (Interfaz de Alice):
Saturación de Esporas: 98%.
Toxicidad: Nivel 9 (Mutagénico).
Advertencia: El entorno está intentando reescribir su secuencia de ADN en tiempo real.
—Inténtalo, maldito jardín —susurró Alice Monërhalth, extendiendo su mano derecha. Con un gesto sutil, manipuló la presión del aire a su alrededor, creando un vacío parcial que repelía el polen dorado.
Llegaron a un claro donde el árbol milenario abría sus raíces como las costillas de un gigante. En el centro, sentado sobre un trono de lianas que palpitaban con savia fosforescente, se encontraba el Guardián.
Su apariencia era una contradicción terrorífica. Tenía la estatura de tres hombres, con una piel que parecía hecha de bronce oxidado y musgo negro. Cuatro alas de libélula, hechas de una membrana vítrea y afilada, se plegaban a su espalda. En lugar de rostro, tenía una máscara de hueso tallado con miles de orificios por donde salía una neblina pálida de forma constante.
Era NERGAL, el Señor de la Exhalación. El antiguo dios que los hombres de la Mesopotamia temían como el sembrador de la fiebre.
—ALICE MONËRHALTH... —la voz de Nergal no venía de su garganta, sino del viento mismo que soplaba en el claro—. LA PEQUEÑA TEJEDORA DE VIRUS VIENE A RECLAMAR EL ORIGEN. CREES QUE CONTROLAR AL CACHORRO CERBERO TE HACE DUEÑA DE LA VIDA. PERO LA VIDA NO SE CONTROLA. LA VIDA SE DESBORDA HASTA QUE AHOGA AL RECIPIENTE.
Nergal se puso de pie, y el peso de su presencia hizo que las flores en un radio de cien metros estallaran en nubes de polen tóxico.
—No vengo a controlar la vida, Nergal —respondió Alice, mientras el Caduceo en su brazo comenzaba a vibrar, reconociendo la cercanía de su fuente de poder—. Vengo a purgarla. Has dejado que este lugar se convierta en un cáncer porque no tienes el valor de dejar que algo muera. Tu "equilibrio" es solo una agonía infinita.
—LA MUERTE ES UNA FALTA DE IMAGINACIÓN, JINETE —rugió el Guardián, desplegando sus alas de cristal—. YO TE DARÉ TANTA VIDA QUE TUS CÉLULAS SE CONVERTIRÁN EN TUS PROPIOS VERDUGOS. TE CONVERTIRÉ EN UN BOSQUE DE DOLOR.
Nergal levantó su báculo, una rama de madera primordial que goteaba un líquido negro capaz de infectar el acero. Con un movimiento rápido, el Guardián exhaló una ráfaga de aire que no era viento, sino una colonia de millones de insectos microscópicos diseñados para devorar el grafeno.
Alice no retrocedió. Sabía que esta no era una pelea de fuerza, sino de arquitectura atmosférica.
—Cerbero, protocolo de limpieza externa —ordenó Alice Monërhalth—. Yo me encargo de la corriente maestra.
La quimera soltó un rugido de frecuencia ultrasónica y se lanzó contra las raíces que comenzaban a emerger del suelo como serpientes de madera, mientras Alice elevaba el Caduceo hacia el cielo, lista para reclamar el control sobre el primer aliento del mundo.
***
Nergal no atacó con la velocidad del acero, sino con la persistencia de una infección. El Guardián abrió los miles de poros de su máscara de hueso y exhaló una marea de color ámbar que se desplazó por el claro como un muro sólido. No era solo humo; eran billones de micro-organismos predadores que vibraban en una frecuencia capaz de desestabilizar la estructura del grafeno.
—RECIBE EL DON DE LA MULTIPLICACIÓN, ALICE MONËRHALTH —rugió Nergal, sus alas de libélula batiendo con tal fuerza que crearon corrientes de aire que empujaban la plaga directamente hacia la Jinete—. CADA CÉLULA DE TU CUERPO OLVIDARÁ CÓMO MORIR. TE CONVERTIRÁS EN UN MONUMENTO DE CARNE INFINITA.
Alice observó la marea ámbar con la frialdad de una científica ante un portaobjetos. Su brazo izquierdo, donde el Caduceo latía con una luz esmeralda, comenzó a enfriarse.
ANÁLISIS TÁCTICO (Interfaz de Alice):
Amenaza: Enjambre de esporas de inducción mitótica acelerada.
Vector de ataque: Vía aérea y porosidad de la armadura.
Contramedida: Protocolo de Vacío Atmosférico y Necrosis Selectiva.
—Cerbero, mantén a raya las extensiones de biomasa. Yo voy a purgar el aire —ordenó Alice.
Cerbero, la quimera de pelaje granate, se lanzó al ataque. Sus patas de color naranja encendido dejaban huellas de ceniza sobre el musgo vibrante. El "cachorro" gigante no mordía la carne de Nergal, sino que se concentraba en las raíces masivas que alimentaban al Guardián desde el suelo. Con sus mandíbulas de grafeno y bio-sintético, Cerbero arrancaba pedazos de madera palpitante, absorbiendo la savia fosforescente para fortalecer sus propias placas de energía. El rugido de la quimera interrumpía los comandos biológicos de Nergal, actuando como un firewall físico.
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Editado: 21.04.2026