La batalla se detuvo abruptamente, no por la retirada de ningún bando, sino porque la naturaleza misma comenzó a fracturarse.
El cielo sobre el cráter central, a varios kilómetros de distancia, cambió de color. Las nubes grises y el polvo radiactivo no fueron disipados por el viento, sino absorbidos por una grieta púrpura y cristalina que se abrió en medio del firmamento. Un sonido agudo, similar al cristal al romperse mezclado con un eco metálico ultrasónico, paralizó a todos los usuarios del Aura, tanto del bando Azul como del Oscuro.
Nico cayó de pie junto a Selene. Math, recuperándose del impacto, voló hacia su grupo con la mirada fija en el cielo.
De la grieta interdimensional comenzaron a descender figuras antropomórficas, rodeadas de una energía que no era ni Azul ni Oscura: era un vacío absoluto, una materia gris que parecía devorar el color de la realidad a su paso.
—¿Qué... qué es eso? —preguntó Giselle, reuniéndose con Nico y Selene mientras sostenía su brazo herido.
—No son de la Tierra —dijo Selene, y por primera vez en mucho tiempo, su voz tembló. Las dos auras dentro de su cuerpo comenzaron a agitarse violentamente en respuesta a la presencia de esas entidades—. Mis visiones... los ecos psíquicos que percibía no eran alucinaciones.
Las criaturas se desplegaron en el campo de batalla con una coordinación aterradora. Su líder, una entidad de más de dos metros de altura con una armadura de placas cibernéticas e intemporales, avanzó sin tocar el suelo. Sus ojos eran agujeros negros.
—Atención, entidades biológicas de la sustancia primigenia —resonó una voz que parecía provenir de todas partes y de ninguna a la vez—. Somos los enviados de los Dark Sites. Habéis consumido el catalizador que nuestro Amo, el Señor Oscuro, sembró en este plano. Venimos a cosechar los núcleos psíquicos de vuestras Auras.
Uno de los sirvientes de los Dark Sites levantó un dispositivo cúbico. Un rayo de energía abisal salió disparado hacia Jair, uno de los usuarios del Aura Oscura de Math. Jair intentó defenderse canalizando toda su energía negra, pero el dispositivo alienígena absorbió su Aura Oscura como si fuera agua filtrándose en una esponja. Jair lanzó un grito agónico mientras su cuerpo quedaba reducido a una cáscara desprovista de toda energía vital y cayó desplomado al suelo.
—¡Le arrancaron el Aura! —gritó Oswall, aterrorizado.
Math apretó los dientes. Por primera vez, el villano más temido del planeta comprendió que no era el depredador ápex en la cadena alimenticia.
—¡Retirada! —ordenó Math a lo que quedaba de sus fuerzas—. ¡Alineación con las sombras, ya!
—¡No podemos huir! —gritó Nico, volando hacia el líder de los Dark Sites. Nico concentró todo el potencial del Aura Azul, creando una hoja gigante de plasma psíquico y arrojándola contra el invasor interdimensional.
El líder de los Dark Sites simplemente alzó la mano y atrapó la hoja de energía de Nico con los dedos desnudos, dispersándola en partículas inofensivas.
—El usuario del Aura Azul más denso... —dijo la criatura con voz fría—. Tu poder será un exquisito banquete para el Señor Oscuro.
Selene dio un paso al frente. Por primera vez en la historia de la post-apocalipsis, desató el 100% de su capacidad. Un pilar gigante de energía azul y negra se elevó hacia las nubes, chocando contra la fractura dimensional. La magnitud de su poder hizo retroceder momentáneamente a las legiones de los Dark Sites.
—¡Nico, vámonos ahora! ¡No podemos luchar contra ellos sin entender qué son! —gritó Selene, reteniendo la marea invasora con sus dos manos extendidas, mientras la sangre comenzaba a brotar suavemente de su nariz debido al colosal esfuerzo psíquico de equilibrar ambas fuentes.
Nico miró a Math a la distancia. Por un breve instante, los ojos del campeón del Aura Azul y los del tirano del Aura Oscura se cruzaron. Ambos entendieron que el mundo que conocían había cambiado para siempre. La vieja guerra entre el bien y el mal dentro de las ruinas de la Tierra acababa de convertirse en una lucha desesperada por la supervivencia de la especie humana contra los verdaderos dueños del meteorito.
Nico tomó a Selene en sus brazos justo cuando la barrera dimensional comenzaba a colapsar sobre el campo de batalla, y impulsado por un estallido final de luz azul, evacuó a la resistencia hacia la penumbra de los túneles subterráneos.
La tormenta dimensional apenas comenzaba sobre la Tierra devastada, y el misterio del Señor Oscuro amenazaba con consumir el último destello de vida que quedaba sobre el planeta.