No puedo creer que esté a punto de graduarme. Terminar el secundario es una de esas metas que siempre tuve claras. Después, estudiar psicología, recibirme, trabajar de ello... todo perfecto en mi cabeza. Pero antes de todo eso, acá estoy, en el último año, cruzando los pasillos de la escuela, como si fuera una cuenta regresiva hacia la "vida adulta".
- Jemina, levántate ya, vas a llegar tarde- grita Emi, mi hermano menor, el despertador humano. Siempre el mismo ritual: el intentando salvarme del retraso eterno y yo deseando poder teletransportarme.
-Ya voooy, - Murmuro entre las sábanas- Es lo único que logro decir, arrastrándome hasta la realidad.
Maldito Emi. Maldita alarma. Maldita rutina. y aun así... algo me dice que este año no va a hacer como los demás.
Me levanto y me dirijo hacia el baño, me daré una ducha rápida y luego bajo a desayunare, iré a la escuela, después hare algo de deporte (por favor que no llueva). Terminare el día volviendo a casa … y probablemente dándome otra ducha. Si, lo se suena un poco obsesivo, pero es mi forma de tener el control. Necesito planearlo todo, tener claro que hare con mis días, semanas, meses… y hasta con mis años. Porque si no lo hago yo, ¿Quién más lo hará?
Voy camino a la escuela y, como siempre, me encuentro con una de mis mejores amigas, Martu. Ella siempre pasa por mi…
-Hola Jemina, ¿Lista para esta tortura que llaman secundaria? - me dice y no puedo evitar reírme.
-Hola Martu, ni me lo digas. ya quiero que termine todo- ella solo asiente
- Lo bueno de esto es que hoy tenemos tenis, para desestresarnos un rato- dice, y yo sonrió porque es mi deporte favorito.
Practicamos tenis juntas desde el año pasado. Nos encanta este deporte. A mí en particular, me salvo más de una vez: me ayudo a soltar tensión, a divertirme sanamente. Aunque si, lo admito. soy muy competitiva y odio perder.
-Casi- escucho de golpe, y reconozco la voz enseguida, es mi otra mejor amiga.
Somos un trio inseparables. Empezamos la secundaria juntas y estoy segura de que también la vamos a terminar así. Elegir su amistad fue, sin dudas, una de las mejores decisiones que tome.
-Hola chicas, llegue otra vez al límite- dice Cesi, de las tres ella es campeona en la tardanza.
- No te preocupes, todavía no sonó la campana- responde Martu.
- ¡Que suerte, de la que me salve! - dice Cesi con una mezcla de alivio y emoción - Chicas hoy tenemos tenis, ¡Vamos a ver si aparecen nuevos cuerpos que mirar! – Martu y yo nos miramos, y no podemos evitar soltar una carcajada. Ella no cambia mas es un ojo alegre andante.
- No deberías andar mirando tanto, tenes novio, ¿te acordas? – le digo con tono serio, solo para provocarla.
- ¡Jemina, no arruines el momento! – Dice Cesi entre risa, y las tres entramos juntas al salón, aun riéndonos.
Las horas transcurren entre clases y clases. Yo apenas si logro mantenerme despierta. Pero para mi suerte por fin suena el timbre de la ultima hora. Agarramos nuestras cosas y con las chicas nos dirigimos hacia el complejo “los Naranjos”, donde seguimos con nuestras prácticas de tenis.
-Chicas, ¿vieron esos monumentos? Están espectaculares – dice Cesi y se ríe al ver mi cara.
-Gracias amiga, pero sabes que no esta en mis planes enamorarme – le respondo entre risas- mucho menos andar perdiendo el tiempo en coqueteos baratos- le respondo con total seriedad.
- ¡Jemina, no digas eso! no podés perderte de tu amor adolescente- responde Martu, poniendo un tono de drama total.
- ustedes ya tienen su pareja, así que no me jodan a mí, sean felices, yo soy feliz compartiendo con ustedes y enfocada en lo que quiero para mi futuro, no necesito una distracción en este momento.
Corto la conversación, porque se que, si sigo dándole cuerda, no van a parar de molestarme. Jugamos barios partidos, hasta que veo a Cesi completamente destruida, con la cara roja como un tomate. No puedo evitar reírme por su expresión.
-¿Estas bien amiga? - le pregunto entre risas. Parece que va a explotar.
- No amiga. Necesito algo fresco, agua, jugo ¡lo que sea! – responde dramáticamente. No aguanto la risa, siempre tiene esas ocurrencias, que me hacen estallar.
-Jemina ¿podes ir a comprar agua, por favor?, yo tampoco doy más- dice Martu sentada en el otro extremo del banco, agitada.
- Ok, ya voy… pero solo por esta vez- respondo con falsa resignación.
Me levanto y camino hacia la barra del club, pido dos botellas de agua fría y mientras espero…. Alguien se para justo a mi lado. Siento su presencia y de la nada escucho:
-Hola
Me doy vuelta para ver de donde proviene esa voz… y me quedo completamente impactada. Trato de disimular mi sorpresa, así que desvió la mirada y le contesto con una sonrisa tímida:
-Hola. -Eso es todo lo que logro decir.
No entiendo porque me siento tan intimidada. ¿Sera por su altura? ¿O por esa mirada brillante y esa sonrisa que parece de comercial de pasta dental? Espera ¿Qué estoy diciendo?
-Soy Matías – dice como si nada, recargándose con tranquilidad sobre la barra. Yo mientras lo miro solo puedo pensar, que el agua está tardando una eternidad.